Pinar del Río, un día cualquiera de junio de 2026 transcurre con mucho calor, tranquilidad y apagones eléctricos. En el Hospital Pediátrico Pepe Portilla, no hay sosiego para el descanso, escasean los antibióticos y los insumos debido a las medidas coercitivas del gobierno de Estados Unidos.
En las primeras horas de la mañana del sábado 13, se hizo la visita médica a todas las salas. Luego la Jefa de Pediatría, la Directora de Asistencia Médica y de Aseguramiento, hicieron un recorrido por los servicios de hospitalización, incluido la terapia intensiva y el de cuidados progresivos.
Se conocía el caso de un niño de dos años y un diagnóstico de una infección urinaria con una heritrosedimentación de tres cifras cuando lo normal es sólo 20. En su terapeútica lleva antibióticos, antimicrobianos y cefalosporina de tercera generación. El Rosefín vendría muy bien pero no estaba dentro del hospital.
En un trabajo de mesa previo se hizo coordinaciones con otras instituciones y áreas de salud para conseguir el fármaco, pero son tantas las carencias que estaba agotado totalmente en el país. Los médicos preocupados soñaban que el compuesto llegara por alguna vía y maldecían las políticas injustas del bloqueo de Estados Unidos que hace sufrir y padecer penurias a los cubanos.
El bebé necesitaba con urgencia el antibiótico, de demorarse su tratamiento sus signos vitales comenzarían a empeorar. Cada minuto y segundo cuenta en un proceso de enfermedad. La muerte acecha.
Días antes, se habló con personas solidarias del pueblo estadounidense y prometieron hacer llegar un donativo. Nadie inmaginó cómo y cuándo lo harían llegar. Por el momento las carencias y los obstáculos pululan, pero la búsqueda de alternativas y gestiones continúan.
Ese fin de semana, dos niñas adolescentes ingresadas en la terapia intensiva necesitaban hidratación endovenosa con destrosas y compuestos de magnesio, calcio y potasio, tampoco el hospital los podía ofrecer.
A las siete de la noche, llegó una persona con varias maletas, pidió ver a algún directivo y luego de identificarse, se le hizo pasar a un local donde lo recibió varios miembros del consejo de dirección de la institución, personal de la guardia médica y otros profesionales.
La persona dijo que portaba un donativo proveniente de Estados Unidos, coordinado por la Asociación Cultural José Martí, y los proyectos ZUNZUN y HATUEY. Todos integrados por estadounidenses de buena voluntad y cubanos residentes, quienes con mucho esfuerzo aportaron lo que tienen y no lo que les sobra.
La alegría inundó el local, al abrirse las maletas y encontrar el Rosefín para el bebé de dos años, la destrosa para las adolescentes, más antibióticos orales e inyectables, analgésicos, vitaminas, geringas, agujas, e insumos médicos necesitados.
Todos los profesionales presentes sintieron un gran alivio, dijeron gracias y solo pensaron en sus pacientes. La muerte sería espantada de aquellos predios, donde se lucha cada minuto por ver crecer a los niños sanos y felices.
