Una vez más en lo que acontece en el siglo XXI, Medio Oriente se ratifica como la región en la cual los procesos negociadores cobran una intensidad proverbial. En esta oportunidad, Omán fue sede de un ejercicio que involucra a la República Islámica de Irán y a su adversario principal: los EEUU, bajo la presidencia más agresiva en retórica y hechos consumados contra el país persa.
La participación del asesor para Medio Oriente, Steve Witkoff, estuvo acompañada de la disposición del presidente Trump de ratificar el corolario de procura de la paz mediante la aplicación de la fuerza, para resolver contenciosos, según las definiciones e intereses de Washington.
En el caso de Irán, Trump ha subrayado la narrativa de negociar el desmantelamiento del programa nuclear iraní, como tema fundamental y, aparentemente único a dirimir, que ha sido en los últimos años el rompecabezas de Washington frente a Teherán; posibilidad esta que ha sido negada por las autoridades de la contraparte.
Por su parte, el ministro de Exteriores iraní, Seyed Abbas Araqchi, al frente de la delegación de su país, puso de manifiesto que la soberanía de Irán es incuestionable, unido al tema de los misiles que traza una línea roja, atendiendo a las exhortaciones y la narrativa que Tel Aviv ha estado empleando frente a la Casa Blanca, respecto al desenlace de las conversaciones indirectas celebradas en la capital omaní, el 7 de enero de 2026.
A lo sentenciado por el jefe de la diplomacia iraní, el presidente Masoud Pezeshkian, tuvo a bien reforzar el mensaje del titular de exteriores, en un contexto en que el gobierno sionista no ha ocultado su insatisfacción por la pretendida opción negociada contemplada por Trump, en medio de los preparativos militares implementados por el Pentágono enfilados hacia el país persa.
Al mismo tiempo, en el caso de Irán, habría que observar el mensaje firme que han sostenido sus autoridades de defender la soberanía, reforzado ahora con el cambio de doctrina militar, dado a conocer por el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, general de división Abdolrahim Mousavi, que apunta hacia una respuesta contundente, con operaciones relámpagos y de gran alcance que, además de tener en la mira las instalaciones militares estadounidenses en la región, Israel sería una de los objetivos primordiales.
Precisamente, The Washington Post se hizo eco de que Irán había advertido a varios países del Golfo, incluyendo a Qatar, que alguna acción militar de respuesta contra bases militares estadounidenses no serían simbólicas.
Al mismo tiempo, el rotativo pone sobre el tapete la apreciación del académico estadounidense John Mearsheimer, que destaca la contradicción que enfrenta Trump sobre Irán, que si bien no desea una guerra prolongada, atendiendo a costos, descontrol e impactos estratégicos adversos, la Casa Blanca ha mantenido el reforzamiento militar naval en la región, quedando abierta la ecuación dispar.
En correspondencia con la disposición de diplomacia y defensa militar iraní, el primer ministro Netanyahu estará en Washington, para reforzar su narrativa antiiraní que se proyecta no sólo contra el programa nuclear, sino también contra los misiles que Teherán dispone, que encabezan los novedosos misiles hipersónicos.
Entretanto, medios israelíes destacaron los reclamos israelíes en un presumible acuerdo entre los EEUU e Irán, que alimentan la agenda histórica de Netanyahu, basada en la seguridad para el estado sionista, a saber:
- Cancelación completa del programa nuclear iraní; 2. Cero enriquecimiento de uranio; 3. Remoción de todo el uranio enriquecido de Irán; 4. Restricción del rango de los misiles iraníes a 300 kilómetros; 5. Desmantelamiento del denominado eje chiita (Eje de resistencia) y; 6. Monitoreo y supervisión estrictos y de alta calidad de Irán.
Como se puede apreciar, lo demandado por Tel Aviv es inaceptable para Irán e imposible de alcanzar por la presidencia Trump en la mesa de conversación indirecta con Teherán, con mediación de Omán, en un contexto de complejidad y tensión en la arena internacional, con los EEUU con un comportamiento de verdadero “estado villano” (rogue state), atendiendo a su agresiva agenda exterior que atenta contra toda norma del derecho internacional.
De momento, Trump anticipó a la llegada de Netanyahu a Washington nueva orden ejecutiva contra Teherán, al imponer un arancel adicional del 25 por ciento a todos los países que compren, importen o adquieran bienes o servicios de Irán, bajo la consideración de que las acciones del país persa representan una “amenaza” para la seguridad nacional de los EEUU.
(Rodobaldo Isasi Herrera, Investigador del Centro de Investigaciones de Política Internacional)
