Dolorosa despedida

Cortejo fúnebre / AFA.

Por: Guillermo Alvarado

Este 2020 se empecina en pasar a la historia como uno de los años que más ha maltratado a la humanidad y ahora, además de fenómenos naturales intensos y pandemia de covid-19, se lleva a alguien que marcó a millones de personas de varias generaciones, el astro argentino Diego Armando Maradona.

De su impronta como futbolista genial, que dejó pasmados a aficionados e indiferentes en este deporte, han comentado en estos días especialistas muy duchos en la materia.

Me viene ahora a la memoria un análisis escuchado hace muchos años donde se decía que las habilidades de Maradona con la pelota, sólo se podrían explicar si tuviese un pie izquierdo prensil, que como la mano le permitiera tomar el balón y ponerlo donde él quería.

Hoy quisiera poner el énfasis en el Diego ser humano, no para separarlo del deportista porque uno y otro son lo mismo, igual que el artista no puede explicarse sin su arte.

Comenzaré recordando la definición que de él hizo el escritor Eduardo Galeano, quien lo calificó como “el más humano de los dioses”, o sea una deidad muy parecida a nosotros, con virtudes y defectos, con aciertos y errores, al que lo terrenal nunca le fue ajeno.

Nacido en humilde hogar, conquistó la fama, eso que Galeano llamó  “exitoína”, una droga destructiva, que le hizo pagar el precio, pero no olvidar sus orígenes y con la misma pasión que ponía en la cancha, defendía las causas nobles de este mundo.

Gran amigo del líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro, siempre se identificó con este pueblo que lo acogió como un hijo suyo y gritó o lloró con sus éxitos o sus reveses.

Defensor irreductible de los derechos de los palestinos, de la soberanía de Venezuela Bolivariana, donde se declaró soldado del presidente Nicolás Maduro, del proceso de cambios logrados por Evo Morales en Bolivia, Maradona se hizo ciudadano del mundo pobre.

Por eso líderes en todo el planeta lamentaron su partida hacia el infinito que a todas luces se antoja prematura. Entre ellos están el presidente de Cuba, Miguel Díaz Canel y su homólogo de México, Andrés Manuel López Obrador, quien reconoció que Diego jamás renunció a sus ideales.

También gobernantes y antiguos mandatarios de Italia, España, Brasil y, por supuesto, Argentina lamentaron su desaparición física.

En el campo de fútbol, como en el más grande que representa al mundo, donde a veces el equipo contrario es dueño del terreno, los árbitros, el balón y trata de imponer las reglas, Maradona no se arredró y con sus fortalezas y debilidades, dejó un ejemplo para todos.       FIN  

Editado por Maite González Martínez



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