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Fantasía imperial

por Maritza Gutiérrez González
Guerra no Convencional

Por estos días, no pocos analistas en todo el mundo afirman que estamos viviendo tiempos convulsos y muy peligrosos. Y para los cubanos esa afirmación se volvió realidad tras el triunfo del primero de enero de 1959, y Fidel lo avizoró tempranamente cuando afirmó que a partir de ese momento todo sería más difícil.

Y es que hay que entender que hoy el mundo, sin excepciones, está enfrentando una guerra que es política, ideológica, que tiene también un componente cultural y un componente comunicacional, mediático. Y ese el concepto de una Guerra no Convencional, de cuarta generación que combina todos estos elementos y otros más.

Y la narrativa que por estas fechas impulsa el presidente estadounidense Donald Trump sobre Cuba como «estado fallido» al borde del colapso forma parte de una guerra ideológica que intenta imponer el pensamiento hegemónico de la principal potencia imperialista del mundo.

Guerra No Convencional

Sobre ese calificativo y la teoría del colapso que repite el magnate y sus seguidores enfermos de odio, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel hizo una importante reflexión que desmonta con claridad la narrativa del «colapso» como una construcción ideológica diseñada para justificar las agresiones contra Cuba.

Y es fundamental entender que la teoría del colapso no es un diagnóstico objetivo, sino una herramienta discursiva al servicio de una estrategia histórica de dominación, tal como lo demuestra la continuidad de la asfixia económica, desde el famoso Memorando de Mallory, aquel subsecretario de estado que en 1960 fijó las bases del genocida bloqueo como arma contra la naciente Revolución cubana, hasta las medidas más recientes.

De manera que las declaraciones de Trump sobre el «estado fallido» son reveladoras, ya que, por un lado, reconoce que han aplicado «todas las presiones posibles», lo que implica un fracaso en lograr el colapso; y por otro, revela la tentación recurrente de la vía militar, aunque ahora acaba de afirmar que no ve la necesidad de intervenir porque es un «estado fallido», etc. Esa dualidad —presión económica extrema y amenaza militar— ha sido la constante durante más de seis décadas para los cubanos.

Sin embargo, como ha expresado el presidente Díaz-Canel: «la respuesta cubana no ha sido el colapso, sino la resistencia creativa.»

Política de Donald Trump contra Cuba

Y no hablamos de una resistencia ingenua o pasiva; es una postura política y cultural que se nutre de convicciones profundas y de la capacidad del pueblo para sortear lo insorteable. Se trata de reconocer las dificultades actuales sin caer en el derrotismo, y reafirmar la voluntad de superarlas con talento y esfuerzo colectivo. Eso se llama soberanía intelectual y política.

Tampoco se trata de negar la crisis, sino de negarle al enemigo la victoria de definir nuestro futuro. El colapso o el «estado fallido» pueden ser un deseo o una fantasía imperial, pero no es un destino asumido por un pueblo que ha vivido 67 años de historia demostrando lo contrario.

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