La colosal labor de rescate de damnificados y el doloroso proceso de recuperar restos de personas sepultadas por los escombros, se asocian en Venezuela a la profunda conmoción causada por los dos terremotos consecutivos del 24 de junio.
El hallazgo de un niño de 12 años que sobrevivió más de 80 horas bajo una armazón de concreto desplomada y de un guardia de seguridad luego de ocho días sumergido, ponen de relieve la frenética cruzada contra el tiempo, para salvar vidas.
Pero los días transcurridos luego de las sacudidas telúricas, que provocaron más de 2500 muertos y de 12 mil 400 heridos, reducen las posibilidades de más encuentros de supervivientes, sin que por ello decaiga el esfuerzo.
Venezuela sufrió una catástrofe natural que perjudicó Caracas y otros seis estados del norte, aunque la región más afectada fue La Guaira, zona costera que vivió un deslave en 1999, con miles de víctimas.
Junto al alto número de fallecidos y heridos destaca la debacle constructiva, pues 885 edificios fueron dañados, de ellos 189 en colapso, por lo que se agrava la situación de vivienda tras los terremotos más mortíferos en un siglo.
El país sudamericano padece las consecuencias materiales de más de una década de sanciones de Estados Unidos, cuyo gobierno afirma ahora su disposición de «ayudar» tras la devastación.
Lo expresa la administración de Donald Trump que ordenó el tres de enero un ataque militar a Caracas y secuestró al presidente constitucional, Nicolás Maduro, y a su esposa.
A seis meses de la irrupción, el Secretario norteamericano de Estado, Marco Rubio, afirma que su gobierno controla el curso económico de Venezuela, aunque ni siquiera deja entrever la posible reducción de las sanciones.
Si esto ocurriera, los venezolanos pudieran enfilar recursos hacia una costosa y prolongada recuperación tras los sismos consecutivos.
La disminución de las coerciones, el aumento de la ayuda internacional y el cese del oportunismo político de la ambiciosa opositora María Corina Machado, harían menos engorrosa la redención del país.
