La historia de la mulata Dolores Rondón, inmortalizada y conocida por varias generaciones

Editado por Maria Calvo
2021-06-09 06:29:50

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Tumba de Dolores Rondón en el cementerio de Camagüey

En el cementerio de Camagüey hay una tumba, visitada a diario por cientos de agramontinos y foráneos con una inscripción que tiene el nombre de Dolores Rondón y que por el epitafio escrito nos provoca a investigar la historia que rodea a tal dama, que sin duda alguna es una de las más representativas leyendas del lugar.

María Dolores Aguilera, mulata camagüeyana hija ilegítima de un comerciante español, del que jamás tuvo su apellido.

Criada en un barrio humilde de la villa, creció con el ansia de subir en la escala social que según la versión popular era una bella y orgullosa mujer, que rechazó el amor de un barbero, para casarse con un oficial español.

Cuentan que cerca de la casa de Dolores había una barbería que tenía por dueño a un joven mulato, nombrado Francisco Juan de Moya, quien estaba locamente enamorado de la joven, la que a cambio le prodigó todo tipo de desplantes, desprecios y repulsas.

Por la profesión de su esposo y no mucho tiempo después de las nupcias, Dolores abandona la villa con otro destino por lo que pasaron años y no se volvió a tener noticias de la mulata.

Hospital San Juan de Dios

Mientras, el barbero cumplía con sus obligaciones, dividía su tiempo entre la barbería, la literatura y los deberes que su oficio le imponía en los hospitales de la ciudad, pues los barberos debían servir además como sacamuelas o sangradores.

En 1863 una epidemia de viruela azotaba al pueblo y Moya tenía mucho que hacer en los dos hospitales civiles de la villa: el de san Juan de Dios para los hombres y el de Nuestra Señora del Carmen para las mujeres.

Allí, mientras atendía a una enferma descubrió a Dolores Rondón, moribunda, desfigurada, pobre y abandonada y al conocer del grave estado de la amada, se hizo cargo de ella hasta el momento de su muerte.

Según la historia luego de varios años, viuda y empobrecida, regresó a la ciudad de Camagüey, para llevar una vida anónima que terminaba así, en medio de una epidemia y socorrida por aquel que en otro tiempo había despreciado.

Dolores Rondón fue enterrada en una fosa común en el Cementerio General, y allí donde reposaban los restos de la que fuera su amada, el barbero quiso poner un aleccionador epitafio que perdura hasta nuestros días.

Epitafio a Dolores Rondón

"Aquí Dolores Rondón/ finalizó su carrera/ ven mortal y considera/ las grandezas cuales son/ el orgullo y presunción/ la opulencia y el poder./ Todo llega a fenecer,/ pues sólo se inmortaliza/ el mal que se economiza/ y el bien que se pueda hacer."

Rápidamente el texto era conocido por todos y aunque la fosa desapareció ya muchos pobladores tenían la transcripción o se lo sabían de memoria.

Tumba de Dolores Rondón

En 1935, por iniciativas del alcalde de facto Pedro García Agrenot, se construyó un pequeño monumento en el que está grabado el famoso epitafio, que ha contribuido a perpetuar la versión legendaria.

Por las ironías del destino, después de morir en la indigencia y ser enterrada con anonimato en una fosa común, la lápida que recuerda la existencia de Dolores Rondón iba a ubicarse en la zona más aristocrática del cementerio, entre las familias que ella hubiera querido frecuentar en vida. De esta forma llegó a la grandeza y recuerda cada día a quien visita su tumba que lo esencial se lleva en el alma

Desde entonces, todo el que llega al lugar donde se dice que reposan los restos de la Dolores, quedará envuelto por el misterio de la leyenda y la fragancia del pequeño ramo de flores que acompañan a la cruz y al epitafio. (Recopilación de Internet)



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