Golpe de autoridad

El presidente Miguel Díaz-Canel (D) se congratula con la victoria que obtuvo en las urnas el oficialista
Gran Polo Patriótico. Foto: Archivo/AFP

Por Guillermo Alvarado (RHC)

Las elecciones regionales celebradas el reciente domingo en Venezuela representaron una importante victoria para el gobierno de la Revolución Bolivariana, encabezado por el presidente Nicolás Maduro, y mostraron la fragilidad y desunión de los grupos opositores.

En todo el país los candidatos chavistas a gobernadores se alzaron con la victoria en 20 de los 23 estados, lo que mejora los resultados que se obtuvieron en los comicios de 2017, cuando se conquistaron 18 administraciones locales.

En medio de la fuerte arremetida política y económica del gobierno de Estados Unidos, apoyado por algunos servidores suyos en la región, este triunfo demostró la capacidad de movilización que tiene el gobierno de Maduro y el respaldo que recibe del pueblo.

De acuerdo con el presidente, esto fue posible por el trabajo sistemático, la perseverancia y la rectitud de los militantes del Partido Socialista Unido de Venezuela, a lo que habría que agregar la sabiduría de su dirección para sortear todas las dificultades.

Además de los resultados, hay que señalar que los comicios se realizaron con transparencia y fluidez.

Incluso la jefa de la misión de observadores de la Unión Europea, Isabel Santos, reconoció sobre el terreno que las mínimas dificultades presentadas al inicio de la votación fueron resueltas de inmediato y que la gente podía sufragar con facilidad y tranquilidad.

La presencia de este grupo, ausente durante los últimos 15 años de las elecciones venezolanas, fue exigida por los partidos opositores.

Para los adversarios de la Revolución Bolivariana el resultado fue magro, con triunfos en apenas 3 estados, Cojedes, Nueva Esparta y Zulia.

De acuerdo con algunos analistas esto fue producto de la conducta obstinada mostrada durante tiempos recientes, empeñados en sabotear los procesos electorales, con reiterados llamados a la abstención.

Ahora que por fin decidieron participar en la carrera por las urnas, lo hicieron en orden disperso y con fuertes contradicciones entre ellos por la nominación de los candidatos.

En la práctica, el discurso opositor no ha logrado hacer mella en el ánimo de la población venezolana y así quedó demostrado.

Es un buen ejemplo para aquellos, en nuestro continente o en Europa, que se anticipan a descalificar las elecciones en algunos países y hasta dicen que no reconocen sus resultados, como si fuesen ellos, y no el pueblo, los que tienen la facultad de decidir. La colonia, olvidan, hace dos siglos se terminó.      

Editado por Martha Ríos



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