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Crimen contra el avión cubano, sus orígenes perduran(+Fotos y Video)

Los gobiernos estadounidenses nunca han reconocido su responsabilidad en el atentado al avión de Cubana (Fotos: Archivo)

Los gobiernos estadounidenses nunca han reconocido su responsabilidad en el atentado al avión de Cubana (Fotos: Archivo)

Por Jorge Wejebe Cobo

El 22 de enero de 1975 se creó una comisión bipartidista del Comité Selecto de Inteligencia de EE.UU para investigar los crímenes  de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), la cual llevó el nombre del congresista demócrata Frank Church, quien encabezó sus actividades e inclusive intentó aclarar el magnicidio del presidente Jhon F.Kennedy.

Pero este esfuerzo del legislativo no impidió que los grupos contrarrevolucionarios, bajo la dirección de los servicios secretos estadounidenses, mantuvieran su impunidad para acciones terroristas durante 1975 y los años sucesivos, que incluyeron la voladura en pleno vuelo el 6 de octubre de 1976 de un avión de Cubana de Aviación  en Barbados, con 73  pasajeros a bordo.

Sucumbieron en el sabotaje, el primero de esa magnitud  que se realizaba contra una aeronave civil en el hemisferio occidental, el equipo juvenil de esgrima de Cuba, funcionarios de Corea del Norte y jóvenes guyaneses que venían a la Isla a estudiar medicina, además de la tripulación y otros especialistas de la aviación.

En el libro “Los años del Terror” (1974-76), del escritor cubano José Luis Méndez Méndez, se recoge en el prólogo realizado por la investigadora argentina Stella Calloni que en 1975, cuando supuestamente la justicia estadounidense debía imponer sus fueros a la “descarriada” CIA, ocurrieron  65  muertes, triplicando las cifras del año anterior y los daños a las propiedades según el FBI fueron de 24 millones 500 mil dólares.

El crimen de Barbados  quedó impune  por el sostén del gobierno estadounidense de entonces y el desinterés sobre el caso  de los sucesivos inquilinos de la Casa Blanca, quienes desde entonces no han dejado de auspiciar o tolerar las acciones de la mafia cubano americana contra la Isla.

Para los mercenarios sonó la alarma cuando el Comité Frank Church anunció la comparecencia a testificar de su fuente estrella, el pandillero de origen italiano Sam Giancana, colaborador de la CIA en planes para asesinar al líder cubano Fidel Castro a inicios de la década de 1960 junto con organizaciones contrarrevolucionarias,  y que además estaba implicado en una gran conspiración de la Agencia, y probablemente de “cubanos anticastristas” que conllevó al asesinato del presidente Kennedy.

El mafioso nunca llegó a la cita. Fue acribillado a balazos en su residencia en junio de 1975  y se llevó a la tumba sus secretos. El asesinato nunca se aclaró del todo y sus antiguos colegas en la mafia, la CIA y la contrarrevolución, continuaron con renovados esfuerzos sus planes asesinos.

En el verano de 1976 se reunieron en la región de Bonao, en República Dominicana, los principales cabecillas terroristas  en Estados Unidos bajo los auspicios de Orlando Bosch Ávila y por indicación de la CIA y el FBI fundaron la Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU) y proclamaron entre sus principales objetivos llevar “la guerra por los caminos del mundo” contra los representantes e intereses cubanos.

Bonao es un enclave turístico en el centro de la Republica Dominicana, que conjuga las playas de arenas blancas con una exuberante vegetación y montañas con discretas haciendas, una de las que fue escogida para la cita terrorista, en la cual probablemente participaron representantes de dictaduras militares de la región.

Los intereses del FBI y la CIA al promover el CORU  eran trasladar el terrorismo contra Cuba a todo el mundo y no circunscribirlo a territorio estadounidense e incluir en esas acciones a los aparatos represivos de las mencionadas  dictaduras militares  que coordinaban entre sí la represión de los movimientos revolucionarios  de sus respectivos países  que se concretaría en la Operación Cóndor, dirigida principalmente por los regímenes de Chile, Argentina y Paraguay.

En esas jornadas en las campiñas de Bonao, Orlando Bosch Ávila debió sentirse el terrorista más poderoso del mundo y no le faltaba razón.

Tenía el apoyo de la CIA  y contaba con las facilidades y recursos que para sus acciones les proporcionarían sus aliados latinoamericanos de entonces.

Orlando Bosh Ávila visitó Venezuela poco antes del atentado con un pasaporte falso y junto a su compinche Luis Posada Carriles, en aquel entonces jefe de una unidad de los cuerpos secretos de ese país, la DISIP, seleccionaron a los ciudadanos venezolanos Hernán Ricardo y Freddy Lugo para ser autores materiales del crimen cuando abordaron el avión de Cubana en Puerto España, Trinidad,  para  poner los explosivos en uno de los baños y bajo el asiento que ocuparon hasta que se quedaron en Barbados.

Después del atentado, los autores materiales fueron detenidos por la policía de Trinidad, adonde huyeron después de la tragedia y  en sus declaraciones vincularon  a Posada Carriles y a Orlando Bosch como autores intelectuales del crimen,  quienes fueron detenidos en Venezuela.

Las autoridades venezolanas se vieron obligadas a solicitar la adjudicación del proceso judicial, la extradición de los autores materiales y procesar a los implicados, en un largo juicio que duró años y estuvo plagado de grandes irregularidades por la influencia de la mafia cubano  americana y la  CIA, que trató de ocultar su responsabilidad en los hechos.

Posada Carriles después de dos intentos logró escaparse de una cárcel de alta seguridad venezolana el 18 de agosto de 1985, para salir del país con ayuda de la CIA  que lo ubicó en Centroamérica en operaciones de la Agencia contra el movimiento revolucionario salvadoreño y la Revolución sandinista para iniciar otra etapa de su carrera de asesino profesional que  solo concluyó con su muerte natural en Miami en el 2018.

Orlando Bosch fue declarado inocente y liberado en 1987 para continuar su carrera terrorista en EE.UU, donde fue acogido como un héroe a pesar de su largo historial delictivo reconocido inclusive por los órganos de justicia de ese país y también falleció en Miami en 2011 arropado por sus continuadores.

Los gobiernos estadounidenses nunca han reconocido su responsabilidad en el atentado al avión de Cubana, a pesar de la abrumadora cantidad de pruebas materiales que implican a sus servicios secretos en el execrable crimen.

Por el contrario, la administración del presidente Donald Trump demolió los avances alcanzados bajo la presidencia de su antecesor Barack Obama en las relaciones bilaterales, y retrotrajo las relaciones con la Isla a la vieja  y fracasada política de bloqueo y retórica agresiva que acompañó la realización de crímenes contra Cuba, como el ocurrido con el avión cubano en Barbados, lo que evidencia que esos métodos terroristas continúan dentro de las opciones de sus servicios especiales. (Tomado de la ACN)

 

Editado por Martha Ríos
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