La agresión de Estados Unidos e Israel a Irán arrojó un nuevo foco bélico al planeta, ya agobiado por esas contingencias mientras resulta insuficiente el gasto en producción de alimentos.
El presidente brasileño, Luiz Inacio Lula Da Silva, dijo recientemente que se podría eliminar el hambre en el mundo si los gobernantes actuaran con buen sentido y dejaran de priorizar el gasto en armamentos y conflictos.
Tiene razón el gobernante del gigante sudamericano, pues el año pasado el mundo gastó en armamentos y conflictos el equivalente a 2,7 billones de dólares, una cantidad de gran interés para mitigar el hambre.
No abundan los estadistas defensores públicos de bajar las erogaciones en la industria de la guerra y por el contrario se escuchan a los que alaban el poderío militar.
El presidente estadounidense, Donald Trump, es uno de ellos, pues, como dijo Lula, le gusta jactarse de tener el mayor navío o el mayor ejército del mundo.
Sobran los reportes sobre el incremento de presupuestos dedicados a conflagraciones y acerca de la participación de nuevos y mortíferos artilugios en los distintos conflictos armados.
Estados Unidos e Israel se embarcaron en una nueva aventura bélica en Irán, susceptible de prolongarse y de obligar a Washington y Tel Aviv a erogar cifras cuantiosas.
Analistas dijeron que la guerra en Irán les cuesta a los contribuyentes estadounidenses más de 890 millones de dólares diarios, monto destinado a calzar operaciones aéreas y navales, sistemas de armas y ataques.
Solo mantener operativo el portaaviones USS Gerald R. Ford le cuesta a Estados Unidos 11,4 millones de dólares diarios, según reportó la agencia Bloomberg.
Estados Unidos sufrió el derribo de tres aviones cazas por fuego erróneo en Kuwait, lo que representó la pérdida de 170 millones de dólares.
Si la guerra en Irán se prolongara, el costo total podría ascender a entre 50 mil y 210 mil millones de dólares, solo para Estados Unidos.
Por su lado, la economía de Israel se resiente por estar en fase permanente de combate, cuyo costo podría llegar a 3 mil millones de dólares por semana.
Lamentablemente, en muchos países se sigue apostando por la industria bélica.
Como señaló Lula, es fácil destinar 5 por ciento del Producto Interno Bruto a la defensa, como hizo la OTAN, en tanto muchos son reacios a concretar el prometido 0,7 por ciento a la Ayuda Oficial al Desarrollo.
