Como parte de la expresión de rencor hacia Cuba, la extremista Rosa María Payá suele deshacerse en diatribas contra el país que la vio nacer, hasta causarle inconvenientes en viajes por el mundo.
Gracias a ser impuesta por el entonces senador Marco Rubio como integrante de la CIDH, Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la calificada como “activista anticastrista” aumentó su agilidad.
Payá viajó recientemente a México, donde, según la prensa local, participó en actividades políticas con grupos de derecha.
El gobierno mexicano afirmó que la aludida debía limitarse a cumplir con sus responsabilidades como comisionada de la CIDH, y no involucrarse en causas políticas internas.
La Secretaría de Relaciones Exteriores de México informó que no fue notificada acerca de la visita de Payá, en su condición de emisaria de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
Como señaló la prensa mexicana, la viajera compartió plataforma con figuras de la derecha y emitió opiniones desfavorables hacia el gobierno de Cuba.
Los tropiezos en México se suman a otros desde su elección como comisionada en junio de 2025 y asumir funciones el pasado primero de enero.
No importó que el Panel Independiente para la Evaluación de Candidaturas a los órganos del Sistema Interamericano de Derechos Humanos expresara en su momento preocupación por la pertenencia de Payá a diversas organizaciones.
El Panel alertó de que esa membresía podría poner en duda la apariencia de independencia ante un observador razonable.
El ajetreo en foros y redes sociales de la funcionaria con posiciones acerbas hacia Cuba ha sido intenso e incluso, según afirmó, acompañó a la recalcitrante opositora venezolana María Corina Machado a recibir el Premio Nobel de la Paz, un lauro entregado en medio de gran polémica.
Defensora de la golpista boliviana Jeanine Áñez, Rosa María Payá ha sido acusada de recibir financiamiento para su grupo extremista de la USAID.
En su momento, encabezó la llamada Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia, una especie de pantalla de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos.
Autoacreditada como exponente de la sociedad civil cubana que no la legitima, ella aboga por la intervención estadounidense en el archipiélago caribeño.
Se trata de una persona sin arraigo en la nación antillana, diseñada artificialmente por la extrema derecha de la emigración de origen cubano y Estados Unidos.
