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Una enfermera de ciencia y conciencia

por Nuria Barbosa
Ahimé Antonia Garrote Camejo.

Desde el año 1977, labora una brigada médica cubana en la nación africana de Mozambique formada por 300 colaboradores, de los cuales 213 son médicos especialistas, 68 licenciados en enfermería, otros 10 ingenieros y licenciados en Electromedicina, más 8 preparados en otras ramas del perfil de la Salud.

Una de sus miembros es Ahimé Antonia Garrote Camejo, Licenciada en Enfermería con 30 años de experiencia laboral, Especialista en Cuidados Intensivos y Máster en Atención Integral al Niño, además de ser Profesora Asistente.

Ahimé Antonia Garrote CamejoSu aval internacionalista destaca una misión en Guatemala del año 2015 al  2018, laborando en la provincia de Suchitepéquez (Mazatenango) en la atención a la población infantil y a embarazadas. Realizó labor asistencial en el área rural de Chicacao, y asumió responsabilidades de dirección al frente de la Brigada Médica de esa región.

Desde el 2022 labora en Mozambique en la docencia, principalmente impartiendo metodologías para el cuidado especializado a pacientes graves y por casi cuatro años coordina a un grupo de colaboradores en Zimpeto, «tarea que realizo con el mayor compromiso para lograr mantener la disciplina y liderar procesos organizativos de índole laboral, políticos y sociales. Hablo de un grupo integrado por una cifra importante de colaboradores de diferentes especialidades».

Ella afirma enfrentar enfermedades que demandan toda la capacidad técnica y humanista, más aún cuando impera el deber de enseñar las buenas prácticas en la atención técnica y profesional, siempre respetando modos de actuación y protocolos propios del país sin perder la esencia de la escuela cubana de medicina.

Ahimé Antonia Garrote CamejoEn su trabajo ve con frecuencia la Malaria (paludismo), enfermedades diarreicas agudas, infecciones respiratorias y una alta incidencia de VIH/Sida y tuberculosis. «La Covid 19 que no deja de ser preocupación y también acueden a nuestros servicios víctimas de accidentes del hogar que involucran fundamentalmente a la población en edades pediátricas como son las quemaduras y los politraumatismos. El mayor reto es la malnutrición infantil, que complica cualquier cuadro clínico, junto con el manejo de pacientes críticos en entornos donde los recursos suelen ser limitados», comenta la “seño”, como se le nombra en Cuba.

Añade que como especialista en cuidados intensivos se enfoca en inculcar que desde las aulas los nuevos especialistas asuman valores en la atención directa al paciente, con humanismo y buen desempeño profesional, además de contribuir en la asistencia directa a los pacientes que más lo necesiten.

«Recuerdo mis días en el área rural de Chicacao, en Guatemala. El acceso difícil, las barreras culturales que a veces parecían insuperable, pero el cariño la atención diferenciada y el profesionalismo al hacer nos permitió ganar el respeto de todos, Hoy varias niñas en ese lugar para muchos intrincado llevan mi nombre y se que en algún momento hablarán de la doctora o la licenciada pequeña como cariñosamente me decían», recuerda la muchacha que en el año 2005 fue selecionada por sus méritos laborales como Delegada del Sector Salud al 16 Festival de la Juventud y los Estuadiantes realizado en  Venezuela.

Ahimé Antonia Garrote CamejoPara ella, la riqueza más grande de su trabajo dentro y fuera de Cuba es «ver la transformación en el rostro de esos padres, que pasaron del miedo al agradecimiento profundo sin mediar palabra, en una lección de humildad. Ahí comprendo que la enfermería no es solo técnica, es traducción de amor», sentencia

Mozambique ha sido para esta enfermera una escuela, una experiencia que supera, que te hace crecer y  fortalece en corto tiempo, ha sido crear conciencia demostrando que sus mayores pasiones está en enseñar, que ciencia y conciencia van de la mano.

Concluye: «Lo más relevante de estos años fuera de Cuba ha sido el crecimiento profesional y humano, he crecido en el liderazgo. Dirigir brigadas grandes en contextos culturales tan distintos como Centroamérica y África requiere equilibrio, sensibilidad y una capacidad de resolución inmediata. Ser jefa de brigada no es solo organizar turnos; es cuidar de mis compañeros, asegurar que cada paciente reciba lo mejor de nosotros y mantener el prestigio de nuestra escuela cubana de salud. Es un orgullo ver cómo, después de 30 años de carrera, sigo aprendiendo de mis alumnos, de los  pacientes y de mis colegas. Soy una cubana que multiplica cada día su amor por Cuba».

 

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