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A sangre fría

por Guillermo Alvarado
Reene Nicole Good, asesinada por un agente de ICE.

La poeta, madre de un niño y ciudadana estadounidense Renee Nicole Good, de 37 años, murió asesinada a balazos por un agente de Inmigración y Control de Aduanas, ICE,  durante un operativo contra indocumentados en la ciudad de Minneapolis.

El hecho brutal fue perpetrado a sangre fría y despertó la indignación de los ciudadanos, ya molestos por la presencia de ese cuerpo represivo que suele tener un trato cruel con quienes caen en sus manos porque saben que tienen patente de corso emitida por el presidente Donald Trump.

De hecho, el mandatario y otros altos funcionarios de su administración emitieron declaraciones para exculpar a los miembros del ICE, sin tener todavía en sus manos ninguna prueba de lo sucedido, lo cual los hizo quedar como mentirosos ante la población.

Trump, apenas se enteró del hecho dijo que la mujer que gritaba, una vecina alarmada por la bestialidad del ataque contra Nicole Good, “era, obviamente, una agitadora profesional”.

Respecto a la víctima señaló con desparpajo “la mujer que conducía el auto era muy desordenada, obstruyendo y resistiéndose, quien luego atropelló violenta, voluntaria y brutalmente al oficial del ICE, quien parece haberle disparado en defensa propia”.

Una vez más, el magnate demostró que vive en otra dimensión, porque no hay nada más lejos de la verdad, como demuestran las evidencias.

Un video que circula miles de veces permite apreciar cómo ella detiene su vehículo porque otro arrancó y le pasó enfrente y luego los agentes se le acercaron cuando ella intentaba retroceder. Las ruedas del carro están giradas a la derecha y el oficial que le disparó a la cabeza estaba a la izquierda, lo que hacía física y materialmente imposible que lo atropellara.

Se trató simple y llanamente de una ejecución extrajudicial, como las más de 100 que Trump ordenó en el Caribe contra supuestos narcotraficantes a quienes nunca se les detuvo, interrogó, juzgó y condenó en un tribunal, sino simplemente los despedazaron con bombas.

Minneapolis, ciudad del estado de Minnesota, es conocida porque allí se realizaron en 2020 las masivas protestas por el asesinato, perpetrado por un policía, del ciudadano negro George Floyd a quien asfixiaron poniéndole una rodilla sobre el cuello.

El gobernador de Minnesota, Tim Walz, pidió a los estadounidenses que se unieran en todo el país para condenar el asesinato de la joven mujer, que dejó huérfano a un menor de seis años.

Más radical aún, el alcalde de Mineapolis, Jacob Frey, rechazó la descripción del crimen hecha por la administración Trump y ordenó a los agentes del ICE que se largaran de la ciudad.

Si en algún momento el presidente tiene sentido de la realidad, posiblemente caerá en la cuenta de que esta vez los excesos de su fuerza pretoriana lo metieron en un serio compromiso, porque en esta ocasión el ataque no fue contra un inmigrante indocumentado, sino contra una ciudadana estadounidense.

En estricto rigor ambas vidas valen exactamente lo mismo, pero en el país de las desigualdades la percepción de los dos crímenes pasa por los filtros del racismo y la xenofobia, así que el costo esta vez puede ser más alto para el gobierno federal, que es quien dirige el ICE.

Trump se cree todopoderoso, pero en el fondo no lo es y debiera tener en cuenta un dato muy preciso, y es que en noviembre de este año hay elecciones parciales en el Congreso y DE algunos gobernadores y, de seguir su curso desenfrenado, le podría muy bien cambiar la correlación de fuerzas y ponerlo contra la corriente.

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