Antiguo Consulado Cubano en Miami hoy un sitio fantasmal

Editado por Maria Calvo
2021-02-18 07:00:53

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antiguo consulado de Cuba en Miami

por Ciro Bianchi

Villa Paula es una magnífica mansión de los años 20 del siglo pasado, de estilo neoclásico, con un distintivo sabor cubano en su diseño y decoración interior. Cuenta con diez habitaciones, dos baños, techos de 18 pies de alto, baldosas y columnas toscanas pintadas a mano. Fue construida con ladrillos amarillos y estuco blanco llevados de Cuba. La mansión está ubicada en el corazón de Little Haití, en el 5811 de North Miami Avenue, en Miami, Florida.

Cónsul Domingo Milord

Se edificó en 1925 para ser sede del primer Consulado de Cuba en Miami, por el oficial consular superior Domingo Milord, y su esposa, Paula, cuyo nombre se le dio al inmueble. Seis años después de que la feliz pareja se instalara allí, Paula murió por complicaciones tras la amputación de una pierna.

El residente siguiente de esta casona fue Reardon Muriel, que vivió en ella durante más de 30 años. Después de tener una variedad de propietarios, la mansión se convirtió en un hogar de ancianos. En 1974 se encontraba ya en mal estado y quedó como un refugio de vagabundos. Afortunadamente se rescató Villa Paula mediante la compra de la propiedad por parte del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano. Luego de invertir miles de dólares en la restauración, la casa recuperó su grandeza original.

Al poco tiempo de su restauración se descubrió que existía más de una manifestación paranormal en ella:

Constantemente llamaban a su puerta de entrada de forma intermitente, para luego no encontrarse a nadie que provocara el llamado. Existía además una «personalidad espiritual» que odiaba a los gatos. Tres gatos domésticos murieron aplastados por una puerta de hierro.
No había viento para que la puerta se cerrara y golpeara a los gatos, por lo que se cree que una presencia invisible esperó el momento en que un gato pasara por la puerta, para cerrarla de forma violenta, como una trampa (se sabe que uno de los antiguos propietarios, Reardon Muriel, realmente odiaba a los gatos, ¿será él?).

La puerta de la habitación que perteneció a Paula tiende a cerrarse también violentamente. Según un anciano, Paula acostumbraba hacerlo cuando ella tocaba el piano.

Se suele oler un fuerte aroma de café cubano proveniente de la cocina, así como el olor fragante de las rosas en el comedor, durante la temporada cuando las rosas no están en flor. También se oyen sonidos de tacones lejanos en el camino de piedra del patio trasero.

pasillo villa Paula

Además, en el pasillo que lleva a las habitaciones se ha visto a una mujer de apariencia cubana, de pelo negro recogido en un moño, que silba alegremente mientras lo recorre. Luce un vestido largo, pero antes de que se esfume, se nota con claridad que tiene solo una pierna…

Algunas de las manifestaciones de la villa han demostrado ser agresivas: en una oportunidad, un fantasma, en su rabieta, tiró platos y cubiertos por toda el área de la cocina. Además, la lámpara del porche se soltó una vez de manera inexplicable.

Una sesión de espiritismo, realizada en 1976, reveló que no solo Paula se manifiesta en la mansión, sino también otros cuatro espíritus. Según el espiritista, Paula era demasiado tímida para identificarse, pero expresó que ella amaba moler el café colombiano, y que adoraba tocar el piano y poner rosas alrededor de la vivienda.

patio de villa Paula

También se percibió un hombre delgado, que llevaba un sombrero de copa, una señora bastante pesada, que lucía un vestido rojo, una mujer llorando porque estaba preocupada tras haber perdido una medalla en el jardín, y aparecía asimismo el espíritu de una mujer joven, muy desdichada, que estaba buscando la sepultura de su hijo ilegítimo, cuyos restos estarían enterrados en algún lugar del recinto de Villa Paula o en sus inmediaciones. Tal vez fuera criada en la villa o había vivido en un lugar cercano.

La casa quedó libre de avistamientos, ruidos y disturbios por algunos años, después de la sesión de espiritismo, lo que calmó los ánimos y posibilitó la venta de la mansión.

Sin embargo, en los años 80 la actividad fantasmal volvió con fuerza, incluyendo las apariciones de Paula. Los gatos volvieron a ser liquidados por la infame «puerta de la muerte».

En 1989, The Miami Herald nombró a Villa Paula como la casa más embrujada de Miami. A principios de los 90, la mansión dejó de ser vivienda para convertirse en el consultorio de un médico, lo que hizo que la villa quedara en poder de sus habitantes fantasmales durante las horas de la noche, lo que al parecer ha sido un cambio bienvenido por los espectros que moran en lo que fuera el Consulado cubano en Miami. (Tomado de Juventud Rebelde)



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