Las protagonistas de esta historia no figuran en las grandes placas de mármol, sin embargo, representan parte importante de la columna vertebral de un proyecto político que este 16 de abril conmemora 65 años de su declaración socialista. Son trabajadoras del Partido Comunista de Cuba (PCC), esas que Fidel Castro definió como «un verdadero ejército al servicio de la Revolución» y que, aun estando oficialmente jubiladas, se mantienen «con las botas puestas» .
En vísperas del Día del Trabajador del Partido, conversamos con tres mujeres que dedicaron sus vidas a la ingeniería política y social de la Isla. Belquis Torres Pérez, Onilda Peña Guerrero e Iluminada Gómez González suman juntas más de 90 años de militancia laboral en el corazón del Partido en la provincia de Holguín. Hoy, desde la formalidad del retiro, ninguna ha dejado de ser lo que son: educadoras y guardianas del consenso revolucionario en el barrio.
Belquis: «Éramos una familia, no había domingo»

Belquis Torres Pérez
Belquis Torres Pérez ingresó al Partido con apenas veintiún años. Empezó como secretaria, una labor que en aquella Cuba de la década de los setenta implicaba mucho más que mecanografiar documentos. «Fue la vida entera con un equipo tremendo; nosotros fuimos un gran equipo, éramos una familia, somos una familia», relata con un brillo particular en los ojos al corregir el tiempo verbal, porque para ella ese presente no ha caducado.
Durante 40 años, hasta su jubilación en 2014, Belquis fue testigo y parte de la transformación de su provincia. «Trabajé con amor. No había domingo», recuerda sin un ápice de queja, sino con el orgullo de quien sabe que la historia grande se escribe con la renuncia al descanso personal. Su testimonio evoca las jornadas de «tribunas» y aseguramientos logísticos que eran el pan nuestro de cada día en una oficina que funcionaba como un organismo vivo, un engranaje donde el amor era el lubricante principal.
«Atendimos todas las tribunas que se aseguraron en esta provincia, la aseguramos nosotros, trabajamos con amor», insiste. En su narrativa no hay espacio para las acciones inconclusas. En el Partido de Belquis las tareas se hacen o no se hacen, y ella siempre eligió hacerlas.
Onilda: La gloria de servir a la patria

Con cerca de 20 años en las filas del Partido, Onilda Peña Guerrero encarna la vigencia de la frase acuñada por Raúl Castro: estar «con el pie en el estribo». Para ella, la jubilación laboral no implicó el retiro de la responsabilidad política. Al contrario, su hogar se ha convertido en una extensión de la célula partidista.
«Trabajar en el Partido es una gloria y te digo que nunca uno se retira de ese cargo», afirma con la convicción de quien ha hecho del servicio público su segunda naturaleza. «Yo te puedo decir que hoy en día yo me siento como si yo siguiera siendo cuadro del Partido, porque aquí mismo en el barrio cuando un vecino tiene algún problema me llaman o vienen aquí y yo por supuesto con todo el amor de la vida siempre lo hice y lo voy a hacer hasta que haya vida».
Onilda representa esa capilaridad del PCC que los manuales de ciencia política suelen ignorar. Es el rostro humano de una estructura que, más allá de las reuniones del Buró Político, se legitima a diario en la resolución de los problemas de la comunidad, recuerda con sano orgullo como bajo su liderazgo la provincia logró bajar la alta tasa de mortalidad infantil que empañaba en aquellas años el trabajo de Salud en Holguín. Hoy se siente satisfecha con el reconocimiento tácito de sus vecinos o antiguos compañeros de trabajo, quienes la siguen viendo como la autoridad moral capaz de mediar o ayudar.
Iluminada: La maestra que la Revolución llevó al Partido
La historia de Iluminada Gómez González es quizás la más simbólica de esta tríada de mujeres. Ella iba a ser maestra. Ese era su sueño y su vocación. Pero la Revolución, esa fuerza telúrica que reordenó los destinos individuales en función del interés colectivo, la llevó por otro camino. O quizás la llevó al mismo destino pero con otro uniforme.
» Estudié Magisterio. Yo quería ser maestra, esa era mi vocación, pero yo adapté la profesión al Partido. O sea, yo dije: los del Partido tenemos que ser educadores, porque hay que enseñar para lograr una formación; usted tiene que enseñar», explica con la lucidez de quien comprendió que la política es, en esencia, pedagogía popular.
Iluminada dedicó más de 30 años al Partido y, sin embargo, insiste en que nunca abandonó el magisterio. «Hoy siento orgullo, yo me siento realizada porque de verdad que todavía soy educadora, porque aún ya jubilada, yo nunca me he jubilado de la política ni del Partido ni de todas las tareas revolucionarias, porque soy revolucionaria convencida y hasta las últimas consecuencias». A sus 80 años de vida, la vitalidad de Iluminada asombra a sus entrevistadores, continúa con el trabajo de los Comité de Defensa de la Revolución (CDR), la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y el apoyo al Poder Popular, en un afán constante por ser útil a sus vecinos y al proyecto social que tanto defiende.
Su testimonio conecta directamente con la tradición de las grandes figuras femeninas de la izquierda cubana como Vilma Espín, quien integró el Comité Central desde su fundación en 1965, o aquellas precursoras que encontraron en la militancia comunista una extensión de su lucha por la emancipación de la mujer .
La raíz de un aniversario
Este homenaje a sus trabajadores se produce a 65 años de un hecho crucial: la proclamación del carácter socialista de la Revolución Cubana. Aquel 16 de abril de 1961, el Comandante en Jefe definió el rumbo ideológico del proceso ante las cenizas aún humeantes de los bombardeos mercenarios. Horas después, los invasores serían derrotados en Playa Girón.
Ese mismo año, en agosto, se fundó la Federación de Mujeres Cubanas -FMC-, una organización que vino a coronar décadas de lucha femenina dentro del comunismo insular, una historia que se remonta a la fundación misma del primer Partido Comunista en 1925 . Hoy, las mujeres representan más del 49 % de los empleados en el sector estatal-civil cubano y son mayoría en las aulas universitarias . Son cifras que validan la tesis de Iluminada: en Cuba, la educación y la política son dos caras de una misma moneda.
Belquis, Onilda e Iluminada son, en esencia «Marianas» del PCC. No buscan estatuas. Su monumento está en la gratitud del vecino al que Onilda resolvió un problema, en la formación del cuadro que Belquis ayudó a forjar con su trabajo de hormiga, o en el ciudadano al que Iluminada supo enseñar el porqué de las cosas.
«Somos una familia», sentenció Belquis. Y quizás en esa definición tan simple resida el secreto de una organización que, 65 años después de aquel abril de pólvora y dignidad, sigue encontrando en la lealtad de sus trabajadores la savia para enfrentar el futuro. Porque para ellas, como dice Onilda, el retiro solo llegará cuando deje de haber vida.
(Yudit Almeida, corresponsal de Radio Habana Cuba en Holguín)
