Mientras el invierno caribeño se cuela entre los pasillos del Hospital Vladimir Ilich Lenin y fuera de sus muros el país sobrevive bajo el recrudecimiento del bloqueo de Estados Unidos, hay un espacio que no deja de alumbrar. Alrededor de 2 millones de nacimientos en 60 años la avalan como la más grande de Cuba . Y hoy, contra todos los pronósticos, sus puertas siguen abiertas con total normalidad.
Con 380 camas distribuidas en cinco salas, un servicio y la responsabilidad de atender todos los casos de malformaciones congénitas del oriente cubano, la maternidad de Holguín opera en la cuerda floja de la escasez. Y sin embargo, lo hace. Esta mañana, una mujer daba a luz al primer holguinero del día. Será uno de los más de veinte que, según las previsiones, nacerán antes del anochecer.
El doctor Rubén Reynaldo Rojas Lao, subdirector Materno-Infantil del centro, no duda al afirmar que el servicio no se ha detenido. “Nosotros contamos en estos momentos con 246 pacientes ingresadas: 146 embarazadas y 100 puérperas. A pesar de todos los déficit de recursos y las carencias de personal, la maternidad nunca ha detenido su proceso asistencial ni docente”.
El doctor Rojas explica que el Ministerio de Salud Pública activó una estrategia nacional para la atención obstétrica que ha permitido mantener la vitalidad del servicio. “Nos mantenemos igual. Seguimos asistiendo los nacimientos de toda la provincia”, afirma con una convicción que roza lo heroico.
Pero el heroísmo tiene un costo. En los almacenes del hospital, la palabra “déficit” se ha vuelto cotidiana. Faltan jeringuillas, insumos quirúrgicos y recursos básicos. “Muchas veces lo vemos apretado”, confiesa. “Recibimos donaciones de personas solidarias que conocen la situación del país, y eso llega y sale directo a sala. Somos resolutivos. Nos innovamos cada día un poquito más para poder trabajar”.
Esa capacidad de reinventarse es lo que permite que una madre como Ismara Almenares Almaguer pueda sonreír desde el hospital. Ingresada desde hace dos meses, su embarazo estuvo marcado por complicaciones: restricción del crecimiento intrauterino, preeclampsia severa, una estancia en terapia intensiva. “Me vi grave, pero lo que me preocupaba era el niño”, recuerda. “Venía con complicaciones, pero gracias a Dios, míralo ahí. Me ha ido aumentando poquito a poquito. No nos podemos quejar”.
No mencionar el bloqueo sería contar una historia incompleta. La reciente orden ejecutiva del presidente Donald Trump ha recrudecido las medidas contra la isla, impactando directamente en la vida de los cubanos. Sin embargo, el ministro de Salud Pública, José Ángel Portal, fue tajante: «ningún paciente quedará sin atención».
En Holguín, esa promesa es un electrocardiograma que no deja de latir. En la sala de Cuidados Piel a Piel, decenas de recién nacidos luchan cada día. Eylin Valero Zaldívar es testigo: “Mi bebé nació prematuro, estuvo cuatro días en neonatología y ahora estamos aquí. La atención de las enfermeras es buenísima. Gracias a Dios, este lugar está muy limpio y nos va bien”.
Un símbolo de resistencia
Quizás el secreto de esta maternidad tenga raíces más profundas. El doctor Rafael Vázquez Fernández, el mismo que en 1973 separó a las primeras gemelas siamesas de América Latina en este mismo hospital, escribió alguna vez que el Lenin fue concebido por Fidel Castro como un símbolo de solidaridad y fraternidad internacional.Setenta años después, ese símbolo resiste.
“Nosotros trabajamos por vocación”, dice el doctor Rojas, con la voz marcada por el cansancio de las guardias de 24 horas cada cinco días. “Cada vez que uno se levanta, viene a trabajar por nuestros pacientes. Nunca se ha visto afectada la asistencia médica, ni por déficit de recursos ni por falta de personal”.
Afuera, el país se queda sin petróleo. Las colas interminables para comprar pan son el paisaje cotidiano. El gobierno de Estados Unidos presiona con la intención declarada de cambiar el sistema social de la isla.
Pero esta mañana, en Holguín, un bebé de tres kilos con quinientos gramos y cincuenta centímetros de talla abrió los ojos por primera vez. No entiende de geopolítica ni de sanciones. Solo sabe llorar, mamar y dormir. Y eso, en estos días, es la victoria más grande.
El Hospital Lenin de Holguín, la mayor maternidad de Cuba, mantiene su pulso. El bloqueo aprieta. La gasolina se agota. Las sanciones se multiplican. Pero en Holguín, cuando una mujer entra en trabajo de parto, hay una cama limpia, un médico entrenado y una enfermera que le toma la mano. Esa es la vitalidad de este servicio que no escatima esfuerzos cuando la vida insiste en nacer.
(Yudit Almeida, corresponsal de Radio Habana Cuba en Holguín y Juan Miguel García, estudiante de Periodismo)
