Pueblos nativos en Estados Unidos reclaman cierre de oleoductos

Editado por Maite González Martínez
2021-04-05 07:40:49

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Terray Sylvester / Reuters

Por María Josefina Arce

Aunque a pocas horas de asumir la presidencia en enero de este año Joe Biden dió marcha atrás al oleoducto Keystone XL, todavía quedan en pie proyectos de este tipo que atraviesan varios estados norteamericanos y ponen en peligro el entorno en esas zonas y el bienestar de los pueblos nativos que las habitan.

En el centro de la polémica estuvo durante años el Keystone XL, que con una extensión de mil 947 kilómetros partía de la provincia canadiense de Alberta y cruzaría los estados de Montana, Dakota del Sur y Nebraska. 

En 2015 la entonces administración de Barack Obama prohibió su construcción por su negativo impacto medioambiental. Pero la llegada dos años después a la Casa Blanca de Donald Trump, conocido por su negación del cambio climático, dió luz verde al oleoducto.

Su cancelación es un paso en la lucha de las comunidades indígenas y grupos ambientalistas, pues Keystone XL significaba la extracción de petróleo en las arenas bituminosas de Alberta, consideradas altamente contaminantes.

Pero las naciones indígenas estadounidenses le recordaron a Biden que aún hay planes de esta naturaleza que significan una amenaza para el entorno. Ese es el caso de los oleoductos Dakota Access y Línea 3.

La semana pasada Washington fue escenario de una marcha en contra de esas infraestructuras y en reclamo de la protección del gobierno a los pueblos nativos y no a las transnacionales.

Dakota Access fue detenido en diciembre de 2016 ante las intensas protestas. La obra contaminaría las fuentes de agua potable y dañaría lugares considerados sagrados por las comunidades originarias.

De hecho la construcción cruza el río Missouri solo 800 metros por encima de la toma de agua de una reserva sioux. Un derrame de petróleo amenazaría el vital líquido no solo para esa tribu, sino también para 18 millones de personas.

Sin embargo, Dakota Access fue completado bajo el gobierno del hoy ex presidente Trump, con grandes intereses empresariales en la infraestructura.

En el centro de la polémica está igualmente la construcción de la Línea 3, que supone un riesgo para más de 200 lagos y ríos y arrozales silvestres del estado de Minnesota.

El Keystone XL puede estar muerto, pero aún quedan otros que amenazan el medio ambiente y la vida de las comunidades indígenas estadounidenses, víctimas de genocidio y expulsadas de muchos de sus territorios. 

Si el actual presidente Biden quiere tomar distancia de la errónea política ambiental de su antecesor debería detenerse a pensar en esa problemática y dar otro paso en la dirección correcta con el cierre de esos oleoductos.



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