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Manuel Ascunce y Pedro Lantigua: ayer y siempre (+Fotos)

A Manolito y a Lantigua el pueblo cubano los lloró entonces, pero creció el patriotismo. Foto: Archivo

A Manolito y a Lantigua el pueblo cubano los lloró entonces, pero creció el patriotismo. Foto: Archivo

Por Marta Gómez Ferrals

Rendir tributo al brigadista adolescente Manuel Ascunce Domenech y a su alumno, Pedro Lantigua, a 58 años de su salvaje asesinato el 26 de noviembre de 1961, además de homenaje es hoy un campanazo de alerta a la conciencia, que confirma a los cubanos la entraña criminal y fuera de todo límite de un enemigo histórico y activo, el imperialismo.

El monstruoso suceso, que enlutó y enardeció al mismo tiempo a toda Cuba, lo protagonizaron alzados contrarrevolucionarios, pagados y pertrechados hasta los dientes por la CIA de Estados Unidos, operantes en las montañas del Escambray, en el centro de Cuba. Y de esto hubo pruebas inequívocas.

Limones Cantero se llama la zona donde se cometió el crimen, lugar donde estaba la finca Palmarito y la vivienda del campesino Pedro Lantigua, sitio en el cual hacía una semana vivía el jovencito Manuel, dispuesto con gran voluntad a enseñar a leer y escribir a los campesinos de aquellos entornos.

Manolito, con apenas 16 años,  era miembro de las entusiastas brigadas Conrado Benítez, formadas en su mayoría por muchachas y muchachos, algunos casi niños y también por avezados maestros, dispuestos a dar una hermosa cruzada contra la ignorancia en todo el país.

La Campaña Nacional de Alfabetización había comenzado en firme desde abril de ese año, con la participación de  miles de personas llenas de un fervor nunca antes visto.

De carácter serio y disciplinado, Ascunce era al mismo tiempo muy sensible y afable, compartía con sus amigos o los necesitados cualquier cosa que fuera suya, con un afán increíble de servir y ayudar al prójimo y a la  Revolución, de cuyos valores estaba prendado, al igual que sus padres.

Había nacido en Sagua la Grande, antigua provincia de Las Villas, el 25 de enero en 1945, pero desde los dos años fue llevado por sus progenitores  a residir en la barriada de Luyanó, en La Habana. Allí estudió hasta la enseñanza secundaria, cuando decidió dar su aporte como alfabetizador.

Pedro Lantigua era un campesino revolucionario, integrante de las milicias que luchaban contra el bandidismo aupado por el imperio, y junto a su familia daba albergue al animoso joven, quien lo ayudaba en las faenas del campo de día, y de noche impartía clases a la luz del farol que luego se convirtió en símbolo de esa noble gesta.

Lantigua nació el 27 de abril de 1919 en el lomerío cercano a la bella ciudad de Trinidad. Se dedicó a la siembra y participó como obrero durante la construcción del Sanatorio Nacional de Topes de Collantes.

Tuvo una presencia activa en la operación que se llamó  Limpia del Escambray, y dentro de ese proceso fue combatiente, práctico y administrador en la finca Palmarito, en Limones Cantero, donde estableció su hogar.

Fueron los alzados Braulio Amador Quesada (principal ejecutor), Pedro González Sánchez y el tristemente célebre criminal Julio Emilio Carretero Escajadillo, en aquel momento jefe de una comandancia contrarrevolucionaria, los autores concretos de la muerte por espantosas torturas y posterior ahorcamiento del brigadista y su alumno.

Todos resultaron capturados posteriormente, en diferentes momentos, y recibieron el peso de la justicia. Sin embargo, los principales promotores aún hoy continúan desde su guarida principal con sus planes de odio, agresión y acciones abominables para destruir los proyectos justicieros y el ejemplo de Cuba y otros pueblos hermanos de América Latina.

Monumento en Limones Cantero. Foto: Vicente Brito/ Escambray

Los recientes sucesos en Bolivia son una prueba fehaciente de ello. Es fácil de reconocer el estilo de la CIA y de los gobernantes de Estados Unidos. Aunque ellos reactualizan sus técnicas con la ayuda de novedosas tecnologías y evolucionan con los tiempos, el odio de clase a los humildes, el salvajismo y los actos criminales se repiten como una constante que los sigue definiendo.

A Manolito y a Lantigua el pueblo cubano los lloró entonces, pero creció el patriotismo. La Campaña de Alfabetización no se detuvo, como otras tantas tareas emprendidas por la Revolución.

El 22 de diciembre se proclamó en la entonces Plaza Cívica 'José Martí', en un acto multitudinario, el logro colosal que abrió las puertas de un mundo nuevo para el pueblo cubano: la cruzada contra la ignorancia había cumplido sus objetivos.

Y los jóvenes brigadistas, no solo en nombre de ellos cantaban: "Fidel, dinos que otra cosa tenemos que hacer”!.  Pensaban en el joven Manuel Ascunce, en Pedro Lantigua, en Conrado Benítez, el humilde maestro voluntario asesinado antes que él, cuyo nombre llevaron como estandarte a los más intrincados parajes, con orgullo.

Quizás muchos recordaron ese día grandioso la firmeza y el honor con que Manolito contestó a los bandidos cuando en la noche aciaga en casa de Pedro Lantigua preguntaron, antes del hecho atroz: “¿Y este, quién es?”. Y él con la frente en alto clamó: “Yo soy el maestro!”. Nada se puede olvidar. Nada.(Tomado de la ACN)

Editado por Martha Ríos
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