Fidel Castro, figura imprescindible

Por: Guillermo Alvarado

Imposible imaginar una fecha tan importante para América Latina y El Caribe, como fue el 26 de julio de 1953, sin tener presente al Comandante Fidel Castro, el hombre que concibió y dirigió el asalto a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, capaz de convertir un revés en victoria y culminar, poco más de cinco años después, la fase decisiva de la Revolución.

Prestigiosos intelectuales y políticos de la región aprovecharon el recién realizado Foro de Sao Paulo, que reunió a buena parte de la izquierda en La Habana, para dedicar una jornada a estudiar el pensamiento del líder histórico cubano.

Sin el 26 de julio, no habría existido un 1 de enero de 1959, y sin la Revolución Cubana una buena parte de nuestro continente habría permanecido en la oscuridad quién sabe durante cuánto tiempo, sobre todo después que en 1954 Estados Unidos y un grupo de sicarios y traidores asesinaron a la joven primavera de la libertad en Guatemala y apagaron la chispa de la soberanía en Centroamérica.

Dilma Rousseff, expresidenta de Brasil aseguró que “Fui parte de esa generación que a partir del año 1959 miró la transformación que se había producido en esta pequeña isla que iluminó a todo un continente y demostró que era posible instaurar el socialismo”. Agregó la también miembro del Partido de los Trabajadores que es necesario fortalecer la unidad enfatizando los puntos en común y no lo que nos separa, para enfrentar la ofensiva conservadora en la región.

Con su habitual verbo elocuente, el historiador de la ciudad de La Habana, Eusebio Leal, recordó a los presentes en el Foro que “Si nos podemos reunir hoy y meditar en estas cosas es porque la Revolución que encabezó Fidel vive todavía”.

El primer ministro de Santa Lucía, un estado insular del Caribe, Kenny Anthony, definió a Fidel Castro como el líder político más grande de la actual generación de latinoamericanos y caribeños.

Asimismo, el ex canciller argentino, Jorge Taiana, explicó que el legado fundamental de Fidel se basa en la defensa de la independencia nacional; su búsqueda a favor de la justicia social, la igualdad de oportunidades, la abolición de la explotación del hombre por el hombre; y el ejemplo de solidaridad internacional.

En momentos en que los pueblos de la región se debaten entre los reveses sufridos en Brasil, Honduras, Argentina o Ecuador, la agudización de los embates contra Venezuela y Nicaragua, y la esperanza nacida tras los comicios en México, se agranda aún más la figura de Fidel y su principio de no ceder jamás un milímetro por difíciles que sean las circunstancias o lo poderoso que parezca el adversario.

Nada más claro que su concepto de Revolución, que nos dijo “es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo”.

Editado por María Candela



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