En medio de su embriaguez tras el ataque a Venezuela y el secuestro del presidente y esposa, la administración estadounidense calificó de satisfactorio el diálogo con el nuevo gobierno en el país sudamericano, pero recientemente ha renovado sus advertencias de eventual uso de la fuerza.
En una comparecencia ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado para intentar justificar el ataque a Venezuela, el secretario norteamericano de Estado, Marco Rubio, levantó nuevamente el haz de la violencia.
El otrora senador dejó abierto ese recurso si, según sus palabras, la presidenta encargada Delcy Rodríguez no coopera con Washington.
La intimidación de Rubio salió al paso de recientes expresiones de la Jefa de Estado encargada, quien afirmó que su país “no acepta órdenes” de Washington y no tolera injerencias extranjeras, además de pedir que los asuntos internos se resuelvan sin presiones de potencias.
El pueblo de Venezuela tiene gobierno y obedece al pueblo, apostilló la estadista, en manifestaciones que no se avienen con las expectativas de los agresores.
Uno de ellos, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, aseveró que su gobierno no dirige Venezuela, pero, dijo, sí maneja su política.
Bessent reafirmó lo que sabemos, el cerco y ataque a Venezuela no tiene relación con imputaciones de narcotráfico, carentes de evidencias, sino con el afán de controlar el petróleo del país sudamericano.
Si bien Rubio intentó inicialmente calmar al auditorio al subrayar no tener la intención de acometer una acción militar en Venezuela, insistió después en que siguen los pasos dados en el palacio de Miraflores y repitió la falsedad de que la Revolución Bolivariana con Nicolás Maduro constituía una amenaza regional.
Tan renovadas ínfulas injerencistas, demostrativas del uso de la fuerza en detrimento de otros Estados, han sido duramente condenadas en varias latitudes, incluso en América Latina, si bien gobiernos alineados con Washington, como los de Argentina y Paraguay, las secundaron.
No obstante, el presidente brasileño, Luiz Inacio Lula Da Silva, ha reaccionado críticamente a la embestida contra Venezuela.
En una llamada telefónica a su homólogo estadounidense, Donald Trump, el estadista brasileño lo exhortó a cuidar de la soberanía y los «intereses democráticos» de Venezuela.
No debería ser aislada la posición del primer mandatario brasileño, pues la administración Trump habla de control sobre Venezuela y cree sentirse con el derecho de ejercerlo.
