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Una grieta en el muro

Foto/CNN

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Por: Guillermo Alvarado

La principal encargada de llevar a la práctica la política migratoria de Estados Unidos, Kristjen Nielsen, tomó el mismo camino que varios cercanos colaboradores del imprevisible presidente Donald Trump y presentó su renuncia con efecto inmediato, lo que significa una grieta en la posición del gobernante contra quienes tratan de ingresar a ese territorio.

Nielsen, cuyo cargo oficial era secretaria del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, estaba considerada como una de las más radicales entre el ejecutivo, pero eso no fue suficiente para satisfacer a su jefe que se está dejando arrastrar por una histeria antiinmigrante de peligrosas consecuencias.

Se unió así a una lista que ya va siendo larga desde que hace dos años comenzó la administración Trump y que cuenta en ella a los ex secretarios de Estado, Rex Tillerson; de Justicia, Jeff Sessions; de la Casa Blanca; John Kelly; y al de Defensa, James Mattis.

Se va haciendo una constante en este gobierno que el presidente presione al máximo para obtener lo que desea y luego, ante un fracaso o desencanto, opte por deshacerse del funcionario que a su juicio no empujó lo suficiente hacia el objetivo, lo que también provoca que el número de reemplazos sea cada vez mayor y que la administración esté llena de cargos temporales.

Es lógico que sea así, toda vez que en la Casa Blanca hay un presidente que no es capaz de distinguir dónde está la línea que separa sus impulsos y deseos de la realidad o, incluso, de la legalidad.

Así ocurrió hace pocos días cuando afirmó que cerraría la frontera con México debido a que el vecino país no hace, según él, lo suficiente para combatir la migración, y luego tuvo que dar marcha atrás cuando empresarios, asesores y legisladores le advirtieron que eso tendría un costo económico ruinoso para los Estados Unidos.

Otro problema que tiene encima es que debe obedecer un veredicto judicial para reunificar a los menores de edad que separó de sus familias cuando aplicó la llamada política cero en la frontera, de la que por cierto la dimitente Nielsen fue una ferviente defensora.

Las autoridades tuvieron que admitir que les tomará hasta dos años cumplir esta orden, por la sencilla razón de que no tienen la menor idea de dónde están los dos mil niños arrancados de los brazos de sus padres y luego clasificados como menores no acompañados para enviarlos a albergues contratados por el gobierno.

A pesar de todo, Trump insiste en hacer de la migración su bandera para la campaña por su reelección, porque sabe que es un tema que despierta aprobación y entusiasmo en un sector de la sociedad estadounidense, que es permeable a ideas racistas, xenófobas y un nacionalismo con rancio aroma fascista.

Editado por Maite González Martínez
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