Con goce, la opositora de extrema derecha venezolana María Corina Machado encontró un obsequio fascinante para cautivar a Donald Trump, presidente del país que la ha patrocinado: la Medalla del inmerecido Premio Nobel de la Paz.
Ni así encontró durante su visita a Washington jolgorio, cámaras, luces y promesas de instalación en el Palacio de Miraflores, en Caracas.
Donald Trump le muestra simpatías, pero confiesa con desdén que ella no reúne los indicadores para controlar el país sudamericano.
El análisis viene al caso luego de que por órdenes del republicano, y el aplauso de la ambiciosa Corina, fuerzas militares atacaran Venezuela y secuestraran a Nicolás Maduro y a la diputada Cilia Flores.
La recalcitrante opositora respaldó el asalto, sin importarle la violación del Derecho Internacional y la inmunidad del Jefe de Estado.
Con todo eso y más, le fue imposible ganar la aquiescencia de Washington.
Ahí llegó la iniciativa de ofrendar el Premio obtenido en Oslo, aunque provocara críticas y burlas por lo que muchos califican de sumisión.
La Dama de Hierro desafió a sus fustigadores, incluso al Comité de otorgamiento del premio, pues no puede ser compartido ni transferido.
Más allá de que las decisiones sobre el Nobel han despertado ira y desconcierto, el “desprendimiento” de Corina le ganó escarnios, por utilizarlo para halagar al gobernante del Norte.
Tiene razón Raymond Johansen, exalcalde de Oslo, al considerar que la concesión del Nobel podría legitimar un proyecto que vaya en contra de la paz.
De inicio, el ataque contra Caracas y otras tres ciudades atenta contra la declaración de América Latina y el Caribe como zona de paz, y podría preceder a más acciones beligerantes.
Sin embargo, dirá Corina, no todo está perdido. La Casa Blanca, a la que ella entró por la puerta de los empleados, compartió una foto en la que Trump posaba sonriente junto a la magnánima dama y la medalla.
Se trata de una esperanza después de que el congratulado dijera que la donante “no tenía el apoyo ni el respeto suficientes” para gobernar en Caracas.
Con esa luz, la visitante se consuela tras omitirse una comparecencia conjunta ante la prensa, el perfil bajo de su acceso a la Casa Blanca y la elección de un comedor auxiliar para la entrevista con Trump.
Un recibimiento gris, creerá Corina, sin exteriorizarlo, después de pedir una intervención militar en su país y no criticar las ejecuciones extrajudiciales de más de cien tripulantes de supuestas narcolanchas en el Caribe.
