Pudo ser una guardia médica tranquila, sin ajetreo, pero bastante improbable en un hospital donde se atienden como promedio 30 parturientas al día. De repente llegó Linda, una mujer de 32 años, 33 semanas de embarazo y tres cesáreas anteriores.
El equipo médico de la Dra. Rosa María, de guardia ese día, en el Hospital Central de la ciudad de Chitungwisa en Zimbabwe de inmediato se movilizó ante una paciente débil, sangrando y con síntomas de gravedad. Al examinarla se diagnosticó una placenta previa sangrante y su vida estaba en inminente peligro.
Se le preparó de inmediato para llevarla al salón de operaciones, y nació una niña prematura, con sólo un kilogramo de peso, pero viva. La bebé se trasladó a la incubadora y de ahí al servicio de cuidados intensivos neonatales, en una tenaz batalla por su supervivencia.
La madre hizo una hemorragia intensa, se trató con los recursos disponibles aunque escasos por tratarse de un país subdesarrollado con carencias de todo tipo. Se hizo inminente el consentimiento de su esposo para extraer el útero, un tema muy delicado porque se le considera socialmente una mutilación y la perdida de la capacidad reproductiva.
Todo el proceso se continuó sin dilación alguna y se le realizó la histerectomía con el objetivo de controlar la hemorragia, que ya cruzaba los límites de lo permisible. Durante el proceder la paciente hizo un evento cardio respiratorio lo que puso en tensión a todo el equipo médico en el salón de operaciones y una vez más en peligro de muerte a la paciente. De inmediato se le realizaron las maniobras de reanimación, en tanto se concluía la cirugía.
Para la Dra. Rosa María Fernández Parra, especialista de I y II Grado en Ginecologíaía y Obstetricia, con más de 40 años de graduada y tres misiones médicas anteriores en otros países, Linda constituyó uno de los mayores desafíos, la hemorragia fue tan intensa que en la batalla por salvar su vida se le administraron 13 tranfusiones de sangre aún a riesgo de las posibles complicaciones pero con la decisión de preservar la vida. Del salón de operaciones se trasladó al Servicio de Cuidados Intensivos.
Su recuperación requirió de la atención de un equipo multidisciplinario, con vigilancia especializada para afrontar otras posibles complicaciones, por eso la Dra. Rosa, como sencillamente la conocen todos, no dejó de seguirla, evaluar su evolución médica día a día. Cada paso era una victoria ganada y a la vez pensar qué reto tendría para vencer al día siguiente.
Gracias a la fortaleza de la mujer africana, Linda comenzó a transitar de la terapia intensiva a la intermedia, luego a la sala y por último a su alta del hospital.

Su hijita, también fue una guerrera, después de 16 días en la terapia neonatal fue a los brazos de su madre. Linda tomó fotos de su egreso del hospital, se le ve con la sonrisa por volver a nacer después de su último parto.

Hoy llama por teléfono a su doctora “cubana” casi a diario, está al cuidado de sus tres hijos varones y su única hija hembra.
Para fin de año dejó este mensaje grabado en audio: «A mi increíble equipo médico. Les agradezco de corazón, por la atención y habilidad que me brindaron durante mi cesárea de urgencia por placenta previa y sangrado a las 33 semanas. Fue una pesadilla, pero su experiencia y profesionalismo, con serenidad, me salvaron a mí y a mi hermosa bebé. Tres días en la UCI (cuidados intensivos), el postoperatorio y la estancia de 16 jornadas me acompañaron en todo momento. Les estaré eternamente agradecida. Que Dios los bendiga».
