Transcurrió poco tiempo desde que el medio estadounidense Político indicara que la administración de Donald Trump analizaba la implementación de un bloqueo naval para impedir la llegada de petróleo a Cuba, hasta la concreción de medidas de ese corte.
En efecto, Estados Unidos dictó una orden para sancionar a países con relaciones comerciales legítimas con Cuba, a fin de que no envíen hidrocarburos al archipiélago caribeño.
La disposición, de alcance extraterritorial, perturba negativamente también a terceros Estados y las relaciones económicas internacionales, aunque está por ver si la comunidad mundial se dejará chantajear.
El cruel dictamen siguió al impedimento a Venezuela de remitir provisiones de hidrocarburos a la mayor de las Antillas, tras el ataque militar que condujo al secuestro del presidente Nicolás Maduro y de su esposa.
Ante tales acontecimientos, el gobierno de la nación antillana admitió que desde hace varias semanas no entran tanqueros a puertos, por lo que existe desabastecimiento.
El ultimátum al mundo para impedir la exportación del llamado oro negro a Cuba sigue al recrudecimiento del bloqueo, cuya primera vuelta de tuerca se advirtió en el mandato inicial de Trump, tendencia ahora recalcada.
La amenaza o imposición de aranceles arbitrarios y abusivos viola el Derecho Internacional, el libre comercio y la Carta de las Naciones Unidas.
Persigue de paso enfatizar en las penurias materiales de los cubanos a causa del cerco ya vigente y apunta a privarlos de recursos esenciales, para la vida económica, salud y educación.
Constituyó una ironía asociada a la brutalidad el hecho de que Estados Unidos informara de una asignación que calificó de humanitaria a la región oriental del país caribeño, azotada por el huracán Melissa.
Muchos cubanos se preguntaron cómo creer en lo que se presenta como un arranque piadoso de un gobierno que además atenta contra su supervivencia mediante el cerco energético.
Las autoridades informaron en La Habana que ante la agresión económica, busca salidas y pone en vigor directivas para enfrentar un desabastecimiento agudo de combustible.
Los anuncios no rehuyeron la transparencia, al destacar que el asedio energético coloca al país ante tiempos que serán muy difíciles.
El colapso está en la liturgia trumpista, pero no en la mentalidad de los cubanos, aseguró el gobierno, para destacar luego que países, instituciones y empresas manifestaron disposición a trabajar con la nación caribeña.
