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Por la Constitución, #YoVotoSí (+Fotos y Videos)

Por: José Alemán Mesa

“Tengo una ligera impresión: ¿ahora la gente debate más sobre la Constitución que cuando tuvo la posibilidad de hacerlo en tres meses de consulta popular?”, dije a un amigo universitario.
  
Y de preguntón pasé a interrogado: “¿qué potencialidades, sin aprobar aún, tiene la nueva Carta Magna? ¿Sería oportuno dar el Sí por una Constitución que no ha sido llevada hasta sus últimas consecuencias?” “Muchas y Sí”, respectivamente, fueron mis respuestas.
  
Para valorarla es necesario saber primero que si se escinden en partes esas 16 páginas, buscando y buscando lo que a cada cual respalda y beneficia, olvidamos el concepto de sociedad y justicia social.

La vigente (del lejano año 1976) tiene el gran problema de no contar con un proceso judicial propio de ella, por ejemplo. En la nueva resulta una garantía esa sagrada tarea de proteger la Constitución y de declarar la inconstitucionalidad de actos y normas violatorios de los derechos de los ciudadanos. Por fin, se pone en manos del pueblo un mecanismo más de defensa de su patrimonio jurídico: reclamar ante los tribunales por... (Artículo 99).

El entramado político, social, económico, cultural… del país se deberá enarbolar y considerar entonces en la magnitud que la Constitución reclama. Su cumplimiento será asumido como una condición sine qua non, pues hay que aprender a prevenir su violación, evitar su desconocimiento y lo que es más importante, lograr el desarrollo y la evolución de las propias disposiciones constitucionales.
   
Decir Sí a la nueva Ley de leyes cubana es decir Sí al grado de apoyo social que de sus contenidos se desprende; digo así, no más, porque no pretendo transcribir el documento. Decir Sí es trazar la línea para nuevas leyes, códigos… que regularán los argumentos y principios que propugna el sistema socialista, de forma especial y ¡jamás! en contra del pueblo.
    
Y me detengo en eso último: la Constitución contiene, expone y precisa de un modo determinante las normativas jurídicas que funcionan como un todo, para garantizar la posterior existencia de otras disposiciones que han de ser dictadas conforme a los postulados y principios que contiene el magno texto.
  
Saberse amparado supone una verdadera vocación jurídica. Los ciudadanos, esos mismos que acostumbran a expresarse en términos de “tengo el derecho” o de “no es justo”, necesitarán, más que conciencia, una ética jurídica y conocimientos constitucionales para proceder y exigir, más allá de que la ley establezca los derechos amparados por esta garantía.
 
Algo debe quedar dicho, las normas sí tienen que corresponderse con la realidad y los valores que se expresen a través del ideal mayoritario, no así del interés y voluntad individual, por más que se desee. Toda legitimidad dependerá de ese carácter democrático y transparente del proceso, del que estriba un proyecto de nación consensuado.

Ni siquiera los más reaccionarios pueden desacreditar el acceso del cubano a la participación (individual y colectiva) en la definición de los principios, las pautas y estrategias de actuación del Estado en su conjunto. Toda la riqueza cultural del pueblo, todo lo que la Revolución misma ha construido, y lo que el cubano tiene como realidad e imaginación, fue escuchado y discutido.
  
Lo inconcebible está en los que desaprovecharon involucrarse; esos mismos que hoy disparatan. Y es que ahora, después de los tres meses de consulta popular, les nació esa ética jurídica y los conocimientos constitucionales que esquivaron, convenientemente, en tiempos de hacerlo. Vivimos cómo la gran mayoría de un pueblo soberano asumió sus funciones constituyentes.

 Se trata del diseño del presente y futuro texto constitucional, pues todos los problemas que tiene y tendrá el documento en su aplicación directa, son temas que trascienden el constitucionalismo en sí. Algunos de los inconvenientes en la práctica van más allá del propio contenido: fundamentos jurídicos generales y facultades que mucho, poco o nunca se han cumplido.
   
Incluso, por encima de cualquier criterio encontrado, aseguro que la configuración de fuerzas políticas opuestas dentro y fuera de Cuba, así como también la realidad social, económica, política de la Cuba actual pueden no resultar favorables para la implementación de algunas partes del nuevo texto, pero como patriotas y revolucionarios tenemos que conquistarlo.

Y esto lo digo sin temor a opiniones contrarias: la nueva Carta Magna sí se parece a lo que hemos logrado y queremos lograr como sociedad. Decía Víctor Hugo que nadie puede parar una idea cuyo tiempo ha llegado…

(Tomado de ACN)

Editado por María Candela
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