El inefable espectáculo del Capitolio de La Habana

Editado por Maria Calvo
2017-08-29 10:44:49

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por Roberto F. Campos

Por estos días de mucho calor en esta capital, centenares de viajeros de todo el mundo se agolpan en las afueras del Capitolio de La Habana para tan siquiera tomar alguna foto.

El inmueble, que pasará luego del mantenimiento total, a sede del Parlamento Cubano, Asamblea Nacional del Poder Popular, exhibe ya una limpieza apropiada, pero aún su cúpula queda rodeada de una red de andamios para terminar los arreglos.

Sin embargo, su parecido con el de Washington, intención de los constructores en los orígenes y la belleza del espacioso escenario, sin dudas tiene un atractivo muy especial, tanto entre los cubanos como entre la multitud de turistas que en la actualidad está en esta villa.

Y no es solo por la silueta, los arreglos, o la magia de salones que por el momento están ocultos a los visitantes, sino que siempre esta estructura deparó a los que la observan un atractivo inexplicable, quizás por tanta historia acumulada.

Definido como una edificación típica del turismo cubano, El Capitolio de La Habana constituye especie de mito, cuando viajeros de todo el mundo buscan tomarse una foto frente a su escalinata.

Con su cúpula marcando la silueta de una urbe moderna y cosmopolita, además posee el lugar un brillante indicador del kilómetro cero de las carreteras del país, símbolo del desarrollo del transporte (o una réplica).

Destinado en sus orígenes al Congreso de la República luego fue sede del Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), convertido desde sus inicios en uno de los edificios más representativos de la capital cubana.

El inmueble ocupa una superficie de 388 mil 700 metros cuadrados entre las calles Paseo del Prado, Dragones, Industria y San José, y fue inaugurado el 20 de mayo de 1929 (hace 88 años).

Precisamente a su alrededor destaca lugares de interés para turistas como es el caso de la Real Fábrica de Tabacos de Partagás, el Parque Central, La Fuente de La India, y el Paseo del Prado o José Martí (en honor al Héroe Nacional Cubano), y ahora el hotel más lujoso del país el Gran Manzana Kempinski.

Como nota curiosa, su construcción duró tres años, dos meses y días, y las obras fueron dirigidas por el arquitecto Eugenio Raynieri Piedra. En esa edificación participaron ocho mil personas y el valor total llegó a 17 millones de pesos, todo un alto costo para su época.

Los historiadores recuerdan que hasta finales de los años 50 del pasado siglo funcionaron las Cámaras de Representantes del Senado en ambas alas del edificio.

Cúpula, escalinata y jardines constituyen toda una postal de La Habana. Las dos imágenes en bronce que custodian la entrada principal resultaron obra del italiano Ángelo Zanelli. La escultura de la izquierda significa el trabajo y la de la derecha la virtud tutelar.

Sin embargo, el interior también asombra a los visitantes, pues luego de ascender los 55 peldaños de la escalinata inicial descubren maravillas: tres grandes puertas, también de bronce, con 10 cuadros de bajorrelieve con la historia nacional representados.

Acto seguido se llega al sitio más conocido mundialmente: El Salón de los Pasos Perdidos, con estilo ecléctico y al centro el brillante que marca el kilómetro cero de las carreteras de Cuba. En ese mismo salón se encuentra la estatua de la República -también obra de Zanelli- (49 toneladas y 17 metros). Otros son los encantos añadidos como los salones Baire, Bolívar, Baraguá, Yara, Jimaguayú, Martí, el Hemiciclo Camilo Cienfuegos, o las Escaleras del Honor, referencias a celebridades, sitios de historia de la Isla y la América.

Adornado con galerías donde se imponen figuras, mármoles, espejos venecianos, maderas preciosas como la caoba, siluetas estilo rococó, a partir del renacimiento italiano o la Francia napoleónica, indudablemente su belleza obliga a la meditación, de ahí su inefabilidad al mirarla y retratarla.



 



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