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El lóbrego futuro de Julian Assange

Foto/Rosario Plus.com

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Por: Guillermo Alvarado

La libertad y la salud de Julian Assange, fundador del portal Wikileaks pendían de un hilo desde hace meses, quizás desde que Lenin Moreno tomó posesión de la presidencia de Ecuador, país en cuya embajada en Londres el periodista australiano permaneció asilado durante siete años hasta que fue arrestado y sacado en peso por la policía británica.

La noticia causó un enorme revuelo y dio la vuelta al mundo, levantando todo tipo de comentarios, entre ellos si fue correcta la conducta de las autoridades ecuatorianas, en particular la invitación que hizo el embajador ante el Reino Unido, Jaime Alberto Marchán, a la policía para penetrar en el recinto y consumar el arresto, un gesto poco habitual en la vida diplomática.

En lo que todo el mundo está de acuerdo es que fue un día negro para la libertad de prensa porque en definitiva toda la persecución contra Assange se debe a las revelaciones masivas que hizo por medio de su portal, que sacaron a relucir trapos sucios de políticos, gobernantes y empresarios.

Recordemos que Wikileaks publicó en julio de 2010 alrededor de 70 mil documentos confidenciales acerca de los actos perpetrados en Afganistán por la coalición militar encabezada por Estados Unidos, lo que irritó notablemente al Pentágono porque en estos cables se ventilaban numerosos excesos cometidos contra la población civil en ese país.

Poco después, en octubre, salieron a luz unos 400 mil papeles vinculados con la guerra contra Iraq y un mes después se difundieron 250 mil cables acerca de las actividades del Departamento Norteamericano de Estado, que estremecieron a la clase política de la nación norteña y levantaron oleadas de indignación en el resto del planeta.

La respuesta a esta actividad fue una persecución en los grandes medios de comunicación para tratar de sembrar en el imaginario popular que Wikileaks, y Assange en particular, son hackers inadaptados, muchachos desorientados o jóvenes irresponsables capaces de hacer un gran daño colectivo con el uso que le dan a información secreta. Cuando en estos sitios se habla de ellos se les niega el tratamiento de periodistas o analistas y se les presenta como marginales al borde de la ley o por completo en la ilegalidad.

Tanto Assange, como también ocurrió con Edward Snowden y más tarde con el soldado Bradley Manning, ahora llamado Chelsea Elízabeth Manning, sabían que se estaban enfrentando a fuerzas extremadamente poderosas y peligrosas, con grandes recursos de todo tipo que reaccionarían sin piedad y así ocurrió.

En noviembre de 2010, el mismo año en que ocurrieron las mayores revelaciones, un juez de Suecia emitió una orden de captura contra el líder de Wikileaks por presuntas agresiones sexuales. Ante el temor de ser detenido y enviado de Suecia a Estados Unidos, violó la libertad condicional en que estaba en Londres e ingresó en junio de 2012 a la embajada de Ecuador en calidad de asilado.

Minutos después de ser extraído por la fuerza de ese lugar, un juez británico le dictó prisión provisional y lo citó para el 2 de mayo, aunque la acusación formal por quebrantar las normas de la libertad condicional ocurrirá después y podría ser castigado a 12 meses de prisión.

Pero, ya Estados Unidos hizo una solicitud de extradición que causa grave preocupación porque allí podría ser víctima de malos tratos y penas exorbitantes, a la vez que en Suecia se habla de reabrir una de las causas, lo que daría lugar a años de trámites judiciales, durante los cuales se mantendría tras las rejas, otra vez pendiendo de un hilo.

No estamos ante un tema de justicia, sino de venganza y Washington no descansará hasta tenerlo en sus manos aunque para ello tenga que someter a un feroz chantaje a Londres, ante el que se augura que la primera ministra, Theresa May, no opondría mayor resistencia, a menos que la opinión pública, local y mundial, la fuerce a cambiar de opinión y adoptar una postura digna. Veremos qué pasa.

Editado por Maite González Martínez
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