El primer ministro Netanyahu visitó con premura Washington D.C.[1] tras las conversaciones indirectas en Omán, entre delegaciones estadounidenses e iraníes, con mediación del país sede, con el propósito de insistir en sus solicitudes maximalistas respecto a Teherán.
El desmantelamiento de su programa nuclear y la reducción del alcance de los misiles al límite de 300 kilómetros fueron propósitos defendidos por el primer ministro de Israel, que se complementan con la exigencia de que Irán renuncie a seguir apoyando a Hezbolá y a Ansarollah de Yemen, con capacidad de actuación contra el estado judío.
Aunque las fuentes informativas coinciden en apuntar en la parquedad de los trascendidos en el encuentro de Netanyahu y Trump, en la Casa Blanca, lo real descansa en la aparente voluntad del presidente de los EEUU de “proseguir” con la vía diplomática con el país persa, en la misma medida que continúan los preparativos militares estadounidenses hacia la región del Golfo Pérsico, cuyo punto culminante es el proceso de incorporación de un segundo portaaviones.
Un aspecto de preocupación máxima para el gobierno israelí ha sido la narrativa contundente asumida por Teherán, en lo que tiene que ver con una respuesta decidida de respuesta militar hacia objetivos estadounidense en la región, de verificarse una agresión contra territorio iraní. Dicha máxima pondría a territorio israelí como un objetivo de los misiles hipersónicos, como ya observamos en análisis anterior.
Paralelamente, Tel Aviv teme que Teherán estuviera recibiendo equipamiento y tecnología militar moderna y sofisticada, procedentes de Moscú y Beijing, que facilite no sólo la defensa de territorio nacional, sino que potencie la capacidad de respuesta, lo que estaría brindando un escenario diferente al ya visto en la Guerra de los 12 días de junio de 2025.
Sobre este particular, Larry C. Johnson[2], refiere que Irán dispone de 18 tipos de misiles balísticos, antiguos y modernos; cinco tipos de misiles crucero, así como 15 tipos de drones[3], además de los consabidos misiles hipersónicos, que representan el desafío a enfrentar por sus adversarios ante cualquier tentativa de ataque.
Entre los trascendidos del encuentro entre Trump y Netanyahu aparece la sugerencia del presidente de los EEUU de que no se produzca un ataque preventivo por parte de Israel, que obligue en la práctica a una intervención estadounidense, que no sea de su iniciativa y decisión plenas. Lo apuntado resultaría una suerte de línea roja que Washington estaría anteponiendo a Israel, en circunstancias de máxima tensión.
Al mismo tiempo, algunos observadores asumen que pudiera haber habido un acuerdo tácito entre ambos interlocutores, de avanzar en un ataque definitivo de los EEUU e Israel contra Irán, pero bajo diktat de Washington.
No obstante, lo esencial en esta fase del contencioso Washington-Tel Aviv-Teherán descansa en el balance de fuerzas que se estaría conformando del lado contrario de la República Islámica de Irán y a su favor, a partir de algunas de las reacciones de los países con instalaciones militares estadounidenses en Medio Oriente, en respuesta a la advertencia tajante de las autoridades iraníes.
Así tenemos, que Jordania permitirá el uso de su espacio aéreo por parte de las Fuerzas de Defensa Israelí; Bahréin, atacaría a Irán; Azerbaiyán, asumiría también una respuesta bélica. Estas posiciones ponen de relieve la correlación de fuerzas prevalecientes, sin perder de vista a otros actores como son Arabia Saudí y Qatar, que tratarían de no verse involucrados, de algún modo.
Acerca del tema de la correlación de fuerzas, el propio Larry C. Johnson observa que Armenia y Azerbaiyán pudieran ser dos activos clave para los planes contra Irán de Washington, atendiendo el rol cada vez más destacado que asumen las relaciones bilaterales de ambos países con los EEUU, en detrimento del papel desempeñado por Moscú[4].
Mientras, en sentido opuesto, Irán pudiera continuar disfrutando del respaldo del Eje de resistencia que, con la excepción de Siria, se mantiene y en cuyo contexto, no se puede soslayar el factor chiita en Iraq, que ha mostrado solidaridad hacia su vecino.
Algunos observadores manifiestan que en un plazo entre 15 y 45 días podría tener lugar una agresión estadounidense contra Irán, si Teherán no accede, al menos, a la demanda de Trump sobre el programa nuclear, en principio, mediante un acuerdo que, hasta el presente, no está contemplado por la parte iraní que considera un derecho el desarrollo nuclear con fines pacíficos.
Otro aspecto que los voceros sionistas[5] han potenciado en las redes sociales, con desenfado absoluto, es la capacidad del Mossad y la propia CIA de operar al interior de Irán, como componente de la guerra híbrida en curso, tomando como referencia agresiones anteriores contra la república islámica y, en paralelo, ponen sobre el tapete el rechazo de un sector de la población iraní a la continuidad del liderazgo religioso del país, como suerte de masa crítica en curso, en momentos en que prevalece una situación interna agravada por las dificultades económicas y sociales innegables.
La gravedad del asunto descansa, en que si estamos o no en un período definido, de lo que en su momento el Papa Francisco considerara como la “tercera guerra mundial por partes”[6].
[1] El encuentro entre Trump y Netanyahu tuvo lugar en la Casa Blanca, el 11 de febrero de 2026.
[2] Larry C. Johnson, ex analista de Inteligencia de la CIA y ex funcionario de Contraterrorismo del Dpto de Estado de los EEUU.[3] Larry C. Johnson. Decidido el ataque a Irán. En: https://youtu.be/afleBcAjbNg?si=6z-PhxVa1r-44K
4] Larry C. Johnson. Op. Cit.
[5] Destaca los testimonios del comentarista David Diamond, quien se ha mostrado a favor de un golpe preventivo por parte de la administración Trump contra Irán o, en su lugar, por parte de Israel, con respaldo de Washington.
[6] El papa dice que se libra una Tercera Guerra Mundial “por partes” – BBC News Mundo https://share.google/F0zbxtqfIYyfGOMyB
(Rodobaldo Isasi Herrera, Investigador del Centro de Investigaciones de Política Internacional)
