América Latina y el Caribe, y otras regiones del mundo, deben extraer lecciones del ataque estadounidense a Venezuela para secuestrar a su presidente y controlar al país.
El secretario de Guerra, Pete Hegseth, fue explícito en medio de su euforia, al celebrar la operación comando y ataque de fuerzas especiales del país del norte en Venezuela, cuyos integrantes fueron descritos como “guerreros”.
La acción mostró que Estados Unidos “puede proyectar su fuerza en cualquier lugar, en cualquier momento”, dijo Hegseth.
El diario mexicano La Jornada destacó la frase al informar sobre la conferencia de prensa de Donald Trump y sus allegados, para celebrar la irrupción armada en Venezuela.
No pocos se han percatado en Estados Unidos de la peligrosidad y riesgos del paso dado por la administración republicana, en violación de la soberanía de un país.
The New York Times aseveró que con Venezuela, Trump abre una nueva era de riesgo para Estados Unidos.
La alerta es atinada, pues el principal inquilino de la Casa Blanca, flanqueado por Hegseth y el todopoderoso secretario de Estado, Marco Rubio, declaró que Washington había derrocado a Nicolás Maduro y que iba a “manejar” el país por un período que tildó de “indefinido”.
La admisión de que entre otros objetivos en el país sudamericano figura explotar sus vastas reservas de petróleo, pone de relieve que en busca de recursos naturales, la presente administración es capaz de todo.
“No nos asusta poner tropas sobre el terreno”, acotó Trump en la conferencia de prensa en la residencia en Mar-A-Lago, Florida.
Ya sea por control directo, tutela simulada o presión diplomática, bajo la advertencia de una intervención militar, constituye el regreso a la diplomacia de las cañoneras.
No por casualidad, el republicano despachó a una poderosa flota militar al Mar Caribe, frente a las costas de Venezuela, y no hay indicios de posible retiro.
De ahí que países como Colombia, México, entre otros, a los que Trump y sus colaboradores se han referido de forma bravucona, deben estar alertas.
Y no solo los territorios en el hemisferio Occidental. Si bien Panamá y Canadá están en la mira de Trump, ha retomado sus advertencias hacia Groenlandia, isla bajo el control de Dinamarca.
El mundo debe tener presente que la destitución forzosa de un dignatario en funciones mediante acciones militares externas sienta un precedente peligroso para todos. FIN
