por Martha Rios

Discurso pronunciado por Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y presidente de la República, en la clausura del XXIV Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros. Palacio de Convenciones, La Habana, 8 de agosto de 2026, Año del Centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

(Versiones Taquigráficas – Presidencia de la República)

Compañeras y compañeros de los partidos comunistas y obreros del mundo;

Estimado compañero Kemal Okuyan;

Hermanas y hermanos de todas las latitudes que hoy nos honran con su presencia en esta capital rebelde:

Es un honor haber celebrado este encuentro en el contexto del Centenario de Fidel, quien nos convoca con su indiscutible legado a enfrentar los enormes retos y desafíos de este presente tan convulso y amenazante que nos ha tocado vivir.

Cuba, isla de la dignidad y la resistencia histórica frente al imperio, hoy también frente al fascismo, los recibe con el corazón y les agradece la valentía y la determinación para llegar hasta aquí, en medio de tantas presiones, chantajes y mentiras.

En la anterior cita en La Habana, en octubre del 2022, representantes de los partidos comunistas y obreros de más de 60 países que nos reunimos en aquel momento, coincidimos en alertar sobre la peligrosa coyuntura en que se encontraba entonces la humanidad. Casi cuatro años después podemos reafirmar, sin temor a dudas, que el mundo transita por uno de sus momentos más inciertos y peligrosos.

Vivimos una etapa de agudización extrema de las contradicciones del capitalismo: concentración excesiva de la riqueza en unos pocos, inequidades en su distribución, destrucción ambiental y guerras por mercados, recursos y zonas de influencia.

El análisis marxista y leninista mantiene plena su vigencia al expresar que estas crisis no son accidentes, sino resultado de las leyes del desarrollo del capitalismo monopolista e imperialista.

El capitalismo, devorado por sus propias contradicciones, ha desatado una tormenta perfecta: guerras de agresión en Europa del Este y en Medio Oriente; genocidio a cielo abierto en Gaza; crisis climática que ya no es advertencia, sino realidad; hambre estructural que devora a millones, y una deuda externa que los pueblos del Sur jamás podrán pagar, porque fue concebida para esclavizarnos, no para desarrollarnos.

En este escenario, la reedición del fascismo nos lanza una contundente señal de alerta. Fidel nos advertía de ello desde hace años, de cómo venía trasformando el rostro, pero mantenía su esencia. Hoy denunciamos la reinstauración de regímenes fascistas en el mundo.

Nacionalismos, hegemonía, supremacía y discriminación racial; xenofobia, desplazamientos y exterminios poblacionales; guerras de conquista de territorios y recursos naturales; castigos que caen sobre millones de seres humanos, y proscripción de ideologías y libertades civiles, son rasgos inequívocos de este fascismo actual y de su predecesor hitleriano.

No les basta el genocidio en Gaza y su bochornosa transmisión pública, sino que se intenta reeditarlo en Cuba, a través de una política agresiva y criminal, que se dice y se desdice, que se niega y se recrudece sin disimulos.

La asfixia total a la que se nos somete constituye un castigo colectivo que busca, mediante la privación de los recursos y los servicios más básicos para poder sobrevivir, promover el cansancio, el desaliento y la fractura social, con el objetivo de destruir el proyecto socialista cubano.

No puede llamarse menos que criminales y fascistas a quienes idean sádicamente un cerco energético contra toda una nación, dejando un saldo humanitario de proporciones alarmantes que priva de la vida a niños cubanos al nacer, que reduce la esperanza de vida de los pacientes oncológicos, que niega a nuestro pueblo el acceso a medicinas, alimentos, energía eléctrica, agua, transportación y otros muchos recursos para una vida plena.

Les voy a dar algunos datos de los impactos del bloqueo en la sociedad cubana.

Particularmente en el sector de la energía: nosotros habíamos recuperado en estos años, con un enorme esfuerzo, más de 1 400 megawatts de potencia para la generación eléctrica en un grupo de islas de generación distribuida. Esas plantas están sin generar energía por falta de combustible, funcionan con diésel y con fueloil.

Si tuviéramos disponibles cada día esos 1 400 megawatts, los molestos apagones en Cuba solo tendrían una duración de tres horas y no de veinte o más horas como hoy sufre nuestro pueblo.

En la salud, un tema tan sensible y donde ustedes conocen todas las potencialidades de nuestro sistema universal y gratuito de salud, con oportunidades para todos, con cosas que sabemos hacer: existen 98 500 pacientes en lista de espera quirúrgica y, entre ellos, hay 12 000 niños, operaciones que nosotros podemos hacer en Cuba, y que nos faltan los recursos, nos falta la energía para alimentar nuestros salones de operaciones.

Hay 34 000 embarazadas a las cuales no les podemos realizar las ecografías prenatales suficientes durante esa etapa de embarazo.

Hay 67 000 menores de un año que han nacido en estos meses sin esquema de inmunización actualizado, cuando la vacunación en Cuba y nuestro sistema de inmunización siempre estaban al día.

Hay 117 000 adultos y 1 200 niños que son pacientes con cáncer que no tienen los tratamientos adecuados y tenemos que acudir a fórmulas secundarias o terciarias.

Hay 16 000 pacientes que tienen dificultad con los servicios que necesitan de radioterapia, 12 400 en quimioterapia y 3 000 en hemodiálisis.

Solo el 30 % del cuadro básico de medicamentos está disponible, cuando nosotros somos capaces de producir todos nuestros medicamentos.

El coeficiente de disponibilidad técnica de las ambulancias solo alcanza el 22 %. El transporte sanitario está colapsado.

Existe la imposibilidad de comprar fuentes de cobalto 60 para los tratamientos oncológicos, y existe demora en licencias para liberar las mercancías médicas en puertos, también ante la negativa de las navieras internacionales que han sido presionadas por el imperialismo norteamericano para que no traigan a Cuba las mercancías que necesitamos.

Y como si esto fuera poco, nosotros siempre habíamos mantenido índices de mortalidad infantil entre 4 y 5, que son tasas de mortalidad infantil de primer mundo, sin embargo, en estos años la tasa se nos ha duplicado y en estos momentos es de más de 9,8.

De este genocidio milimétricamente calculado, dondequiera que se vislumbre o se procure un alivio, allí estarán los cancerberos de esa ignominiosa política, para dar una vuelta más a la soga de la asfixia, si ello fuera posible.

Sus planes solo conciben al pueblo cubano como un instrumento, una sociedad agonizante, que se revire contra el Gobierno y lograr sus siniestros propósitos de derrocar la Revolución. No es una figuración nuestra, así está escrito y concebido, desde hace más de sesenta años, por el Departamento de Estado.

Todo esto que he descrito constituye violaciones flagrantes de las normas internacionales y de los derechos humanos, condenado por la amplia mayoría de la comunidad internacional, como recientemente acaba de ocurrir en Naciones Unidas donde 136 naciones respaldaron a Cuba en su justa denuncia.

Sin embargo, el mundo basado en leyes y normas para la coexistencia pacífica y civilizada entre los Estados ha desaparecido para hacer prevalecer solo la voluntad de los más fuertes y poderosos en detrimento de las naciones más pobres.

Vivimos el tiempo más peligroso desde la Crisis de Octubre, junto a la guerra económica Cuba está siendo sometida a una guerra no convencional de alta intensidad mediante la subversión digital, el financiamiento a mercenarios internos, las campañas de descrédito mediático y las redes de influencia que pretenden vestir de ayuda humanitaria lo que es intervención descarada.

En este sentido, no nos asombran en absoluto las revelaciones en días recientes de grandes medios estadounidenses sobre un incremento de operaciones de la CIA en Cuba para subvertir el orden interno.

No son filtraciones al azar, como las presentan, sino parte del plan deliberado del régimen estadounidense de guerra psicológica contra Cuba.

En el colmo del cinismo y la perversidad el Secretario de Estado ha declarado recientemente que las sanciones estadounidenses contra el régimen cubano no harán más que endurecerse. Lo que estamos tratando de enseñarles –dijo– es que no hay válvulas de escape.

Es un reconocimiento sin reparos de que existe una difícil situación en Cuba como consecuencia de una guerra económica sin precedentes. Esta afirmación constituye la amenaza abierta del exterminio a todo un pueblo si no se somete a los designios del imperio.

El Gobierno de los Estados Unidos ha intensificado sus amenazas militares y ha actualizado su doctrina de “cambio de régimen”, mantiene a Cuba en la lista espuria de Estados patrocinadores del terrorismo y, para rematar, ha inventado la ridícula acusación de potencia del espionaje o foco de subversión de la llamada izquierda radical terrorista, de la que parece que formamos parte todos los que estamos aquí, patético y fantasioso nombre, solo creíble en sus mentes psicóticas, pero que utilizan para confundir, justificar más castigos y legitimar sus agresiones.

Sobre esto, expertos de Naciones Unidas subrayaron que las medidas coercitivas unilaterales ilegales de Estados Unidos contra Cuba contravienen el Artículo 2 de la Carta de las Naciones Unidas y forman parte de una estrategia más amplia de cambio de régimen que abarca décadas de embargo a Cuba.

El Gobierno de Estados Unidos debe poner fin a todas las amenazas y actos hostiles contra la soberanía de Cuba y revocar todas las medidas que ha impuesto al país que sean contrarias al Derecho Internacional”, dijeron los expertos.

Y agregaron, además: “El Consejo de Seguridad y la Asamblea General deben abordar urgentemente estas amenazas como una cuestión de paz y seguridad internacionales”.

No puede haber mayor acto de cinismo que el hecho de que el victimario quiera pasar por víctima, cuando sus fechorías han sido públicas y notorias a lo largo de décadas. Estados Unidos no tiene ninguna moral ni ningún derecho para señalar a Cuba, que ha sido posiblemente la nación más espiada por ellos y con los mayores fondos para la subversión económica e ideológica.

Cuba no tiene que adoctrinar a nadie. No tiene que exportar ideas. Es la historia la que imparte lecciones, la que muestra hasta dónde puede llegar la perversidad de los imperios con tal de satisfacer su insaciable apetito de dominio y posesión de los recursos materiales y humanos de otras naciones.

En este encuentro, y ante ustedes, denunciamos la criminal política de Estados Unidos contra Cuba y también a quienes callan y toleran los desmanes de la envalentonada ultraderecha fascista estadounidense, que miente, roba, mata y pretende erigirse en Dios de todos los destinos.

El bloqueo de Estados Unidos solo funciona por la complicidad de quienes temen al poder de Washington más que al juicio de la historia. El mundo no se puede convertir en cómplice de otro genocidio.

Cada vez que una parte del mundo calla ante la agresión contra Cuba, se debilita el Derecho Internacional.  Cada vez que un gobierno acepta las sanciones ilegítimas de Estados Unidos, se erosiona el principio de no intervención.

Cada vez que una empresa es presionada para abandonar sus inversiones en Cuba y otras no se deciden a hacerlas por miedo a represalias, se fortalece la dictadura económica de una sola potencia.

Ante esa realidad probada e innegable, Cuba se ha defendido, en legítimo derecho, como haría cualquier país del mundo. El pueblo cubano ha contado también con la solidaridad de hombres y mujeres de elevado sentido de la justicia y la moral, conscientes de que nos asiste la razón y la verdad, a muchos de los cuales hoy se les persigue o se vierten sobre ellos amenazas por su activismo solidario.

El revivir del macartismo en su peor versión y con proyección transnacional, que pone a Cuba en el centro de su irracional cruzada, intenta no solo criminalizar la solidaridad hacia Cuba o crear un nuevo falso pretexto para su agresión, sino también tratar de acallar las voces disidentes al orden mundial que quieren imponer.

¿Qué causa común nos mueve a la izquierda y a los movimientos progresistas del mundo? Sin lugar a dudas, la justicia social; los derechos laborales y de la infancia; la defensa de las causas feministas, de género y racial; el cuidado y la preservación del medio ambiente; la participación popular; la memoria histórica y el respeto a los pueblos originarios; la paz mundial y la concordia entre naciones; la solidaridad internacional, entre muchas otras que en general se proyectan en función de la dignidad humana.

¿Alguien con sentido racional puede creer que por ello la izquierda o las fuerzas progresistas sean un peligro para la humanidad? La respuesta obvia es que no.

Solo el fascismo puede ver en la izquierda tal peligro, porque busca imponer por la fuerza una ideología y sistema de valores totalmente contrarios; por eso en su actual ascenso buscan desesperadamente criminalizar, neutralizar y acallarla de manera desesperada.

El exterminio de los palestinos en Gaza, el zarpazo en Venezuela, el castigo colectivo sobre el pueblo cubano resultan acontecimientos suficientemente serios como para permanecer inertes. Mañana cualquier nación puede terminar siendo Gaza o Cuba si no se le planta cara al fascismo.

En los pueblos, en su concientización, en su movilización y en su unidad internacional está la clave.

Frente a esta asfixia Cuba no ha claudicado. Tenemos respuestas que lo prueban: las vacunas contra el COVID-19, la producción de alimentos con técnicas agroecológicas en medio de la escasez, la energía limpia que avanza, la participación popular en los barrios, y la defensa de todo el territorio con un pueblo convertido en milicias y dispuesto a defender su autodeterminación, su independencia y la soberanía.

Sí, tenemos muchas carencias. Nos agobian los apagones, la falta de agua, la inflación y las colas. Pero ninguna carencia material ha apagado la llama de la solidaridad, en la que nos educó Fidel, ni renunciamos al principio martiano de que “patria es humanidad” (Aplausos).

Un hecho que lo confirma es que en estos días finales de curso escolar, tensos y difíciles como ningún otro, de las universidades cubanas han egresado 30 185 jóvenes profesionales, de ellos 735 provenientes de 62 países que se han formado en Cuba.  Y un dato que nos honra mostrar: 23 nuevos médicos palestinos y 5 médicos norteamericanos (Aplausos).

La respuesta del pueblo, bajo la conducción del Partido Comunista de Cuba, ha sido la resistencia firme y creativa, la unidad, la defensa de sus conquistas y la actualización de su modelo económico y social, sin renunciar jamás a los principios del socialismo y sin ceder a presiones ni chantajes. Esa capacidad de resistir y transformar tiene sus raíces, más firmes que nunca, en el pensamiento y en la acción del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz (Aplausos).

Fidel comprendió, como pocos, la necesidad de articular la firmeza ideológica con la flexibilidad táctica. Él nos enseñó que el marxismoleninismo no es una doctrina muerta, no es un catecismo, sino un método, una guía, un instrumento para resolver concretamente los problemas de la vida.

Cuba trabaja bajo esa concepción en el ignoto camino de la construcción del socialismo, como también expresara en una ocasión el General de Ejército Raúl Castro Ruz. Ni siquiera los clásicos del marxismo habrían podido imaginar jamás cómo hacerlo en una pequeña isla, amenazada por el imperio más grande de la historia de la humanidad y totalmente bloqueada, a cuyo Estado se le cortan todas las fuentes de recursos, financiamiento y comercio.

Ante esta disyuntiva se necesita producir y generar riquezas para redistribuir con toda la justicia social posible y preservar conquistas históricas y esenciales de la Revolución en áreas estratégicas como la salud, la educación, la cultura, la ciencia, la energía y las comunicaciones.

Hacerlo será tarea de todos, de la empresa estatal y la no estatal, junto a otras formas de gestión de la economía que en su conjunto conforman el entramado empresarial cubano, enfocados en un fin único: construir el socialismo próspero y sostenible que merece el heroico pueblo cubano.

Sé que el tema de las transformaciones económicas y sociales fue objeto de información y debate. Sin embargo, quiero enfatizar en conceptos claves: es un proceso para dinamizar la economía, no para instaurar el capitalismo; no habrá privatización a ultranza, los medios fundamentales de producción continúan en manos del pueblo, y se preserva, ante todo, la soberanía y la independencia nacional.

Para un proceso tan complejo, el Partido Comunista de Cuba, como fuerza dirigente superior del Estado y la sociedad, se erige como principal responsable de su conducción, coordinación y control.

El Partido seguirá como celoso guardián de los intereses del pueblo, de la clase obrera, de las conquistas sociales y de la justicia social que ha movido a la Revolución desde sus inicios. No es ni será un partido de élites, ni de lobbies.

Su rol de Partido único le impone ser cada vez más democrático y representativo, como nos ha convocado Raúl en tantas ocasiones, sin perder jamás la brújula en el pueblo, la Revolución y el socialismo (Aplausos).

En un mundo donde se intenta convencernos de que no hay alternativas, nuestra tarea común es demostrar con hechos que sí las hay, que el socialismo sigue siendo la única salida realista y humana frente a la barbarie capitalista, como enseñó el marxismo científico.

Queridos compañeros de lucha:

Hoy, en el Centenario de su natalicio, Fidel no está físicamente, pero su presencia es más fuerte que nunca. ¿Qué nos legó el Comandante en Jefe? Nos legó la certeza de que los sueños se conquistan defendiendo las ideas; nos dejó la lección de que el internacionalismo no es una frase, sino una actitud que nos debe distinguir; nos enseñó la convicción de que el socialismo es el único camino para salvar a la humanidad del abismo.

Fidel fue el primero en denunciar la globalización neoliberal como el imperio de la muerte, y también el primero en alzar la voz por un mundo mejor para todos.

Nos enseñó que la lucha por la preservación del medio ambiente y de la especie humana es también una batalla socialista, que la ciencia debe estar al servicio del pueblo, que la unidad de los revolucionarios es más importante que cualquier diferencia táctica.

En Fidel encontramos no solo a un líder histórico, sino una escuela de trabajo revolucionario: estudiar, analizar, prever, escuchar al pueblo y actuar con audacia y honestidad. Como afirmó en medio de las peores amenazas: Si lo que pretenden los imperialistas para que haya paz es que dejemos de ser revolucionarios, ¡no dejaremos de ser revolucionarios, no doblegaremos jamás nuestra bandera! (Aplausos.)

Hermanas y hermanos:

Que este Encuentro en La Habana, en la patria de Fidel, sirva para renovar nuestro compromiso, coordinar las acciones y afianzar la convicción de que la clase obrera organizada, guiada por sus partidos de vanguardia, puede cambiar la historia.

El momento exige algo más que declaraciones de principios. Exige un salto cualitativo en nuestra articulación y coordinación internacional. Los partidos comunistas y obreros tenemos el deber histórico de tejer una red de solidaridad efectiva, que no se limite a los comunicados, sino que se traduzca en acciones concretas:

En romper el cerco mediático fascista, usando las plataformas para difundir la verdad de Cuba, de Palestina y de todos los pueblos bajo agresión.

Acompañar al pueblo cubano en su justa lucha por el levantamiento del bloqueo criminal contra Cuba, movilizando a los parlamentos, sindicatos y movimientos sociales.

Fortalecer los mecanismos de cooperación económica y tecnológica entre nuestros países y organizaciones.

Y, fundamentalmente, avanzar en el debate teórico sobre el socialismo del siglo XXI, adaptando los principios marxistas y leninistas a las nuevas condiciones de la revolución digital, la comunicación y la crisis ecológica, sin renunciar nunca al objetivo central: la dignidad plena del hombre.

Además, convoco a la autocrítica. No basta con condenar al imperio; debemos construir poder popular en las bases, ganar las calles, los barrios, las fábricas, las escuelas. La unidad de los comunistas debe ser sólida, pero tan flexible como la inteligencia de Fidel para dialogar con todos los sectores progresistas. ¡La unidad no es uniformidad, la unidad es la voluntad de luchar y de vencer juntos! (Aplausos.)

Ante la ofensiva imperialista y la crisis estructural del capitalismo, los partidos comunistas y obreros estamos llamados a desempeñar un papel de vanguardia, no solo en el plano electoral o institucional, sino y, sobre todo en la organización, politización y movilización de la clase trabajadora en las complejas condiciones que impone el capitalismo contemporáneo.

Nos corresponde fortalecer la unidad del movimiento comunista internacional, respetando la diversidad de experiencias, pero con claridad estratégica frente al enemigo común: el imperialismo, el fascismo y el capital monopolista.

Profundizar el trabajo político e ideológico, disputar la hegemonía cultural y enfrentar la maquinaria de desinformación que pretende presentar al capitalismo como el único horizonte posible.

Organizar a la clase obrera y a los sectores populares en las nuevas realidades del trabajo, donde la digitalización, la automatización y la economía de plataformas cambian las formas de explotación, pero no su esencia.

Hermanas y hermanos de batalla:

A pesar del poderío militar de Estados Unidos, el movimiento comunista internacional no se amilana; resiste y planta cara (Aplausos).

Es imposible predecir cuánto durará esta ofensiva imperial. Puede que aún veamos más agresiones y más bloqueos, pero tenemos la certeza, legada de nuestra propia historia, de que el futuro pertenece a los que sueñan y construyen, no a los que destruyen y mienten.

Defender a Cuba con fuerza y urgencia es cortar el avance de las ideas supremacistas, racistas, xenófobas, elitistas, excluyentes, enemigas de la libertad verdadera y de la emancipación humana.

Defender a Cuba es luchar contra el colonialismo del siglo XXI, contra el hegemonismo, contra la pretensión de que un solo país decida el destino de todos.

Compañeros, a las puertas del primer Centenario de Fidel los convoco a redoblar la apuesta.

No nos conformemos con sobrevivir; aspiremos a construir unidos un mundo donde la palabra solidaridad no sea un adorno, sino el motor de todo. Donde los niños no mueran de hambre, mientras se tiran alimentos al mar. Donde la ciencia cure, no lucre. Donde la política sea, como decía el Che, el arte de servir a los demás.

¡Hasta la victoria siempre! (Exclamaciones de: ¡Siempre!)

¡Viva Fidel en su Centenario y por siempre! (Exclamaciones de: ¡Viva!)

¡Viva la unidad de los comunistas! (Exclamaciones de: ¡Viva!)

¡Viva la lucha de nuestros pueblos! (Exclamaciones de: ¡Viva!)

(Ovación.)

Tomado de Cubadebate

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