Elecciones en Estados Unidos, 2020

Imagen / DW Global Investments.

Por Jorge Ruiz Miyares

Las elecciones presidenciales de los Estados Unidos de América fueron, sin dudas, uno de los acontecimientos que más atención concitaron en todas las regiones del planeta durante 2020.

En esta ocasión, la habitual disputa entre demócratas y republicanos, cual tirios y troyanos, se convirtió en una trifulca de cuerpo a cuerpo, como no se apreciaba desde hace décadas entre los apáticos votantes del país.

Como ya es habitual, la pulsa comenzó con más de un año de antelación, y como ocurre en cada nueva contienda, los gastos rompieron records. Los candidatos presidenciales gastaron más de 6 mil millones de dólares, duplicando el costo de la disputa de 2016.

El demócrata Joe Biden, elegido entre más de una decena de candidatos de tendencias diversas dentro del partido, alcanzó el mayor por ciento del voto popular recibidos por un candidato presidencial en 120 años: 81 283 495, o el 51,4% de los votos escrutados. Logró 306 votos electorales. El republicano Donald Trump también rompió récords con la mayor cantidad recibida por un presidente en el poder con 74,223 753, el 46,9% del electorado.

El sitio web statista.com, afirma que el 66.7% de los 239 millones de electores registrados participaron en las elecciones, la cifra más alta desde 1900, en que participó el 73.7% de los electores.

Todo esto ilustra la movilización política que tuvo lugar en el país, en lo que devendría en un plebiscito de la gestión de la Administración Trump.

Muchos factores incidieron en esta inusual contienda. Trump llegó al poder con el slogan Hagamos que Estados Unidos vuelva a ser Grande. Para muchos estadounidenses, fundamentalmente de clase obrera y media blancos, afectados por las políticas neoliberales, las promesas trumpistas resultaban atractivas.

Pero el decursar de su mandato tuvo como telón de fondo realidades domesticas e internacionales que, más allá del aderezo aportado por la personalidad del presidente, sus incoherencias, incontrolable “twitorrera”, desmanes e insultos a enemigos reales y ficticios, dieron lugar a la victoria del candidato demócrata.

Entre esos factores, incidieron en este desenlace la perdida de hegemonismo que experimenta Estados Unidos en el terreno internacional y el deterioro de indicadores económicos y sociales internos , como el decrecimiento y envejecimiento demográficos.

El 41 % de los condados estadounidenses ya tienen más trabajadores en edad de retiro que los que los remplazan de la nueva generación.

Asimismo, según el Departamento del Tesoro, para 2018 la deuda nacional se elevaba a 21,974 millones de millones, 2 millones de millones más que cuando Trump asumió la presidencia. Todo esto provocado, entre otras causas, debido a los recortes de impuestos aprobados por su administración a finales de 2017 y el dramático recorte de la tasa de impuestos a los más ricos y a las empresas más poderosas.

Otros elementos a considerar fueron la reducción de la influencia de Washington en las instituciones internacionales. Argumentando distintas razones, la Administración se retiró de la OMS, la UNESCO, el Consejo de Derechos Humanos, y abandonó acuerdos internacionales como el de París sobre el Cambio Climático o el Plan Conjunto de Acción Comprehensiva sobre la desnuclearización de Irán.

No menos importantes fue el pésimo manejo de la pandemia de la COVID, que condujo a Estados Unidos a liderar la lista de países con más casos con más de 16 millones de infectados y más de 180 mil fallecimientos por la enfermedad.

Tampoco debe ignorarse el impacto que tuvo en la escena nacional la serie de asesinatos de amplia difusión por redes sociales de ciudadanos negros a mano de policías y supremacistas blancos, con el caso de George Floyd, que detonaron la explosión del movimiento Black Lives Matter y manifestaciones , en ocasiones violentas, en los principales centros urbanos de la Unión.

Las encuestadoras, tan vapuleadas tras los fallidos pronósticos de las elecciones de 2016, de manera consistente pronosticaron a Biden como ganador de la contienda.

Analistas políticos reiteraron la advertencia académica que históricamente ningún presidente en ejercicio con una aprobación de su gestión de menos de 48% ha logrado su re- elección y así fue. Según la encuestadora Gallup, en octubre de 2020, el presidente tenía una aprobación del 44% .

Todos estos elementos podrían haber condicionado la actitud el presidente Trump, quien con antelación, él y varios de sus acólitos republicanos se dieron a la tarea de desprestigiar el proceso electoral y afirmar, tomando como pretexto la votación por correo condicionada por la COVID , que el fraude seria generalizado. Insistía en que solo un fraude impediría su victoria.

Llegado el 3 de noviembre, las elecciones se realizaron sin incidentes violentos. Con la caída de la noche y el cierre de los colegios electorales, algunos se mostraban nerviosos ante la prevalencia del rojo republicano en el mapa electoral. 

Los grandes medios se abstuvieron de declarar a un vencedor y cuando la avalancha de boletas enviadas por correo fueron contabilizadas, el 7 de noviembre los medios anunciaron la victoria de Biden.

Tal y como lo había pronosticado, Trump no aceptó la derrota y desde ese momento reiteró todo género de ataques sobre la fiabilidad de los mecanismos, todo tipo de teorías conspirativas, reunió a un grupo de abogados para impugnar los resultados en varios estados, ante el silencio cómplice de los líderes del partido republicano.

El presidente se negó rotundamente a autorizar a la Agencia Federal encargada de liberar los fondos para que el inicio de la transición del ganador, boicoteando todos los preparativos necesarios.

Curiosamente, y para que no quede dudas sobre donde radica el poder real en el país norteño, el 23 de noviembre más de 150 directores ejecutivos de las compañías más poderosas de la nación enviaron a Trump una carta conjunta en la que le pedían reconocer la derrota y espesaban: "Cada día que se retrasa un proceso de transición presidencial ordenado, nuestra democracia se debilita a los ojos de nuestros propios ciudadanos y la estatura de la nación en el escenario mundial disminuye."

En horas de la tarde de ese propio día, la responsable de esa oficina, Emily Murphy, designada para el cargo por Trump, enviaba una carta a Biden donde le informaba oficialmente sobre la liberación de los fondos, aunque en el texto se abstuvo de llamarlo “presidente electo”.

Tras la tranquila y rutinaria confirmación por el Colegio Electoral el lunes 14 de diciembre, y aunque Trump continuó afirmando que el fraude fue generalizado, quedaría por delante la confirmación el seis de enero de los votos electorales por una sesión conjunta del Congreso y la inauguración de la Administración Biden-Harris el 20 de enero.

Con sus 78 años, Biden será la persona de más edad que haya asumido la presidencia de Estados Unidos. Con Kamala Harris como vice presidenta, por primera vez en la historia del país una mujer y un individuo no blanco asumirá ese cargo.

La salida de Trump en la Oficina Oval, sin dudas, quitará respaldo a la ultra derecha internacional, a varios gobiernos nacionalistas europeos y al de Jair Bolsonaro en Brasil, que entrará en contradicción con la nueva administración Biden en temas tan sensibles como el cambio climático.

Pero el inusitado apoyo alcanzado por Trump demuestra una verdad incontrovertible: los problemas sociales y económicos que condujeron al magnate inmobiliario a la presidencia siguen gozando de buena salud.

El sistema político estadounidense continúa sin reformas de mayor cuantía, y habría que ver cómo la nueva administración demócrata asumirá los enormes retos que tiene por delante.

Editado por Maite González Martínez



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