El elefante en la cristalería

Editado por Maite González Martínez
2020-08-05 08:05:59

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Por: Guillermo Alvarado

Sin ninguna responsabilidad para estos inocentes representantes del reino animal, los elefantes y los burros fueron adoptados como símbolos de los dos principales partidos políticos de Estados Unidos, el Republicano y el Demócrata, respectivamente, que son distintas aristas de un solo sistema.

Cuentan que ambas figuras fueron obras de un mismo caricaturista, Thomas Nast, quien las difundió entre 1862 y 1885 en el semanario Harper’s Weekly como una forma de crítica aguda a los políticos.

Hago alusión a esta historia justo ahora que estamos viendo al presidente Donald Trump aparecer nervioso, inquieto, entre asustado y colérico y mostrando la clásica sutileza del elefante en una cristalería.

En este tono, publicó hace pocas horas un mensaje en las redes sociales donde califica de “loca” a la congresista Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes, insulto impropio de un jefe de la Casa Blanca.

Pero, más aún, en el mismo texto dijo que su asesora en materia de covid-19, la doctora Deborah Birx, es “patética” porque reconoció que la enfermedad está propagándose fuera de control en el campo y en las zonas urbanas.

En realidad la señora Birx sólo estaba aceptando algo que ya casi todo el mundo conoce, excepto quizás el presidente y sus más cercanos seguidores, y es que la crisis sanitaria en Estados Unidos está prácticamente fuera de control y casi nadie hace nada.

Las estadísticas al momento de escribir este comentario indican que cuatro millones 719 mil ciudadanos contrajeron el virus y de ellos 155 mil 500 murieron, los números más elevados en todo el planeta.

Pero lo más preocupante es que no hay ninguna señal de que estas cifras comiencen a disminuir, sino más bien, como explicó Birx, la enfermedad está extraordinariamente extendida.

De acuerdo con el virólogo más destacado de Estados Unidos, Anthony Fauci, quien también perdió el favor de Trump por decir la verdad, es imperioso contener los contagios antes de llegar a la temporada de la gripe en otoño, cuando todo se complicaría mucho más.

Desafortunadamente el jefe del ejecutivo tiene la mirada y todos los otros sentidos, menos el común, del que carece, enfocados en las votaciones del 3 de noviembre próximo y no entiende razones que lo desvíen de ese propósito.

En una caricatura de Thomas Nast, de 1873, se ve a un burro disfrazado de león asustando a los demás animales, y a un elefante indeciso y aturdido, nombrado “voto republicano”, a punto de caer al abismo. Casi 150 años después, la imagen sigue siendo exacta.



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