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A sesenta años del desembarco del yate Granma

por María Josefina Arce

México ocupó un lugar especial en la vida del líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro. En ese país ultimó los detalles para marchar a Cuba y librar la batalla definitiva por su verdadera independencia.

Allí dejó muchos amigos que, de un modo u otro, se implicaron en la logística de la revolución cubana. Uno de ellos y quizás el más conocido es el Cuate, Antonio del Conde, quien al conocer la triste noticia de la desaparición física del revolucionario cubano afirmó: “No hay palabras para decir lo que significa la muerte de Fidel. Él me enseñó una vida nueva; me tiene que enseñar a vivir sin él."

El Cuate conoció a Fidel en 1955 en territorio mexicano, adonde había arribado tras su salida del presidio ubicado en la entonces Isla de Pinos, hoy municipio especial Isla de la Juventud, y donde estuvo prisionero durante dos años.

Incansable y fiel a sus ideales seguiría el joven cubano su labor revolucionaria en territorio mexicano, desde donde junto a otros 81 revolucionarios partiría a bordo del yate Granma rumbo a las costas de Cuba.

Fue precisamente un 25 de noviembre hace 60 años cuando Fidel Castro y otros jóvenes como el hoy presidente cubano, Raúl Castro, y el Guerrillero Heroico Ernesto Che Guevara partieron en pos de un sueño que se hizo realidad el primero de enero de 1959.

El Cuate estaba allí en el Puerto de Tuxpan cuando los cubanos zarparon en el blanco y pequeño yate. Tras la partida vendrían días difíciles que pondrían a prueba la tenacidad de aquellos hombres.

El hacinamiento, los mareos y vómitos por la falta de costumbre y la posibilidad de zozobrar en el mar o ser sorprendidos antes de cumplir el objetivo de la misión fueron algunas de las dificultades que tuvieron que sortear y ante las cuales redoblaron su decisión de vencer o morir.

Ya en aquella travesía se pondría de manifiesto el espíritu solidario de Fidel cuando ordenó detener el yate para recoger al compañero caído al agua.

El mal tiempo y el peso que soportaba la embarcación impidieron que llegara en la fecha prevista del 30 de noviembre, cuando el alzamiento de Santiago de Cuba, organizado por el movimiento 26 de julio, apoyaría el desembarco. El Granma arribaría cerca de la playa Las Coloradas el dos de diciembre.

La dura travesía enfrentada por aquellos hombres, con Fidel a la cabeza, evidenció su firme decisión y la de sus compañeros de reanudar la lucha por la independencia nacional iniciada en el siglo XIX.

La entereza, el tesón y las ansias de alcanzar su sueño presentes en aquel histórico suceso definieron la vida de Fidel, que junto a aquellos jóvenes, no temió, ni vaciló en poner en riesgo su vida para construir un país con justicia social y saldar una deuda con los héroes que a lo largo de la historia habían luchado por hacer de Cuba una nación libre.

Cubanos de todas las edades acuden diariamente al Museo de la Revolución, en La Habana, donde una réplica del yate Granma se yergue como un símbolo de la grandeza de una generación que derramó su sangre por el futuro de todo un pueblo.

 

 

 

Editado por Maria Calvo
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