En medio de obstáculos para aplicar el importante proceso de bancarización, Cuba emprende transformaciones, entre cuyos objetivos figura aumentar el efectivo en circulación, hoy por debajo de las necesidades.
Los bancos cubanos no escapan a los efectos del recrudecimiento del bloqueo estadounidense y del cerco energético, al punto de colocar a la economía y sobre todo los servicios en una situación espinosa.
En esas circunstancias adversas, el Banco Central flexibiliza varias disposiciones anteriores.
Entre ellas sobresalen la eliminación del tope único y el permiso para que el monto del fondo destinado a pagos en efectivo se negocie entre el actor económico y su banco, con énfasis en el aliento a las liquidaciones en línea.
El Banco elimina el límite rígido de cinco mil pesos cubanos para transacciones en efectivo.
Otra de las iniciativas novedosas es la creación de un nexo de los bancos con actores económicos no estatales, para encargarles del pago de jubilaciones.
Lo anterior es visto como un punto de avance dados los actuales contratiempos de adultos mayores para cobrar sus jubilaciones, en virtud de la aglomeración de público en las sucursales.
Todo lo anterior, así como otras decisiones, se inserta en un escenario de aguda crisis de liquidez, alta inflación y debilitamiento del Sistema Electroenergético Nacional, con frecuentes y prolongados apagones.
Asimismo, gravitan sobre el tablero económico el déficit fiscal, la escasez de divisas y contratiempos para el uso de las nuevas tecnologías.
Funcionarios del ramo indicaron que la flexibilidad en marcha está condicionada al uso de pagos digitales, mecanismo al que hacen rechazo algunos actores económicos no estatales.
Por esa causa se aprecia un impacto negativo en la población, sobre todo a la hora de disponer de fondos para el abono de jubilaciones y salarios.
Las insuficiencias apuntadas se inscriben en el tenso panorama económico, pues el archipiélago caribeño está impedido de acceder a créditos foráneos y sus vínculos con bancos en el exterior se exponen a frenos abruptos, por presiones de Estados Unidos.
La nación caribeña urge de más facilidades para disponer de los servicios financieros, sobre todo para las personas vulnerables, en especial las de la tercera edad.
Queda esperar porque la implementación de las nuevas decisiones, contribuyan a impulsar las transacciones digitales y a ordenar el uso del efectivo en la economía doméstica.
