Escuchar a científicos cubanos para crecer en arroz

Imagen ilustrativa.

Por: Roberto Morejón

Cuba se apoya en el talento y consagración de sus científicos para, al igual que lo hace en el enfrentamiento a la pandemia por la COVID-19 , hallar respuestas a desafíos en la rama alimentaria, como en el arroz.

 Escuchar a los entendidos llevará a empresarios y labriegos a trasladar llamativamente la siembra de arroz de la primavera al período de noviembre a febrero.

 El cambio se acompaña de anuncios de obtener entonces hasta cinco toneladas de rendimiento por hectárea, 1,5 más en relación con lo alcanzado hasta ahora.

 Se trata de una de las formulaciones con vista a optimizar los recursos en tiempos de grandes limitaciones, acentuadas por el bloqueo estadounidense.

 A causa del boicot, los campesinos y obreros cubanos sufren baja disponibilidad de combustibles para la maquinaria y aviación agrícola así como del fertilizante urea.

 Si bien la mayor de las Antillas cuenta con la generosa asistencia de técnicos vietnamitas y de Japón en equipos, resultó imposible continuar el alza de la producción del grano, como ocurrió en 2018.

 Hoy la rama arrocera cubana está lejos de cubrir las necesidades en la mesa hogareña, ascendente a 700 mil toneladas anuales.

 Lo anterior obliga a cuantiosas importaciones para cubrir la canasta básica y el consumo social.

 Esa tendencia deberá revertirse al menos parcialmente como en otras producciones de la agricultura, a fin de obtener la ansiada soberanía alimentaria.

 En ese camino hacen su valiosa contribución los científicos, quienes disponen hoy de casi 70 variedades de semillas inscritas, incluyendo 12 listas para entregar.

  Los investigadores también experimentaron con un arsenal de bioproductos para sustituir costosos plaguicidas químicos.

 Con los planes económicos hasta 2030 ya trazados, Cuba estima trabajar hacia el aporte desde fuentes propias de cerca de 600 mil toneladas de arroz, para atender 86 por ciento de la demanda.

 Tal vez las propuestas de los hombres y mujeres de la ciencia resulten llamativas para labradores que heredaron destrezas de generaciones anteriores, pues el arroz se cultiva aquí desde mediados del siglo XIX.

 Pero los criterios de los que acopiaron más conocimientos son atendibles en un país que, además, debió ajustar el plan de la economía a causa de los efectos de la pandemia, sin abandonar las prioridades otorgadas a producciones de frijol, maíz y arroz..

Editado por Maite González Martínez



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