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EEUU, Israel y la cruzada contra Irán

Israel, EEUU, Irán

Al cierre de 2025, los gobiernos de los EEUU e Israel estaban inmersos en la implementación de una guerra híbrida contra la República Islámica de Irán, cuyo punto culminante lo testimoniamos con la denominada Guerra de los 12 días; episodio bélico generado por Tel Aviv y respaldado por Washington, que estuvo enfocado en la destrucción de la infraestructura vinculada al proyecto nuclear civil.

Medio año después, sin haber alcanzado el objetivo citado, Tel Aviv y Washington aspiran lograr un resultado más allá del interés pretendido, al proponerse un cambio de régimen, aprovechándose de las manifestaciones civiles extendidas por el territorio iraní, desde finales de año, motivadas por el deterioro de la situación económica del país, debido al panorama inflacionario prevaleciente, que se traduce en la pérdida de valor de la moneda local, el rial, y la carestía de la vida para amplios segmentos de la población.

En paralelo, se añade el complejo entramado sancionatorio que pesa desde hace mucho tiempo sobre el país, sobre el cual el gobierno de los EEUU ha desempeñado un rol fundamental en el impacto negativo que ello ha entrañado, sin perder de vista la actuación de otros actores aliados de Washington, tanto en la Unión Europea como en la OTAN, y sin perder de vista los posibles desaciertos en el manejo de la política económica doméstica por las autoridades concernidas.

Merece apuntar que el peso económico inicial de las reivindicaciones de los manifestantes se ha desplazado de modo impetuoso a lo político, con el no menos llamativo mensaje que plasma el deseo de la caída de la república islámica y el Líder Supremo, en medio de los enfrentamientos que han cobrado víctimas mortales, en un contexto en que prevalecen el malestar y la confrontación en la vía pública, en 27 de las 31 provincias.

No menos llamativo han sido las declaraciones y los mensajes en redes sociales reflejados por el primogénito del otrora Sha, Reza Pahlavi, quien ha llamado a derrocar al gobierno islámico, lo que en estas circunstancias adquiere un valor político simbólico, atendiendo al respaldo potencial hacia su figura que pudiera granjearse de parte de Washington y Tel Aviv.

Las autoridades iraníes han responsabilizado de los acontecimientos en curso a Tel Aviv y Washington. Por su parte, el presidente Trump ha mantenido su mensaje de advertencia acerca de la posibilidad de emplear la agresión militar contra Irán, de mantenerse el curso represivo con derramamientos de sangre. Mientras, desde Israel, las autoridades sionistas han reconocido el papel de apoyo de las manifestaciones por parte de operativos del Mossad.

A lo apuntado, tanto Israel como los EEUU han estado contemplando la posibilidad de otro ataque militar de envergadura contra la República Islámica, que ha tenido como eje fundamental el programa nuclear civil, a lo que se ha añadido el tema de las manifestaciones y disturbios ulteriores que han tenido lugar en territorio iraní.

Otro elemento que subyace en la agresividad de Tel Aviv y Washington frente a Teherán descansa en el propósito de ambos aliados de poner punto final al Eje de Resistencia, que apoya la causa palestina, en el cual el país persa ha tenido un rol destacado. En este propósito, el estado sionista de Israel ha contado con respaldo decisivo de las dos presidencias de Trump, que ha sido un aliado invaluable, como así lo reafirman los Acuerdos de Abraham (2020).

Pese al clima de incertidumbre que la situación interna en la República Islámica de Irán despierta con el panorama de polarización existente, Arshin Adib-Moghaddam, copresidente del Centro de Estudios Iraníes de la Universidad de Estudios Orientales y Africanos (SOAS) de Londres, observa lo siguiente:

“El Estado iraní está muy bien afianzado y es propenso a las crisis, tanto a nivel institucional como en lo que respecta a los órganos de seguridad. Por lo tanto, estas manifestaciones, por sí solas, no sustituirán al sistema. Los estudiosos serios de Irán saben que la mayor parte de lo que oímos sobre el país es un espejismo político y está lejos de la realidad sobre el terreno”.[1]

Dicha aseveración se corresponde con las detenciones de agentes vinculados al Mossad y los hallazgos de armas y explosivos de origen estadounidenses, que serían empleados en acciones antigubernamentales, amparadas en las manifestaciones y en los disturbios, por parte de las fuerzas de seguridad iraníes, a lo que añaden las demostraciones públicas en favor del gobierno.

Unido a lo anterior, Teherán ha mantenido como un activo de utilidad, pero también como elemento legitimador de ese proceso político la voluntad reafirmada y la capacidad asumida de la negociación diplomática, que siempre ha estado abierta, aún en las circunstancias más desfavorables para el país.

Con independencia del final que tenga este grave episodio perturbador en Irán, aparecen variables significativas en relación con la situación regional e internacional, en las cuales este diferendo histórico entre Washington-Tel Aviv-Teherán, surgido con la revolución de febrero de 1979, se revalida.

Así tenemos, las preocupaciones que despiertan en el entorno del Golfo Pérsico una conflagración entre los tres actores mencionados, de mayor envergadura de lo que representó la Guerra de los 12 días, en junio de 2025, atendiendo precisamente a la posibilidad de la República Islámica de Irán de adoptar represalias contra los países árabes de ese entorno, que son socios de los EEUU o ya se han vinculado a los Acuerdos de Abraham, apoyándose en el empleo de sus misiles de corto alcance y sus probados drones militares.

A ello se une la alteración previsible del tránsito de buques comerciales por la zona; hecho este que impactaría de modo ostensible en el sector petrolero, principalmente, no sólo en los abastecimientos, sino también en los precios de los hidrocarburos, como tal, sin perder de vista la ralentización de todos los proyectos de cooperación e inversionistas previstos, a nivel regional e internacional, que contemplan a ese escenario geográfico.

Los próximos días pudieran ser cruciales en cuanto a la evolución de la situación interna en la República Islámica de Irán, así como en la posible decisión de Washington o de su aliado estratégico de llevar a cabo un ataque contra su adversario histórico, en un momento en que el diálogo y la negociación entre las partes concernidas parecería pulsar sus recursos ya probados en oportunidades anteriores.

[1]   Ward Argius, Matthew (2026). Reza Pahlavi, príncipe iraní exiliado y defensor del cambio.   12/01/2026 DW. En: https://share.google/2asOwKBjT2UJ4D

(Rodobaldo Isasi, investigador del Centro de Investigaciones de Política Internacional)

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