Tres jóvenes gaboneses se reciben en este 2025 como médicos en Cuba y ya acumulan experiencias que superan el aprendizaje de una profesión. Se sienten preparados para asumir desafíos en cualquier circunstancia en que les toque desempeñarse.
Ellos estudiaron en la Escuela Latinoamericana de Medicina de La Habana, institución tiene una matrícula 1 877 estudiantes de 100 países, y que ha graduado 31 180 médicos de 122 naciones, con representación de todos los continentes: de África 2 534, de América 26 233, de Asia 2 165, de Europa 7 y de Oceanía 241.
Michelle Poungui reside en Libreville, la capital de Gabón. Estudió en la Facultad de Ciencias Médicas Victoria de Girón, de La Habana, y vino en el programa de autofinanciamiento. Sus padres pagaron los primeros años de estudio, pero con posterioridad pudo acceder a una beca gratuita financiada por el Gobierno gabonés.
«Mi adaptación a la vida en Cuba fue de a poco. Viví el azote de la pandemia por COVID-19 y estuve varios meses en confinamiento social en la residencia estudiantil, lo que me permitió convivir con estudiantes de varios países. Eso me ayudó a ser más independiente en la toma de decisiones y comprender mejor otras culturas», relata el joven.
Califica de buena la atención recibida por parte de los profesores y del personal universitario. «Algunos fueron muy atentos y dedicados, otros más distantes», precisa y reconoce que estudiar en Cuba no le parece difícil en lo académico, pero sí requiere organización y motivación personal. «Lo más importante es saber adaptarse al sistema y a las condiciones del entorno».
Hoy siente atracción por la Oftalmología y la Ginecología, aunque el conocimiento recibido acerca del funcionamiento del sistema de salud cubano en el nivel comunitario le parece muy interesante para poder aplicarse en otras latitudes, enfatizando en los programas médicos contra enfermedades infecciosas o crónicas no transmisibles, y en los protocolos escritos para combatirlas.
Por eso desea, al regresar a Gabón, trabajar en un área que le permita unir la práctica médica con un impacto real a nivel comunitario, porque Cuba le enseñó a adaptarse a las adversidades, tener paciencia y solucionar dificultades con pocos recursos materiales a mano. «Estudiar y vivir en un entorno diferente al mío me ayudó a conocerme mejor, salir de mi zona de confort y crecer como persona», sentencia Michelle Poungui.
Su colega, Okogho Mehdi Cyriaque, residente en la localidad de Akanda. En Libreville conoció de la beca en Cuba al leer una convocatoria en internet y se animó a cruzar el océano por el prestigio alcanzado por los médicos cubanos en las diferentes partes del mundo, donde prestan asistencia médica de calidad en zonas alejadas y de difícil acceso, principalmente en África.
Asegura que la formación la imparten esos mismos doctores que han acumulado experiencias en sus prácticas profesionales. En la carrera se combina la teoría con la atención directa a los pacientes realizando desde procederes de enfermería hasta toma de decisiones colectivas para el seguimiento de una patología.
«Lo peor ha sido enfrentarse a las medidas económicas implementadas de un año a otro con los cambios de monedas y las transferencias virtuales. Además, vivimos con muchas carencias en el tema de transporte, alimentación y déficit en todos los aspectos, pero todo se supera cuando uno se centra en el propósito de graduarse. Se va venciendo de a poco las dificultades, apruebas las materias y finalizas la carrera», precisó el joven gabonés.
Sus planes futuros no los tiene aún delineados, pero mantiene su mente abierta para asumir nuevos retos y ayudar al desarrollo de su país con los conocimientos adquiridos en Cuba, principalmente en el nivel primario de salud para desarrollar una atención médica comunitaria de calidad.
El tercer estudiante, Jeff Owen Nguema, también nacido en Libreville, hizo sus estudios en la facultad Julio Trigo López, de La Habana. Siempre tuvo claro que deseaba ser médico y sus padres lo ayudaron a encontrar la beca en Cuba, que ofrecía la oportunidad de aprender español.
«Vivir con compañeros de otros países en la misma habitación no me molestó, solo que todos nos esforzamos para conocer de otras culturas. Aprendimos a intercambiar y a ser solidarios entre nosotros mismos porque en esa convivencia se pasó de la amistad a ser familia. A pesar de tener raíces, idioma, tradiciones diferentes, no somos tan distintos uno del otro», comentó.
De igual manera, tiene muy bien criterio de sus profesores porque «siempre han estado cuando los hemos necesitados, incluso en horarios fuera de la docencia. Nos visitan en la residencia y nos entienden, se ofrecen para poder ayudarnos hasta en las dificultades no docentes», manifestó Owen Nguema.
Para él la Fisiopatología, vista desde el sistema circulatorio, resulta muy interesante, combinada con la Psicología y la Psiquiatría. Piensa que al graduarse ganará más en experiencias, aspira a especializarse para regresar a su país y ayudar al desarrollo del sistema sanitario. «Optaría para una especialidad quirúrgica como la Ortopedia, Cirugía Plástica, Cardiovascular u Oftalmológica», indicó.
Concluye sus palabras: «Cuba me ha enseñado que el ser humano está en constante adaptación al medio que lo rodea, que el mundo es grande y vale la pena descubrirlo, que siempre hay quienes pasan más trabajo para obtener resultados, q que el ser humano debe ser el centro de la atención del universo».



