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EEUU. La guerra energética global; el caso iraní

por Rodobaldo Isasi Herrera
guerra energética

Uno de los rasgos que evidencian el proceso de transición de la era unipolar a una multipolaridad en construcción, en cuyo contexto los EEUU escenifican una etapa de confrontación abierta y sin tapujos, desde el ascenso de la presidencia Trump 2.0, lo encontramos en la fuerte puja geopolítica y geoeconómica con el factor petróleo (energético, en general) como epicentro notable.

Un elemento distintivo que se pone de relieve lo hallamos en la continuidad del papel central que detenta el complejo militar industrial y el sector petrolero estadounidenses, que ocuparon lugares de destaque con la administración de George W. Bush, arropado por los neoconservadores de vanguardia, como fueron los ejemplos de Dick Cheney, Paul Wolfowitz, Donald Rumsfeld, John D. Negroponte y Condolezza Rice, como componentes clave de su gabinete inicial.

La guerra injusta contra Iraq, iniciada en marzo de 2003, ilustró el valor utilitario que Washington depositaba a la esfera multilateral, con el Consejo de Seguridad de la ONU, a la cabeza, a diferencia de hoy que, sin abandonar su fuero como miembro permanente de ese máximo órgano, los EEUU apela al empleo de la fuerza con desenfado, teniendo a ambos sectores como pilares, bajo el rótulo de aplicar la fuerza para alcanzar la paz.

La confrontación militar de Washington e Israel contra Ia República Islámica de Irán es una apuesta temeraria e ilegal, que bajo la presión ejercida por Israel, reconocida por el secretario de Estado Marco Rubio, pone en riesgo la existencia misma del estado sionista, a partir de cálculos erráticos por parte del  gobierno ultranacionalista israelí, en su afán de garantizar su marcha impetuosa para alcanzar en anhelado Gran Israel, sin un aparente adversario de peso.

No obstante, en consonancia con los intereses del sionismo aparecen consagrados los intereses de la administración Trump 2.0, que combina el neoconservadurismo conocido con los preceptos más radicales del Proyecto 2025, que apuntala la revisitación más patente de la doctrina Monroe.

La experiencia de la agresión a la República Bolivariana de Venezuela y la actual a la República Islámica de Irán, ambos importantes productores de petróleo no deja margen a la duda, en un contexto en el cual la condición de superpotencia está vinculada a ese recurso universal y su relación con el dólar, como moneda de compraventa.

A ello se une el complejo militar industrial, que pudiera verse beneficiado, de prosperar la solicitud de Pete Hegseth en su solicitud al Congreso de 200 mil millones de dólares, para proseguir la guerra contra Irán, más allá de las previsiones concebidas.

Precisamente, uno de los mercados de armamentos más importantes para los EEUU lo constituyen los países árabes del Golfo Pérsico, cuyas adquisiciones se hicieron cada vez más notable desde la administración de W. Bush hasta Trump, sin excepciones.

Para los EEUU disponer del petróleo y el gas iraníes sería un desenlace primordial, lo cual integraría la carpeta de hidrocarburos, que tiende a ampliarse en el contexto de África subsahariana. Todo ello, sin perder de vista el desempeño potencial que tendrán asignadas las compañías de servicios petroleros de procedencia estadounidense, de verificarse afectaciones relevantes en la infraestructura petrolera y gasífera de los países árabes del Golfo Pérsico con la contienda actual.

De todos modos, el escenario bélico en curso protagonizado por la agresión de los EEUU e Israel no ha alcanzado el momento climax, que significará la sostenibilidad del cierre selectivo del Estrecho de Ormuz, establecido por la República Islámica de Irán, que atestigua el tránsito del 21 por ciento de los hidrocarburos, y la acción análoga en el estrecho de Bab el-Manded, a cargo de la organización Ansar Allah (de Yemen), aliada de Teherán, que  posibilita el 30 por ciento del comercio mundial.

(Rodobaldo Isasi Herrera, Investigador del Centro de Investigaciones de Política Internacional -CIPI-)

 

 

 

 

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