Nueva batalla en medio de la guerra

Por: Guillermo Alvarado

Ruth Bader Ginsburg/ Antena 3.

El fallecimiento de la prestigiosa jurista Ruth Bader Ginsburg, miembro de la Corte Suprema de Justicia, el máximo tribunal de Estados Unidos, inició una nueva batalla política dentro de la contienda por las elecciones presidenciales y legislativas del 3 de noviembre próximo.

Como se conoce, ese cuerpo es la cabeza del Organismo Judicial en el país norteño, está formado por un presidente y 8 jueces asociados que son nombrados por el presidente, ratificados por el Senado y sirven de por vida, a menos que decidan retirarse o renuncien voluntariamente.

Entre sus funciones está decidir sobre asuntos jurídicos que no fueron resueltos en instancias inferiores, anular leyes federales o estatales, así como decisiones de la administración pública, incluido el presidente y sus veredictos son inapelables.

Un dato interesante, sobre todo en estos momentos, es que en caso de dudas o empate en los comicios presidenciales, pueden designar al nuevo jefe de la Casa Blanca, como ocurrió ya en el año dos mil a favor de George W. Buch.

Cuando faltan apenas 43 días para la cita con las urnas, lo normal y sensato es que el nombramiento del o la sustituta de Bader Ginsburg, se hiciese luego de instalado el nuevo ejecutivo y legislativo.

Sin embargo con la actual administración encabezada por Donald Trump, casi nada es normal ni sensato en ese país, mucho menos en política donde hay una verdadera guerra debido a la desmedida ambición del presidente por mantenerse en el cargo, al costo que sea necesario.

Por eso, el gobernante se apresuró a asegurar que nombrará al nuevo cargo a la Corte Suprema lo más rápido posible para afincar con seis magistrados el poder de la derecha más reaccionaria en ese organismo.

De inmediato el líder del Senado, Mitch MacConell, se sumó a esa iniciativa, una actitud claramente oportunista si se recuerda que en 2016 los republicanos se negaron a ratificar a un candidato propuesto por Barack Obama, con el pretexto de que no era correcto hacerlo en un año electoral.

La situación es compleja, pues incluso si Trump pierde la presidencia y los demócratas ganan la mayoría en el senado, tendrían que lidiar varios años con una Corte Suprema hostil, dispuesta a obstaculizar las decisiones que se tomen en temas sensibles como la migración, derechos femeninos y planes de salud.

Antes de morir, la jueza Bader Ginsburg expresó el deseo de que su sustituto fuese designado después que terminase el período electoral y se instalaran los nuevos miembros del Congreso.

Todo indica que la escasa ética política existente en ese país impedirá que su última voluntad sea respetada, como debía ocurrir.     

Editado por Maite González Martínez



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