Dos clandestinas, unidas bajo el fuego de las balas

Haydée (I) y Melba (D) participaban en reuniones, entrevistas, elaboraban planos, guardaban armas, confeccionaban uniformes... Foto: Archivo

Por Lauren Céspedes Hernández

Nada más sólido e inquebrantable para unir a dos mujeres que el interés y la voluntad por una causa, una lucha, una nación; camino este en el que con certeza, las diferencias se diluyen para dar paso al ideal y al proyecto común.

Melba Hernández conoció a Haydée y a Abel Santamaría Cuadrado una noche de abril de 1952, después del golpe de Estado de Fulgencio Batista (10 de marzo de 1952). Desde entonces, los tres estarían unidos por la fe revolucionaria a Fidel Castro.

Comenzó así una etapa de conspiración y complicidad entre estas jóvenes cubanas.

Participaban en reuniones, entrevistas, elaboración de planos, guardaban armas, confeccionaban uniformes unas veces en el apartamento de Haydée y Abel, y otras en la casa de Melba y sus padres.

Muchas veces, triunfada la Revolución que las juntó (1º de enero de 1959), Melba habló de su entrañable Yeyé. "…Se convirtió en mi amiga, mi hermana, mi hijita, nos hicimos íntimas, no hubo secretos entre las dos".

En los chances que daba la actividad revolucionaria y sin infringir las normas del Movimiento 26 de Julio, las amigas compartieron en fiestas, cines y espectáculos musicales.

Contó Melba que su compañera era la cabeza pensante de aquellas cosas, quien la introdujo en ese tipo de inquietudes y con quien vivió los días más felices de su vida.

Cuando Abel partió para Santiago de Cuba, alrededor de un mes o mes y medio antes que el resto de los compañeros –relató en uno de sus testimonios– se acabó la paz… cambió la vida de nosotras. "Ya estaba muy próximo lo que iba a pasar; no lo sabíamos, pero lo intuíamos".

El 24 de julio de 1953 ya estaban las dos luchadoras clandestinas junto al grupo de revolucionarios en la provincia oriental donde se producirían las acciones contra el cuartel Moncada.

En la Granjita Siboney, Fidel accedió a la participación de ambas al lado del doctor Mario Muñoz en la toma del Hospital Saturnino Lora, combatiendo en la retaguardia, justo a la entrada de la instalación.

Tras el conocido revés del Moncada, ellas caen prisioneras. La cárcel fue un episodio horrendo en sus vidas. De la propia boca de los soldados de Batista les llegaban las peores noticias de lo que hacían a Abel, a Boris Luis Santa Coloma, el novio de Haydée, y al resto de los compañeros.

Hubo una especie de pacto, de juramento mucho antes de estos sucesos que fue, según lo refirió la propia Melba, lo que las hizo seguir adelante y no desfallecer ante tanto salvajismo: moriríamos todos a cambio de la vida de Fidel para garantizar la continuidad de la lucha.

Del cuartel Moncada las llevaron hacia la cárcel de Boniato, junto a Fidel. Conscientes de los peligros que corría el líder del Movimiento, no dejaron de estar pendientes de él.

"Entonces éramos dos fieras, nos concentramos en él", recordó Melba muchos años después.

Luego vino el juicio. Mientras muchos politiqueros y conocidos, ajenos a la acción, pidieron absolución, ellas se dedicaron a denunciar los crímenes y los intentos de asesinar a Fidel en la cárcel.

Con el desgarro propio de quienes pierden a seres queridísimos, pero con la misma determinación del primer día de la vida en la clandestinidad, pasaron siete meses de prisión en el Reclusorio para Mujeres, en Guanajay.

Al salir, tras cumplir la pena, una nueva misión se les confiaba: divulgar el alegato de Fidel 'La Historia me Absolverá', y promover una acción popular para la excarcelación de sus compañeros.

Tiempo después, Haydée expresó refiriéndose a aquel recomenzar: "Y fue vivir otra vez, fue luchar otra vez, fue la acción otra vez, fue otra vez la vida".

Sobrevendrían muchos años en que estarían juntas en la reorganización del Movimiento, en los vínculos con los exiliados, en la recaudación de fondos, en la lucha en la Sierra y después de la liberación social a partir de 1959.

Dos mujeres en las que Fidel puso su fe, unidas hasta el fin de sus días y cuyos nombres no se pueden dejar de mencionar en julio, mes en que este 2017 se cumple el aniversario 64 de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, y justo el 28 en que se conmemoran los 37 años de la desaparición física de Haydée Santamaría Cuadrado, y 96 del natalicio de Melba Hernández Rodríguez del Rey.

(Tomado del periódico Granma)

Editado por Martha Ríos



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