La leyenda del indiecito Baconao
Siglos anteriores a la fundación de la villa de Santiago de Cuba llevada a cabo por el Adelantado Diego Velázquez, tiene lugar un acontecimiento que forma parte de una de las leyendas más hermosas de nuestra isla. En una zona al este de la provincia de Santiago de Cuba existía un asentamiento de un grupo de indígenas de la cultura Taína que contaba con tierras muy fértiles.
Cerca de dicho asentamiento, crecía un árbol que los aborígenes nombraban Baconá, el cual posee una madera compacta, apariencia amarilla, una longitud elevada y un tronco macizo. El Baconá crece a poca distancia de la costa. Los habitantes primeros de esta isla le atribuyeron poderes mágicos y de inmediato conoceremos por qué.
La tradición oral narra acerca de un pequeño indiecito de dicho asentamiento que salió a dar un paseo y durante el cual encuentra una gran masa de agua azul, nombrada después como la Laguna de Baconao. Es precisamente en estas orillas donde el niño descubre un caracol grande que emitía un agradable sonido al soplarlo. El indiecito acostumbraba a sentarse a la sombra de este árbol frondoso y junto a el sacaba de su caracol la ya conocida música maravillosa.
Los pobladores atribuyeron poderes mágicos a aquel árbol que había otorgado al indiecito el secreto de este caracol que era capaz de producir tan desconocido sonido; los amigos nombraron entonces al niño "Baconao", pero cuál no fue la sorpresa de la comunidad cuando constataron la desaparición del indiecito en una de sus habituales caminatas.
Toma cuerpo entonces la leyenda del árbol de Baconá, donde por siempre puede escucharse los sonidos armoniosos del caracol del pequeño niño de esta aldea taína.












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