Siempre se puede más

por Susana del Calvo
Leí en INFOMED.CU el anuncio de un encuentro internacional en La Habana sobre Rehabilitación Física y vi en Facebook, a una doctora venezolana de Barrio Adentro en la atención a esos pacientes que necesitan ayuda para volver a tener una vida normal luego de un trauma o un accidente cerebro vascular que le han dejado secuelas.
Todo esto me llama a la reflexión porque cualquiera puede necesitar en algún momento de su vida a estos especialistas que con toda la paciencia del mundo ponen la ciencia a tu servicio
En estos días por una fractura en mi mano derecha, que fue una catástrofe porque soy diestra y me sentí lo más inútil de este mundo, me fui al hospital ortopédico Fructuoso Rodríguez, cercano a mi casa. También tenía curiosidad de comprobar los comentarios del público en cuanto a la mejora de la instalación. Así que dirigí mis pasos hasta el Cuerpo de Guardia, para ver como marchaba el programa de rehabilitación hospitalaria de las autoridades sanitarias en esa institución cubana.
La atención fue inmediata, por muchos pacientes que haya la espera es corta y siempre con una sonrisa en los labios, me atendió un estudiante colombiano que cursa el último año de la especialidad, siempre bajo la supervisión del profesor que no dice ni una palabra y se aleja con una sonrisa luego del diagnóstico.
No puede quejarse, su discípulo es una maravilla y de eso te das cuenta nada más que con mirarlo a pesar del dolor que no deja de acompañarte porque una fractura es siempre algo que se siente.
El horrible y pesado yeso en el calor tropical que este año ha roto record de elevadas temperaturas, se pueden imaginar que no fue nada sencillo, la distancia del hospital a mi casa, que no pasa de un kilómetro, se me multiplicaba por diez, el cabestrillo me dejaba sin cuello, por eso celebré con una cerveza cuando me quitaron la pesada carga.
Ahí no termina la fractura, tenía que recuperar la fuerza de la mano, me quitaron el yeso y directo al fisíatra, sin falta la rehabilitación; allí me encontré con otro especialista colombiano que hace poco más de tres lustros se enamoró de una cubana y se quedó entre nosotros. Como comprendió que yo no era una paciente muy disciplinada para ir al hospital, decidió darme las instrucciones y el equipo necesario para que hiciera mis ejercicios. Como practique deportes en mi juventud sabía la necesidad de no abandonar el tratamiento para una feliz recuperación y por eso voy una vez a la semana.
Quiero felicitar de esta manera, no sólo a todos los trabajadores del Fructuoso Rodríguez, sino también a todos los rehabilitadores que dicen siempre presente ante el llamado de quien los necesita, en Cuba y en cualquier parte del mundo. Ellos muestran que siempre se puede más, todo va en proponérselo, no sólo por el especialista, sino también por el paciente.

















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