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Las elecciones de medio término en el tiro al blanco

por José Ramón Cabañas
Elecciones de medio término.

La cercanía de las llamadas elecciones de medio término en Estado Unidos (total de la Cámara de Representantes, un tercio del senado y una cantidad similar de gobernaturas), previstas para el 3 de noviembre del presente año, invita a investigadores, periodistas y público en general a hacer vaticinios sobre los probables resultados. Históricamente se han considerado una especie de termómetro para el partido que ejerce el poder ejecutivo, que en la mayoría de los casos en los períodos recientes ha perdido más escaños de los que ha ganado.

En este año 2026 una parte mayoritaria de la población estadounidense y de muchos países espera tal acontecimiento como oportunidad que podría significar que los republicanos encabezados por Donald Trump pierdan el control de ambas cámaras y, en consecuencia, surja algún tipo de restricción para la agenda anti sistema del presidente 47.

Ese podría ser el caso si desde la oficina oval no existiera un plan explícito para cuestionar cada uno de los resultados que le resulte contrario a sus intereses, si no tuvieran una lista de candidatos-objetivos para dañar su imagen y sus recaudaciones, si no estuvieran relacionados cada uno de los distritos electorales que deben atacar y, finalmente, si en dicho proyecto no se considerara incluso la posibilidad de que tales elecciones no tengan lugar.

Desde que el actual gobierno comenzó las acciones de violencia inducida contra inmigrantes (la mayoría vota demócrata), o contra ciudadanos estadounidenses residentes en estados que tradicionalmente no cuentan con mayoría republicana, el propósito ha sido en buena medida desprestigiar y amedrentar a rivales políticos actuales o potenciales. No fue una casualidad que uno de los primeros despliegues masivos de ICE comenzara por Los Angeles, centro financiero y poblacional de California, estado gobernado por un potencial precandidato demócrata a la presidencia en el 2028, Gavin Newsome. Más recientemente la violencia se trasladó a Minneapolis, en el estado de Minnesota, gobernado por Mike Walz, ex compañero de Kamala Harris en la boleta de los comicios del 2024.

Quizás en este último estado es donde más claramente se haya manifestado el real propósito de la violencia potencial en las calles, cuando después de los asesinatos de Renée Good y Alex Pretti, la Secretaria de  (In) Seguridad Nacional estadounidense Kristi Noem ofreció negociar la retirada de los agentes federales de ICE y otras agencias a cambio de que se le entregara el registro de votantes del estado, documento que por ley solo compete a las autoridades locales.

Debe recordarse que tal acción se produce cuando aún están pendientes ante las cortes de varios estados  reclamaciones del propio Trump, o de sus seguidores, cuestionándose los resultados electorales desfavorables tanto del 2020, como del 2024 y después de que varias asambleas legislativas estaduales con mayoría republicana han logrado con éxito, o han intentado, el cambio de los mapas de los distritos electorales,  para que por la gracia de la geografía cuenten con más votantes de su partido que del bando contrario.

El actual ejecutivo republicano privilegió a partir del 2025 la ubicación laboral en agencias que controlan el desempeño de los procesos electorales de funcionarios “negacionistas” que aún no reconocen los resultados del 2020, ha interpuesto recursos legales contra políticas electorales diseñadas a nivel de estados y ha llamado incluso a la realización de nuevos censos en los que se excluyan ciertas categorías de ciudadanos.

Pero las iniciativas relacionadas en los párrafos precedentes puede decirse que corresponden  a “tiempos de paz”. El magnate-presidente y su séquito está llevando el juego a un nivel superior, imaginando algoritmos alternativos, apuntando al pecho de sus rivales y si calcula que ni aún sí gana, pues recogerá el peto, la careta, los guantes, la pelota y no habrá juego.

Por cierto, cuando se habla de algoritmos, no se hace en sentido figurado. Cuando en el 2008 el joven y afrodescendiente Barack Obama arrasó frente al veterano de guerra blanco John McCain en las elecciones presidenciales en medio de una severa crisis económica, se consideró entonces que una buena parte de la victoria se debía a los miles de voluntarios que llevaron el mensaje del candidato tocando “puerta por puerta”, en aquellos distritos donde tenían una desventaja mínima. En aquel momento las redes sociales y las plataformas digitales eran apenas un proyecto. Aún en el 2012 el factor humano presencial y alguna tecnología siguieron favoreciendo a Obama, en términos de instrumental político.

Sin embargo, ya para el 2016 los republicanos hicieron su primer intento “innovador”. En esa fecha el 44% del electorado se “informó” sobre la contienda a través de Twitter, Facebook y otros medios similares, mientras que el 24% de los posibles votantes consumió referencias directas desde los perfiles de Donald Trump, o de Hillary Clinton. Sólo después de concluidas las elecciones se conoció cómo la firma consultora Cambridge Analítica había hecho uso ilegal de la información privada  de 87 millones de posibles votantes con perfiles en Facebook, razón por la que empresa Meta tuvo que pagar una multa multimillonaria, pero nada más.

Ciertamente este puede ser considerado un factor marginal, o secundario, para justificar la victoria de Trump entonces, frente a sus capacidades para comprometer fondos y donaciones en función de su campaña, o ante los masivos errores demócratas tanto en la elección de su candidata, como en los mensajes almidonados que aquella pronunciara.

El caso es que el destape del fraude digital del 2016 y el conocimiento posterior de acciones similares de empresas como Cambridge en los comicios de 68 otros países debilitaron esta muleta de Trump de cara a las elecciones del 2020. Aprendiendo de sus errores el magnate-político desechó a los intermediarios y estableció una alianza entre iguales con los dueños de Amazon, Meta, X, Apple y otras megacorporaciones digitales, que volvieron a regalarle sus datos, sin que esta vez la Comisión Federal Electoral, o el Congreso  se preocuparan en investigar. Nada de multas, ni llamadas de atención. Estuvieron todos presentes en las fotos de la toma de posesión el 20 de enero del 2025.

En estos momentos se registran algunos signos que indican que las balanzas se inclinarán en uno y otro sentido más por los errores actuales y desatinos de Donald Trump, que por la construcción de una oposición demócrata con buen liderazgo, programa y financiamiento. Ya se registran 29 legisladores republicanos que no aspirarán a su reelección. Acaba de tener lugar una elección especial en el senado estadual de Texas, ganada por un demócrata en un distrito donde Trump venció por 17 puntos en el 2024.

Estas y otras señales habrían provocado que el primer mandatario  pase a un nivel superior de enfrentamiento con la realidad que incluiría: reuniones periódicas para analizar la marcha de los acontecimientos en cada uno de los distritos que los republicanos consideran vulnerables de cara a la prueba de noviembre, atacar personalmente a los principales rivales demócratas, cuestionar el origen de sus finanzas; especular sobre la posibilidad de que los comicios no sean supervisados por autoridades locales, sino que esta función se asuma desde el nivel federal; organizar una llamada “convención de medio término”, espectáculo que normalmente se reserva para los ciclos presidenciales cada cuatro años; incluso valorar públicamente la posibilidad de que las elecciones no tengan lugar del  todo.

Trump recuerda perfectamente la consecuencia más inmediata que tuvo para él perder la mayoría en la cámara de presentantes en las elecciones de medio término del 2018: el inicio del proceso de impeachment (destitución por vía legislativa). Difícilmente se siente a esperar de forma pasiva los resultados si cuestionan su liderazgo.

En ese escenario, si fallan todos los recursos (políticos y no tanto) que están a su alcance, cabe esperar que recurra a su principal herramienta: la generación del caos a través de la violencia. Esta puede ser doméstica o exterior.

Los sucesos recientes tanto en Minneapolis como en Caracas el pasado 3 de enero deben recordarnos que casi con cualquier pretexto el presidente de Estados Unidos puede generar una situación que se considere “excepcional”, restringir un grupo de “derechos ciudadanos y garantías”, para saltarse el obstáculo de los comicios. Con qué oposición cuenta para que ello no suceda?

(José Ramón Cabaña, Director del Centro de Investigaciones de Política Internacional)

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