Solo faltaba el ataque a Venezuela y el secuestro de su presidente, para que la administración de Donald Trump sellara con cañoneras su primer año en la Casa Blanca.
Desde el despacho oval han pisoteado las reglas del multilateralismo, el Derecho Internacional y la prohibición del ejercicio de la fuerza de los más poderosos.
En América Latina y el Caribe contemplan con estupor, desconcierto, ira y rechazo el reverdecimiento de teorías del siglo XIX acerca de la repartición del mundo en esferas de influencia.
En su primer año en la Casa Blanca, el magnate reivindicó sin maquillaje la Doctrina Monroe, o sea, el Hemisferio Occidental debe quedar libre de otros actores externos.
La Doctrina “Donroe”, bautizada así por el republicano, y la Estrategia de Seguridad Nacional devuelven a Estados Unidos como pretendido asegurador de América Latina, en abierta confrontación con Rusia, China y la Unión Europea.
Como afirma esta administración, Estados Unidos tiene legitimidad para actuar en el subcontinente y desplegó una desproporcionada flota militar hacia el Caribe.
La armada robó barcos y petróleo, exterminó tripulaciones de supuestas narcolanchas y desde ella embistió a Venezuela, al precio de más cien muertos.
Pero no solo Venezuela está en la mira de los halcones sino México, Panamá, Cuba y otros países, como Argentina y Honduras, en cuyos procesos electorales se inmiscuyó el propio Donald Trump.
De acuerdo con la narrativa en esta segunda incursión de Trump en el poder, América Latina y el Caribe, además de otras regiones del planeta, deben acostumbrarse a la ruptura del sistema internacional basado en reglas.
Es más, en carta a las autoridades de Noruega, Donald Trump asegura desmarcarse de la lucha por la paz, iracundo porque no le otorgaron el Premio Nobel correspondiente.
Se lo despojaron, afirma él, a pesar de los éxitos que se arroga, al finalizar ocho guerras.
El Premio era suyo, arguye, aunque enarbola la ley del más fuerte y en lo interno convirtió al ICE, Servicio de Inmigración y Control de Adunas, en la agencia más financiada de ejecución de la ley federal en Estados Unidos.
Familias latinoamericanas viven en zozobra a la espera de que sus allegados residentes como migrantes en Estados Unidos les avisen de que cayeron en las redadas de ICE, fueron encarcelados o deportados.
Tiene razón el canciller ruso, Serguei Lavrov, al decir que al abandonar los principios promovidos durante tanto tiempo, Estados Unidos daña su propia imagen.
