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Aguas turbias

por Roberto Morejón
Tanquero de Venezuela interceptado por EEUU.
El gobierno de Estados Unidos ordenó a su guardia costera y a la desproporcionada flota militar despachada hacia el Mar Caribe, actuar como policías para interceptar barcos tanqueros y otros navíos, convirtiendo la ilegalidad en rutina.
La persecución, abordaje, captura, secuestro y conducción hacia puertos del país del Norte ha pasado a ser cotidiana, en medio de una avalancha de argumentos en los que los inquilinos de la Casa Blanca se atribuyen la prerrogativa de determinar quién puede navegar.
El pretexto es el de obstruir la travesía de embarcaciones que supuestamente llevarían petróleo de Venezuela.
Se trata de un país bloqueado por una potencia nuclear que además lo atacó, ultimó a más de 100 militares y civiles, afectó infraestructuras y secuestró al presidente Nicolás Maduro.
La flota de Donald Trump en el Caribe persigue a buques que Washington sancionó bajo preceptos no compartidos internacionalmente.
Esa armada viola la soberanía del país sudamericano, contraviene la libertad de navegación internacional y es capaz de fomentar nuevas tensiones con los países que le otorgan banderas a esos buques.
Como si no fueran pocos los focos de tensión en el mundo, Estados Unidos creó uno adicional al interceptar un barco dedicado a transportar petróleo ruso.
Según la narrativa de la Casa Blanca, se trata de barcos que facilitan eludir restricciones económicas, calificadas por Rusia de ilegales.
Moscú denunció la violación del Derecho Internacional mientras que el secretario norteamericano de Guerra, Pete Hegseth, afirmaba que su país solo permitiría un comercio energético como él determine.
O sea, Estados Unidos se arroga la dispensa de certificar cada barco que cruce los mares del mundo y cuando algún país eluda ese arbitrario procedimiento, pues entonces la armada del Norte se lanzará al abordaje, renovando los períodos de piratería.
En el caso de Venezuela, el objetivo ha quedado claro, conseguir el control por tiempo indeterminado, como destacó Pete Hegseth, de la producción nativa de crudo.
Como señalaran autoridades iraníes, la naturaleza ilícita y delictiva del asalto a mano armada en alta mar no cambiará con las sanciones o la legislación de Estados Unidos.
Lo que queda constatado es que tales conductas violentas repercutirán en el comercio internacional y en la seguridad y la paz del planeta.

 

 

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