Francisco, retrato de 2021

Editado por Lorena Viñas Rodríguez
2021-12-26 20:08:19

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Por: Ángel Marqués

Para los papas, todos los años son difíciles. Para Francisco son feroces. A  este jefe de la iglesia romana, el primero latinoamericano en la historia y para los rabiosos sin medida, el primero comunista,  ninguna tragedia le es indiferente. Todavía más, ningún problema. Y en  este segundo año de pandemia, cuando los muertos superan los cinco millones y una  nueva variante, la ómicron, hace las veces de plaga bíblica, la avalancha de conflictos, dentro y fuera de los muros vaticanos, es abrumadora.

Tómese por constancia  su mensaje navideño: Francisco lamenta que “las tragedias se pasen por alto” y ante miles de fieles en la plaza de San Pedro, afirma que la pandemia refuerza la “tendencia a cerrarse” de los ciudadanos y reza para que las poblaciones más pobres puedan recibir “la asistencia necesaria, especialmente las vacunas” contra el COVID-19.

No se cansa de reclamar  cooperación internacional para detener la crisis sanitaria y lo que es más importante, lo entiende como un acto de justicia, no como una cuestión de conveniencia o cortesía o tal vez, sin decir la palabra, de caridad. Incluso, ha llegado a pedir el fin de las patentes de las vacunas, a lo que son reacias las grandes farmacéuticas.

Ese sentido de la justicia modela su visión de las realidades. Y en la mayor de las veces, lo torna empático. Antes de su bendición “Urbi et Orbi” (a la ciudad de Roma y el mundo), este lluvioso 25 de diciembre, Francisco pasó revista por los escenarios más dolorosos de la actualidad.

Las guerras en Siria, Yemen, Etiopía y Ucrania, la perpetua ocupación israelí de Palestina, las hambrunas y el terrorismo cotidiano  en el Sahel, la crisis afgana y la represión en Myanmar, la desesperación social en Líbano y la recuperación post bélica de Iraq que no cuaja.

Y de ese repaso de conflictos de pólvora y trincheras, pasó a otros con menos titulares de prensa. La violencia de género, la discriminación racial, la explotación infantil, la vulnerabilidad de los ancianos, la intolerancia religiosa y los millones de desplazados y refugiados por beligerancias, pobreza y desastres naturales.

Ya en su viaje a Chipre, a principios de diciembre, Francisco calificó la migración hacia Europa como la guerra de nuestros días, mediante la cual muchos terminan en "verdaderos campos de concentración", donde "las mujeres son vendidas" y "los hombres torturados" y "esclavizados”.

Ante ese infierno en la tierra, los  gobiernos deben buscar "esquemas redistributivos para que la riqueza de una parte sea compartida", manifestó el sumo pontífice en octubre con motivo del cuarto Encuentro Mundial de Movimientos Populares y pidió establecer un salario mínimo universal, así como también una reducción de la jornada laboral, para que todos puedan tener acceso "los más elementales bienes de la vida".

Intramuros.

El frente interno no es menos beligerante para Francisco.  En abril reforzó su cruzada contra la corrupción dentro del Vaticano al aprobar nuevas leyes para los funcionarios y eclesiásticos que trabajan para la curia romana, empezando por prohibir aceptar regalos que tengan un valor superior a cuarenta euros.

Francisco se ha comprometido a reformar las finanzas vaticanas, escenario de numerosos escándalos por controvertidas inversiones y garantizar la transparencia de sus operaciones y funcionarios.

En julio, el  cardenal Angelo Becciu, una vez uno de los hombres más poderosos de la curia, fue sentado en el banquillo de los acusados por cargos de corrupción y malversación de fondos, entre otros, lo que convierte al purpurado en la figura de más rango enjuiciada en la historia del Vaticano.

Enfrentar la depredación sexual en la iglesia como institución universal ha sido otra de las guerras que ha encarado Francisco. Solo este año, de España llegaron a su despacho poco más de 250 nuevas denuncias, mientras que de Francia el número de casos de pederastia fue alucinante: unos  330 mil durante medio siglo.

"Es el momento de la vergüenza", confesó el papa por los casos de abuso sexual al interior de la Iglesia, pero atemperó las denuncias mediante el recurso de la hermenéutica, que es al arte de interpretar textos. “Hay riesgo de confundir el modo de afrontar un problema setenta años antes. Una situación histórica debe interpretarse con la hermenéutica de la época, no con la nuestra”, argumentó para irritación o rechazo de muchas de las víctimas.

En octubre, el primer juicio celebrado por abusos cometidos dentro de la Santa Sede y con un tribunal propio, terminó con la absolución de los dos implicados ―un exseminarista convertido hoy en sacerdote y el rector de la institución donde tuvieron lugar los hechos en 2007 ―.

Este año, el papa reformó el Libro VI del Código de Derecho Canónico sobre las sanciones penales en la iglesia católica y estableció que los abusos a menores son delitos contra la dignidad de las personas.

Su brega por el ascenso progresivo de las mujeres dentro de la iglesia y el Vaticano tuvo en 2021 nuevos jalones. Recién nombró a  la monja Raffaella Petrini como número dos de la Ciudad del Vaticano, la mujer de mayor rango en el Estado más pequeño del mundo. Fue la última de las decisiones de Francisco en favor del empoderamiento femenino, presente ya en importantes cargos de la arquitectura del Estado y las comunidades religiosas.

Obviamente sin bendecir el matrimonio igualitario,  ni la unión de facto para las personas homosexuales, el santo padre defendió el derecho de la comunidad gay al reconocimiento de las uniones civiles  para que sean protegidos  por la ley.

Asuntos como ese, el incremento de la participación femenina en la toma de decisiones de la Iglesia y una mayor aceptación de los grupos aún marginados por el catolicismo tradicional, serán algunos de los temas que presumiblemente emergerán en un proceso de consulta pública sin precedentes convocado por Francisco en octubre para los más de mil millones de fieles.  Para ello cuenta con los impulsos de las comunidades locales en una primera fase, asambleas regionales en la siguiente etapa y, finalmente, el Sínodo de los Obispos previsto para 2023 en el Vaticano.

"Es la mayor experiencia de sinodalidad que se haya hecho jamás en la iglesia", comentó Filipe Domingues, doctor de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.

Cuba. Un lugar en el corazón de Francisco.

Y en este 2021, la isla del Caribe, ya visitada por el papa en dos ocasiones, también apareció en el universo de sus preocupaciones a raíz de los fuertes disturbios del domingo once de julio, que el gobierno cubano calificó de intento de golpe azuzado desde Estados Unidos.

"Estoy cerca del querido pueblo cubano en estos momentos difíciles, en particular a las familias, que mayormente sufren. Rezo al Señor para que ayude a construir en paz diálogo y solidaridad una sociedad cada vez más justa y fraterna", dijo el pontífice tras rezar el Ángelus dominical desde la ventana del Palacio Apostólico, en su primera aparición pública tras pasar once días en el hospital donde fue operado de una dolencia intestinal.

En octubre, un grupo de cubanos exiliados intentó protagonizar una protesta en la plaza San Pedro. La acción fue impedida por las autoridades vaticanas, que ofrecieron entrar a la plaza como individuos, no como manifestantes, lo que fue rechazado por los promotores del acto que procuraban notoriedad mediática.

En diciembre, un pequeño grupo de cubanos, residentes en Italia y encabezados por el activista Carlos Lazo, líder de la plataforma  estadounidense Puentes de Amor,  asistió a la bendición Urbi et Orbi, en San Pedro,  concluyendo una caminata de kilómetros para llamar la atención sobre las violaciones de los derechos humanos en la isla cometidas por el bloqueo de Washington por casi sesenta años.



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