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“Se llega con la historia”: Eyedelkis Medina, un premio y las raíces que cruzan fronteras

por Arletty Romero Lafargue
Eyedelkis Medina, un premio y las raíces que cruzan fronteras

Hay noticias que se leen como un resultado y otras que invitan a mirar el camino que existe detrás. Para Eyedelkis Medina García, profesora titular, emprendedora y guantanamera, el primer lugar obtenido en el concurso internacional “Escribe sobre emprendimiento: Emprender desde el Reto en Cuba” es, sobre todo, el reconocimiento a una trayectoria construida entre aulas, proyectos, aprendizajes, desafíos y muchas horas de trabajo.

Su propuesta fue seleccionada entre 325 participantes en un certamen realizado en Suiza y dirigido a escritoras afrodescendientes latinoamericanas. El reconocimiento contempla un premio en efectivo y la publicación, impresión y comercialización de la obra ganadora, además de una invitación al evento “Emprender desde el Corazón”, previsto para febrero de 2028 en Países Bajos.

Pero cuando Eyedelkis habla del premio, no comienza por el escenario internacional. Habla de las personas que la acompañaron, de las horas de estudio, de las noches de trabajo y de las decisiones pequeñas que, acumuladas, terminan construyendo una trayectoria.

Eyedelkis Medina, un premio y las raíces que cruzan fronteras

Quizás ahí esté una de las claves de su historia.

Durante años fue profesora universitaria en Guantánamo. Su nombre aparece en investigaciones y publicaciones académicas vinculadas a la Universidad de Guantánamo, una experiencia que, según cuenta, terminó siendo también una escuela para su posterior camino como emprendedora.

“Ser profesora universitaria me enseñó a organizar ideas, a explicar, a escuchar y a acompañar procesos”, dice.

Hoy dirige EyeEmprende, pero conserva aquella mirada de quien entiende que ningún proyecto crece completamente solo. Escuchar al equipo, preguntar, aceptar una idea diferente y aprender de los errores forman parte de su manera de trabajar.

Aprender para no quedarse detenido

Hay una idea que atraviesa su testimonio: el título profesional no puede convertirse en un punto final.

En un mundo donde cambian rápidamente las tecnologías, las redes sociales y las formas de trabajar, Eyedelkis continúa estudiando. Algunas noches, cuando el resto descansa, ella sigue leyendo, investigando o preparándose.

No lo entiende como una carencia, sino como una forma de permanecer en movimiento.

“Siempre podemos crecer un poquito más”, afirma.

Es una reflexión que adquiere particular sentido cuando se mira su trayectoria. La licenciada y profesora universitaria tuvo que trasladar sus conocimientos a otros escenarios, aprender nuevas herramientas y asumir el desafío de emprender. Después llegó la emigración y, con ella, otra forma de comenzar.

Alemania es hoy su espacio físico, pero Cuba permanece en sus vínculos cotidianos: la familia, los trabajadores, los clientes, los emprendedores y los proyectos que continúa acompañando a distancia.

Su historia, entonces, transcurre entre dos mundos.

Eyedelkis Medina, un premio y las raíces que cruzan fronteras

El miedo también forma parte del camino

Eyedelkis no presenta el emprendimiento como una sucesión de éxitos. Habla también de incertidumbre, cansancio, decisiones difíciles y miedo.

“Yo sí tengo miedo”, reconoce.

La diferencia, explica, está en no permitir que ese miedo decida por uno. Prefiere analizar los riesgos, conversar con su equipo y preparar alternativas. Planes A, B, D, J, K, Z… los que sean necesarios.

Esa concepción aleja su experiencia de la imagen del empresario que siempre tiene respuestas.

Ella reivindica al emprendedor humano: el que pregunta, se equivoca, corrige, escucha y vuelve a intentarlo.

Quizás por eso su idea de éxito tampoco termina en el crecimiento personal.

Eyedelkis Medina, un premio y las raíces que cruzan fronteras

Crecer sin hacerlo sola

Con el tiempo comprendió que los conocimientos adquiridos podían convertirse en herramientas para otros. De ahí su participación en la Red de Emprendedores Sin Fronteras Gtmo., espacio desde el cual procura compartir experiencias y acompañar a quienes comienzan.

“Si yo he aprendido algo que puede ayudar a otra mujer, a otro emprendedor o a alguien que está comenzando, ¿por qué guardármelo?”, se pregunta.

En esa frase aparece otra dimensión de su historia: la de una profesional que entiende el conocimiento como algo que también puede circular, multiplicarse y abrir caminos.

Su identidad acompaña ese recorrido. Mujer, cubana, afrodescendiente, profesional, emprendedora, madre, esposa e inmigrante son dimensiones que no siente obligada a separar.

Sus raíces, dice, no se quedaron en Cuba cuando emigró. Viajaron con ella.

También viajó su necesidad de contar.

En “Emigrando: la vida entre dos mundos”, su libro publicado, convirtió parte de esa experiencia en literatura. Allí aborda la emigración desde un territorio menos visible: el de las despedidas, los afectos, las pérdidas y el desafío de reconstruirse lejos de lo conocido.

Porque empezar de cero, sostiene, no significa comenzar sin nada.

Se llega con la historia, los conocimientos, los valores, los recuerdos y las raíces.

Eyedelkis Medina, un premio y las raíces que cruzan fronteras

Seguir

Ahora, mientras un premio obtenido en Suiza proyecta su trabajo hacia otros espacios y su vida continúa entre Alemania y Cuba, Eyedelkis piensa en nuevos proyectos, nuevos aprendizajes y nuevos libros.

Su conclusión cabe, en una palabra: seguir.

Pero no seguir a ciegas. Seguir preparándose, escuchando, evaluando riesgos, aceptando ayuda, cambiando de rumbo cuando sea necesario y reconociendo los pequeños avances.

“No subestimes nunca el poder de un pequeño paso cuando se da con constancia”, afirma.

Quizás esa sea la parte más internacional de su historia: no el lugar donde recibió el premio, sino una experiencia que puede ser reconocible mucho más allá de Cuba.

La de una mujer que tuvo que aprender a reconstruirse sin renunciar a sus raíces; la de una profesional que entiende que estudiar no termina con un título; la de una emprendedora que descubrió que crecer también significa ayudar a otros a crecer.

Y la de alguien que, después de cruzar fronteras, continúa eligiendo cada mañana la misma palabra: seguir

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