La revolución cubana, desde su triunfo en enero de 1959, ha tenido entre sus prioridades garantizar el acceso gratuito y universal de los cubanos a la educación, un sector que hoy también sufre los embates del bloqueo energético impuesto por Estados Unidos.
Durante décadas esta importante esfera se ha visto afectada por el genocida cerco económico de Washington, que se ha traducido, entre otros aspectos, en carencias de materiales de estudio.
La producción nacional de libros de texto, libretas y otros insumos necesarios para el aprendizaje se ha visto seriamente dañada, ante las dificultades para adquirir las materias primas necesarias.
La orden ejecutiva firmada el 29 de enero por el presidente estadounidense, Donald Trump, que bloquea el servivio de combustible a Cuba, ha incrementado la presión sobre esta esfera.
La escasez de combustible repercute en el traslado de profesores y educandos hacia los centros de estudio. La compleja situación ha llevado, teniendo en cuenta las características de cada territorio, a buscar variantes para garantizar el curso lectivo en todos los niveles de enseñanza.
Y es que en Cuba, aún ante difíciles condiciones, se ha priorizado la educación. Recordemos que, por ejemplo, cuando la COVID 19, ante el aislamiento requerido para evitar el contagio y la propagación, los medios de comunicación se convirtieron en un elemento esencial para garantizar la continuidad de las clases.
Las autoridades han informado que las enseñanzas primaria y secundaria mantienen sus jornadas habituales, aunque con flexibilización en los horarios de entrada y salida.
También se desarrollan muchas iniciativas como la puesta en marcha en la Universidad de las Ciencias Informáticas, en La Habana, donde se crearon aulas temporales para los niños y jóvenes que residen en la comunidad universitaria, y que ante la situación del transporte por la escasez de combustible ven afectada su presencia en sus escuelas habituales.
La educación superior por su parte, retomó la modalidad semipresencial, mientras que se organizó el traslado de estudiantes y profesores a sus municipios de residencia, donde continúan la docencia y se vinculan a proyectos locales.
Enorme es el reto, pero grande es también la voluntad de las autoridades, el compromiso de los educadores y la colaboración de las familias para que no se detenga la educación, dado el complejo panorama que enfrenta hoy Cuba por el recrudecimiento de la política hostil de Estados Unidos.
