Con la promesa de golpear la inseguridad ciudadana, la derechista política costarricense Laura Fernández triunfó en primera vuelta en las recientes elecciones presidenciales en el país centroamericano.
La primera mandataria electa, quien desarrolló la última etapa de su carrera política a la sombra del gobernante saliente Rodrigo Chaves, es la segunda mujer en llegar a ese sitial en el país, luego de Laura Chinchilla.
Tras avanzar en una campaña proselitista profusa en candidatos, Fernández afirma que cumplirá a partir de mayo sus promesas de profundizar en lo que califica de lucha frontal contra el narcotráfico, el crimen organizado y la delincuencia común.
Todos ellos son evidencias del vuelco sufrido por Costa Rica, otrora reino de la tranquilidad y la carencia de ejército.
Para sorpresa de muchos, Costa Rica está agobiada hoy por un pavoroso nivel de violencia, al punto de registrar en 2025 la tercera tasa de homicidios más alta de su historia, con 16,7 cada cien mil habitantes.
Peor aún, 70 por ciento de esos delitos correspondió al narcotráfico, de ahí que como candidata Laura Fernández, representante del partido Pueblo Soberano, insistiera en salirle al paso a la intranquilidad general.
La política conservadora sugirió declarar el estado de excepción en regiones álgidas de Costa Rica, aunque opositores ripostaron que serían una afrenta eventuales detenciones sin orden judicial.
Costarricenses preocupados hicieron paralelos entre su país y El Salvador, gobernado por Nayib Bukele, quien ha logrado reducir los desmanes de las bandas delincuenciales, aunque, según sus críticos, el precio ha sido alto en la vulneración de prerrogativas ciudadanas.
En Costa Rica se dio la orden de construir una mega cárcel para recluir allí a los detenidos supuestamente envueltos en el crimen organizado.
Se le encomendaría cumplir la misma función del tenebroso CECOT, Centro de Confinamiento del terrorismo, en El Salvador.
Organizaciones de derechos humanos recordaron que la respuesta a la violencia no es solo restrictiva, sino aparejada a la educación y ofertas laborales y de estudio para jóvenes y otros ciudadanos.
A la espera de los primeros pasos de la próxima Presidenta en un país cada vez más desigual y con señales de exclusión económica, lo cierto es que con su política pro-mercado Laura Fernández confirma la vuelta hacia la derecha perceptible en América Latina en los últimos tiempos.
