Para Eusebio, sábanas blancas en balcones

Foto / Susana Leal

Por: Roberto Morejón

Entre las demostraciones de afecto, reconocimiento y gratitud rendidas por los cubanos al excepcional intelectual Eusebio Leal, figura la colocación en ventanas y balcones de telas blancas, color de pureza, como los sentimientos del fallecido titular de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana.

Una canción del trovador Gerardo Alfonso enaltece la costumbre habanera de colgar sábanas impecables en balcones.

Nada más ingenioso que venerar así al merecedor de respeto y simpatía, a quien llevó el peso de la colosal estrategia para rescatar de las ruinas, restaurar y devolver la imagen de San Cristóbal de La Habana.

Doctor Honoris Causa, Profesor de Mérito en 20 universidades cubanas y extranjeras, genial escritor y orador, Eusebio Leal NO vivía en una burbuja, y mientras la enfermedad se lo permitió, caminaba las calles.

Lo hacía para conocer de los pobladores sus congojas y alegrías y los problemas causados por el déficit habitacional.

Eusebio Leal, quien nació en un medio humilde, soñaba con la idea de junto al vuelco arquitectónico de la parte más antigua de la ciudad, mejorar las condiciones de vida de los lugareños.

En su centro histórico urbano declarado Patrimonio de la Humanidad, la Oficina del Historiador ha estado al frente de ambiciosos propósitos.

Bajo su égida se restauraron y concluyeron 80 obras de patrimonio cultural, 14 hoteles, 171 sociales y más de 3 mil viviendas.

Los planes NO desplazan a los moradores de sus viviendas, pues lo reubican transitoriamente cuando resulta imperativo.

Junto al rescate de museos y bibliotecas, palacetes e instituciones, salvaron su esplendor escuelas y espacios donde hoy reposan embarazadas de riesgo, discapacitados y adultos mayores vulnerables.

Para orgullo general florecen nuevas escuelas de oficios en inmuebles recuperados del olvido y emprendimientos educacionales para formación de niños, jóvenes y profesionales.

Un caminante hallará magnificencias y problemas por resolver, pero hacia ellos dirigieron sus ojos los trabajadores de la Oficina del Historiador, bajo la guía de Leal.

La tarea de rescatar el Centro Histórico es grandiosa, pero hay certeza de una estrategia bien pensada y de logros incontables.

Los habaneros tienen razones para airear sus telas blancas y honrar a quien el historiador Eduardo Torres Cuevas definió como uno de los más grandes cubanos de todos los tiempos.

 

Editado por Maite González Martínez



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