La tregua alcanzada entre los EEUU y la República Islámica de Irán, con mediación paquistaní, pone de relieve que Teherán está dispuesto a exigir sus derechos de estado soberano en la mesa de negociación, con respaldo de su plan de diez puntos, que marcan la diferencia de las exigencias anticipadas por Washington, en un contexto de un conflicto asimétrico, en el cual el país persa subraya su defensa.
La negativa del estado de Israel a respetar la tregua del conflicto en el caso de Líbano, y proseguir su agresión indiscriminada contra el país vecino, con el consiguiente respaldo de Washington, no deja dudas de las complejidades presentes, sobre todo cuando los dos países agresores aspiran a desvertebrar al Eje de la Resistencia, que encabeza Teherán.
Cabe apuntar, que después de 40 días de conflagración, la operación Furia Épica del Pentágono no alcanzó sus objetivos fundamentales y, por ende, la mesa de diálogo y negociación en territorio paquistaní, a la que acudió el vicepresidente JD Vance y los asesores para Medio Oriente, puso de relieve la intención estadounidense de imponer todo aquello que no han podido alcanzar con la agresión, como ha trascendido por parte de la delegación iraní.
Un aspecto importante observado por la parte iraní descansa en la comprensión de que este proceso de diálogo entre Washington y Teherán, con la mediación de Islamabad, soportará diferentes encuentros entre ambos contendientes, como acontece en un proceso de estas características, con agendas y propósitos tan dispares.
Al mismo tiempo, se hace evidente que en lo que respecta a Israel, su propósito de continuar la agresión contra Líbano y después promover conversaciones directas con el país vecino, constituye un acto que no debe sorprender, atendiendo al interés de aislar a Hezbolá y potenciar el interés israelí de que el gobierno libanés asuma el desarme de esa organización patriótica, la cual ya ha reiterado su negativa de aceptar ese desenlace.
En el caso de los EEUU, la retórica amenazadora empleada por el presidente Trump sobre el cierre del Estrecho de Ormuz tampoco parecería apuntar al éxito, porque tendría que poner en curso una implementación unilateral, ante la negativa de actores clave en el ámbito de la OTAN de sumarse al dictado de Washington, como han sido los casos de España, Francia, Reino Unido e Italia.
Por otra parte, en los últimos días se ha hecho evidente también el rechazo que el estado sionista sigue ocasionando en el escenario europeo, con una clara condena a Netanyahu, debido al genocidio latente en Gaza y a los esfuerzos desplegados por reprimir a la población palestina en Cisjordania, a la par que alentar el incremento de asentamientos ilegales de colonos israelíes en ese territorio.
En este medio ambiente anti sionista se destacan las fuertes críticas y advertencias del presidente turco, Recep Tayip Erdogán, contra la figura del primer ministro israelí, lo que agrava los desencuentros públicos de Ankara contra Tel Aviv, debido a las acciones criminales sostenidas contra la población palestina.
Un balance preliminar del primer ejercicio de conversaciones entre Washington y Teherán, en suelo paquistaní, permitiría consignar que los EEUU procuró imponer sus condiciones y, por esa vía, redefinir la posición del país persa en Medio Oriente.
Al decir del profesor palestino Sami Al-Arian, las consideraciones a tener en cuenta de la cita, desde la perspectiva de Washington serían:
- La reapertura inmediata del Estrecho de Ormuz, sin un vínculo concreto a un arreglo más amplio;
- La transferencia de todo el uranio enriquecido fuera de territorio iraní;
- Una política permanente de cero enriquecimiento de uranio, sin el reconocimiento del derecho de la República Islámica de Irán a ese proceso, lo cual niega la condición de Teherán de firmante del Tratado de No Proliferación nuclear, y;
- Punto final al Eje de Resistencia, que vincula a Teherán con organizaciones de Líbano, Palestina, Iraq y Yemen.
Las exigencias antes expuestas apuntarían a una capitulación de facto de Teherán frente a los designios de Washington, como hegemón global, y frente al estado sionista, como potencia regional; realidad esta que abre una interrogante respecto a la tregua posible.
(Rodobaldo Isasi, investigador del Centro de Investigación de Política Internacional -CIPI-)
