Inicio ExclusivaLa Enfermería, el acto noble de salvar

La Enfermería, el acto noble de salvar

por Arelys García
Desde hace 43 años, Martín Pérez González ejerce como enfermero en el Pediátrico espirituano.

Cuando muchos miran de lejos el peligro de morir; cuando, incluso, no queda otra medicina que la palabra, ahí están ellos salvando. Quizás, por esta verdad más rica que la vida misma, Martín Pérez González hizo de la Enfermería un acto de consagración elevado y noble. Consta en sus 43 años de servicio en el Hospital Provincial Pediátrico José Martí Pérez y en el historial de solidaridad protagonizado en Belice, Pakistán y Perú.

Cuando empezó a soñar los días frente a un paciente, vivía en la Cooperativa de Producción Agropecuaria La Nueva Cuba, de Cabaiguán; con el paso del tiempo, atrás quedaron los vegueríos de tabaco, la hilera de palmas reales y la imagen de su padre guiando la yunta de buey en el surco.

“El día que le dije a mi papá mi decisión por la carrera de Enfermería, me dijo: ‘Bueno, hijo, si te arrepientes, aquí te voy a estar esperando en el campo’”, recuerda Martín.

Sucedió que el muchacho regresó una y otra vez junto a sus padres; pero siempre vestido de blanco.

Enfermero Martín Pérez, cumplió su primera misión de cooperación en Belice desde 2001 hasta 2003.

Enfermero Martín Pérez, cumplió su primera misión de cooperación en Belice desde 2001 hasta 2003.

CERCA DE LA MUERTE

El hoy especialista de primer grado en Enfermería Materno Infantil y con varios diplomados en Terapia Intensiva y Anestesia y Reanimación, constituye un referente de dos importantes servicios del Pediátrico espirituano, la Unidad de Cuidados Intensivos progresivos y la Quirúrgica. A la primera de estas llegó en 1982 y sentó cátedra allí durante 12 años.

En una Sala de Terapia Intensiva, la muerte se siente más cercana que en cualquier otro servicio del hospital. ¿Cuánto implica ganar la carrera por la vida de un paciente?

Es difícil porque a las terapias van todos los niños con enfermedades graves que pueden conducir a la muerte; por tanto, se necesita de mucha preparación y consagración para salvarlos. Es verdaderamente reconfortante que llegue a la sala un niño grave o crítico y uno lo vea que poco a poco vaya evolucionando hasta salir de ese estado y se vaya con una sonrisa en los labios.

Hubo una época que ingresaban muchos casos con meningitis meningocócica; la batalla por salvarlos fue muy fuerte. En la actualidad, son hombres y mujeres, tienen familia, y me ven en la calle y me saludan, me dan un abrazo, eso es reconfortante.

¿Usted vio nacer la Unidad Quirúrgica del Pediátrico?

Fui el primer administrativo que tuvo ese servicio, cuando abrió en 1993. Luego ocupé otras responsabilidades políticas dentro del hospital, pero siempre me he mantenido vinculado a ese equipo como enfermero anestesista.

Esta es una de las especialidades más temerosas en la práctica de la Enfermería, digamos que exige un actuar milimétrico.

Requiere de mucha preparación, porque la vida del paciente depende de toda la asistencia que se le da, y el conocimiento y las habilidades son claves para el éxito. Cuando se trata de niños, hay que ser más cuidadosos todavía; no puede haber equivocación: peso, talla… Es necesario apegarse a lo establecido en el protocolo. Todos los organismos no responden igual; unos metabolizan los anestésicos más rápido, otros más lentos.

¿Cómo es ese encontrarse, a veces, durante la operación con situaciones o hallazgos no esperados?

Es impactante encontrarse con una tumoración, por ejemplo, eso siempre choca, más cuando se trata de niños. Ahora, no estoy trabajando directamente en el salón, pero me dedico a la sedación de los niños que necesitan algunos tipos de pruebas especiales como son los electroencefalogramas, los potenciales evocados, algunas resonancias, tomografías. Son casos también complejos para los que se necesita trabajar con una sensibilidad especial.

Este enfermero espirituano integró el Contingente Internacional Henry Reeve que asistió a los damnificados por el terremoto en Pakistán en 2005.

Este enfermero espirituano integró el Contingente Internacional Henry Reeve que asistió a los damnificados por el terremoto en Pakistán en 2005.

EN OTRAS TIERRAS, LA MISMA SENSIBILIDAD

A la vuelta de tantos años dándose a los niños, el enfermero anestesista Martín Pérez rememora vivencias nacidas en otras tierras, en los salones de operación del Hospital Regional del Sur en Dangriga, Belice.

“Fue la primera misión internacional que cumplí, desde 2001 hasta 2003, y trabajamos fundamentalmente con casos de Pediatría y Ginecobstetricia. Recién llegado a ese país, pasó un ciclón por aquella zona, y nos llegó un niño que había sido impactado por un objeto; tenía el tórax abierto. Fue mi primera gran experiencia en Belice; nunca la olvido porque logramos salvarlo”.

En 2005, cuando un terremoto de magnitud de 7.6 grados en la escala de Richter devastó Pakistán, el enfermero espirituano Martín Pérez integró la brigada sanitaria del Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias Henry Reeve, que atendió a más de 1.8 millones de pacientes y salvó 2 086 vidas. Tiempo después de ocurrido el desastre, el diario británico The Independent, así lo relataba: “la brigada médica cubana fue la primera en llegar y la última en dejar el país”.

¿Cuán difícil resultó salvar tantas vidas en aquel escenario prácticamente de guerra?

Estuve en una de las zonas más afectadas de la provincia de Abbottabad. Fue impactante ver las imágenes de las casas destruidas, a los niños huérfanos al lado del camino llorando, el mal olor en algunos sitios por los cadáveres en estado de putrefacción. Pasamos por una escuela, donde todos los estudiantes que estaban dentro fallecieron. ¡Muy difícil!

Después de armar el hospital de campaña, empezamos a atender a personas heridas, otras que hubo que amputarles brazos, piernas e hicimos otras intervenciones quirúrgicas que no fueron propias de las secuelas del terremoto.

Estábamos en una zona desértica, donde por el día podía registrarse una temperatura de casi 50 grados y en las noches bajaba a cero. Allí estuvimos cerca de siete meses y valió la pena porque fue mucha la gratitud que recibimos de ese pueblo, y cuando nos fuimos hicieron una hilera por toda la carretera diciéndonos adiós y siempre hubo lágrimas de emoción en aquella despedida.

Hasta las alturas de los Andes peruanos llegó también su alma sanadora.

En 2011, presté colaboración médica en el Cuzco. Estábamos a más de 4 000 metros de altura sobre el nivel del mar, prácticamente en la cordillera de los Andes, una zona fría; las casas estaban en las laderas de las montañas y hasta allí teníamos que subir para hacer pesquisas en busca de pacientes que tuvieran algún daño ocular, fundamentalmente catarata y pterigium.

En esas búsquedas, encontramos dos niños de entre 12 y 15 años que padecían catarata congénita y fueron operados, les devolvimos la visión. Recuerdo la alegría de ellos y de los padres. Fue emocionante verles los rostros cuando abrieron los ojos; igual sucedía con algunos ancianos que llevaban años sin ver. Hasta nuestro centro oftalmológico llegaban pacientes de Bolivia y, también, se les atendían gratuitamente porque eran, en su mayoría, personas de bajos recursos.

Un hombre que ha enfrentado tantas veces la muerte se vio, de pronto, frente a las más retadoras de las enfermedades, la covid.

¿Qué no tuve que hacer al frente del centro de aislamiento abierto en la Escuela Primaria Federico Engels? Salí del salón de operaciones para enfrentar, digamos, desafíos grandes. Eran muchos pacientes, se nos agotaban las capacidades de camas. Allí llegamos a ingresar niños de hasta 45 días nacidos; todo bajo la tensión permanente que significó enfrentar esa pandemia. Resultó muy complejo.

El enfermero Martín Pérez junto al equipo de Enfermería del Hospital Pediátrico José Martí Pérez, de Sancti Spíritus.

El enfermero Martín Pérez junto al equipo de Enfermería del Hospital Pediátrico José Martí Pérez, de Sancti Spíritus.

LA COVID, UNA MISIÓN EN FRONTERA

Terrenal, al fin, ¿tuvo miedo en algún momento?

“Siempre se tiene miedo, más en las condiciones de la covid cuando usted amanecía bien y, al otro día, podía estar enfermo y hasta fallecer”.

Martín Pérez González, profesor asistente de la Universidad de Ciencias Médicas espirituana, nombrado experto en Enfermería pediátrica en la provincia, obra desde hace más de cuatro décadas desde el amor y la sapiencia. Pudieran confirmarlo los niños que posan sus ojos en los de él y dialogan y sonríen y se van en el sueño de una sedación pasajera de la que se vuelve con más vida.

(Arelys García, corresponsal de Radio Habana Cuba en Sancti Spíritus)

Comentarios

* Los comentarios son moderados. Radio Habana Cuba no se hace responsable de las opiniones vertidas aquí.


Ir al contenido