A prueba los sistemas de salud de América Latina y el Caribe ante avance del Zika

Por: Roberto Morejón

Los países de América Latina y el Caribe adoptan precauciones justificadas ante la propagación de manera “explosiva” del virus del zika, según evaluación formulada por la directora general de la Organización Mundial de la Salud, Margaret Chan.

Desde febrero de 2015, cuando las autoridades brasileñas investigaron un brote de erupciones cutáneas, hasta hoy, el virus se expandió en el gigante sudamericano y llegó a una veintena de naciones del Hemisferio Occidental.

La Organización Panamericana de la Salud advirtió que el recuento crece al reportarse más allá del Atlántico, como consecuencia de la presencia extendida del mosquito Aedes Aegypti, cuya picadura transmite los virus del zika y el dengue.

Identificado en 1947por primera vez en los bosques ugandeses de Zika, el virus se detectó inicialmente fuera de África en 2007, en la isla de Yap, Micronesia.

En febrero de 2014 las autoridades chilenas confirmaron un caso de transmisión autóctona en la Isla de Pascua y después llegaría la propagación en Brasil.

Los expertos se preocupan porque la infección puede presentarse con los síntomas visibles de fiebre, conjuntivitis y erupciones en la piel, pero igualmente de forma asintomática, razón por la que es impreciso el número total de casos.

Según el gobierno de Brasil cerca de un millón de personas quizá tuvieron el virus, pero tal vez no.

No hay una vacuna ni un tratamiento específico para el zika, sólo un manejo que consiste en descansar y la ingestión de antipiréticos y líquidos, con prohibición de aspirinas.

El riesgo para el continente se encuentra en el potencial de transmisión de la enfermedad porque los mosquitos transmisores del virus viven en una región con alta densidad poblacional.

De acuerdo con estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, hasta cuatro millones de personas podrían infectarse este año en América.

A los brasileños les inquieta la cercanía de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro y en consecuencia adoptaron medidas especiales.

Pero la vigilancia es aún más extrema en relación con los casos de la microcefalia, una condición en que los bebés nacen con la cabeza más pequeña que lo normal y que puede estar asociada al zika, aunque no está demostrado.

Sin alarma excesiva, pero con responsabilidad debe asumirse la enfermedad y a tal efecto es conveniente la convocatoria de una reunión ministerial de funcionarios de salud librada por la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños.

Puede evitarse que la dolencia distraiga de forma acentuada los preciados recursos que tanto necesitan América Latina y el Caribe para su desarrollo. 

Editado por Maite González Martínez



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