robertoroberto
En una carta abierta al republicano, artistas, intelectuales, políticos locales y organizaciones sociales internacionales denunciaron que los inquilinos de la Casa Blanca buscan hambruna y sufrimiento humano en la mayor de las Antillas.
Se refieren esas personalidades a una orden ejecutiva del gobernante que declara, sin evidencias, a la nación caribeña como una amenaza a la seguridad de Estados Unidos.
Insostenible explicación de una potencia nuclear, con un contingente armado centenares de veces más peligroso para Cuba, que lo que pueden representar las fuerzas enteramente defensivas existentes en el archipiélago caribeño, donde se insertan en lo que se denomina guerra de todo el pueblo.
Trump advirtió a cualquier proveedor que le aplicará aranceles si le suministra combustible a La Habana, donde tuvieron que adoptar un plan de contingencia, para ahorrar el energético disponible.
Con razón, los firmantes de la carta abierta a Trump advierten que la nueva vuelta de tuerca al bloqueo a Cuba constituye una forma de presión económica que debe agravar la inestabilidad eléctrica, así como las limitaciones en el sistema sanitario y alimentario.
En México también se preocupan por los peligros que acechan al pueblo cubano y la presidenta Claudia Sheinbaum dijo tratar por vía diplomática con Estados Unidos la eventual reanudación de envíos de petróleo a La Habana.
Rusia ayudará con el retorno de turistas tras anuncio de la patria de José Martí sobre agotamiento de combustible para aviones.
En Bruselas, en la fachada del edificio de la Comisión Europea, apareció el mensaje “Manos fuera de Cuba”.
Se trata de señales de tomas de partido de sectores de la comunidad internacional frente a lo que el gobierno antillano califica de crimen, en referencia al bloqueo energético de Washington.
El presidente Miguel Díaz-Canel advirtió que el futuro de la Humanidad, basado en la cooperación o la fuerza, está en juego.
La disyuntiva es cierta. El silencio ante el abuso contra poco más de nueve millones de cubanos, sería como una concesión a quienes hoy pisotean el Derecho Internacional, la soberanía y la independencia.
Durante administraciones anteriores, se alegaba una defensa de los derechos humanos, los mismos que hoy Trump y sus seguidores vulneran en la mayor de las Antillas.
