Este 21 de marzo, a iniciativa de la Internacional Progresista y sus más de 250 organizaciones se celebrará el Dia Internacional de Solidaridad con Cuba.
Y esta iniciativa me hace a pensar en la solidaridad como un sentimiento que desafía la geografía, que se burlan de los bloqueos y que atraviesan océanos con la fuerza de un viento de cuaresma. Es un puente que se tiende no sobre el agua, sino sobre la voluntad; un lazo que no entiende de mapas ni de decretos. Y cuando ese sentimiento se materializa en pasos, en banderas desplegadas y en abrazos sinceros, entonces deja de ser una idea para convertirse en crónica viva de la dignidad humana, que se escribe hoy con tinta de hermandad en las rutas que recorren amigos solidarios del mundo, como los integrantes de la iniciativa Convoy Nuestra América a Cuba. No llegan con el ruido de las armas ni con la arrogancia de quien se cree emperador del mundo. Llegan con el silencio elocuente del que camina al lado, con un cariño y admiración que conmueve la memoria colectiva de un pueblo agradecido y patriota. Sus huellas, más que marcar el asfalto, graban en el corazón de Cuba la certeza de que no está sola.
¿Por qué sería justo establecer un Día Internacional de Solidaridad hacia Cuba? La respuesta no reside en la coyuntura política, sino en la esencia de lo que este país representa. Cuba es esa nación que ha convertido el servicio a la humanidad en un camino labrado con raíces de incondicionalidad, respeto y empatía. Es la tierra que, teniendo poco, ha ofrecido todo: sus médicos en las epidemias más remotas, sus maestros en los rincones más olvidados del mundo, y su pequeña porción de territorio como hogar para aquellos que otros naciones cerraron las puertas.

Un día para la solidaridad con Cuba: un acto de justicia . Fotos: Estudios Revolución
La solidaridad hacia Cuba no es, por tanto, un acto de caridad; es un acto de justicia histórica. Es el reconocimiento explícito de su resistencia y resiliencia forjada ante el embate de un cerco añejo y genocida que busca doblegarla, y solo ha logrado empinarla al combate con el espíritu de muchos titanes de bronce.
Es por eso que establecer un día internacional de solidaridad con Cuba sería visibilizar que el verdadero “cerco” no está en aquel que intenta asfixiarla, sino el que Cuba rompe cada día con su ejemplo.
La solidaridad que recibe hoy Cuba es la metáfora perfecta de por qué esta fecha es necesaria. Esos que hoy extienden su abrazo amigo son hermanos de ruta que entienden que la solidaridad no se decreta, se ejerce. Y Al pisar tierra cubana, se encuentran con un pueblo que sabe reconocer a los suyos. No hay discurso ensayado que valga frente a la autenticidad de un abrazo que llega después de un largo camino.
En ese pensamiento, un Día Internacional de Solidaridad con Cuba sería, en esencia, la institucionalización de ese abrazo y una jornada para recordar al mundo que el camino de una nación se mide no por sus murallas, sino por la generosidad de sus horizontes. Cuba ha labrado su sendero con la misma tenacidad con la que sus científicos crean vacunas, con la misma paciencia con la que sus agricultores siembran la tierra, y con la misma pasión con la que sus niños ondean la bandera azul, roja y blanca.

Así, la historia nos susurra una verdad inapelable: hay lazos que ningún bloqueo puede romper y Cuba es el mejor ejemplo. Por eso, más que una fecha en el calendario, establecer este día sería firmar con tinta de pueblo un compromiso: que mientras exista un solo cubano defendiendo su derecho a ser soberano, habrá un mundo dispuesto a caminar a su lado.
Porque la solidaridad no es un sentimiento que pueda bloquearse. Es, en esencia, la voz más alta de la humanidad diciéndole a esta Isla indómita: tu suerte es mi suerte.


