El impacto del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos a Cuba y la vigencia de la solidaridad internacional centran hoy análisis desde experiencias académicas y humanas dentro y fuera del país caribeño.
A partir de esa perspectiva, las vivencias acumuladas durante una convivencia directa en comunidades cubanas adquieren un valor singular para comprender la realidad del país caribeño más allá de los estereotipos.
De esa manera lo expresó en declaraciones exclusivas a Prensa Latina la investigadora brasileña Beatriz Gomes Cornachin, quien permaneció 10 meses en la oriental provincia de Guantánamo como parte de sus estudios de postgrado sobre soberanía agroalimentaria.
Máster en Ciencias Humanísticas y Sociales, la también profesora universitaria combinó su labor investigativa con una inmersión en la vida cotidiana del territorio, lo que incluyó su presencia en la Cruzada Teatral Guantánamo-Baracoa.
Tal experiencia, expuso la doctoranda en Economía Política Mundial, le permitió interactuar con comunidades rurales y ampliar la comprensión propia sobre las dinámicas sociales y culturales de la mayor de las Antillas.
Al sintetizar su paso por Cuba, Gomes reconoció la dificultad de traducir en palabras la dimensión de lo vivido allí, pues, opinó, a veces resulta muy difícil significar la felicidad.
“Tenemos momentos felices, alegres; pero sin duda alguna, si puedo decir que en algún momento de mi vida fui extremadamente feliz y realizada fue en Cuba”, recalcó, y subrayó el acompañamiento constante recibido durante su permanencia.
En ese sentido, destacó que el pueblo cubano facilitó su trabajo académico y generó un entorno de acogida que marcó la experiencia personal en cada instante.
“Me sentí como en casa, me hicieron sentir que lo que estaba haciendo era muy importante, todas las herramientas que podían darme las pusieron a disposición, y eso no se paga, eso no se compra”, subrayó.
Para la investigadora, la vivencia referida resulta inseparable del análisis sobre el bloqueo norteamericano contra Cuba, al cual señaló como gran obstáculo al desarrollo de la nación antillana.
A su juicio, se trata de una política que intenta asfixiar a un pueblo que, incluso en condiciones adversas, mantiene una profunda vocación solidaria y “ayuda tanto”.
Gomes insistió en que no es posible comprender la historia y la realidad contemporánea de Cuba sin considerar el impacto negativo de ese cerco de casi seis décadas y media de duración.
“No se puede decir nada sin tener en cuenta este bloqueo criminal, que impide que el pueblo cubano exporte aún más sus cualidades y potencialidades”, expresó al ponderar la capacidad del país para sostener políticas sociales y culturales en medio de diversas limitaciones.
Relató con cierto asombro la naturalidad con la cual surgen expresiones artísticas en la vida cotidiana de Cuba, y manifestó que “es impresionante cómo se hace música con una olla o algo sencillo”.
“Tú llegas a una calle y de repente ahí están tocando algo del proyecto Buena Vista Social Club, y te quedas preguntando cómo es posible”, comentó. Sumó a ese ejemplo una positiva valoración sobre el acceso a los libros y la vida intelectual en la isla.
La amplia disponibilidad de textos, incluidos materiales académicos, a precios bajos favorece la participación de personas de distintas edades en espacios de lectura y debate, y eso resulta una de las fortalezas del modelo cultural cubano, estimó.
Interrogada sobre su regreso a Brasil y el posterior retorno a la vida en el gigante sudamericano, la académica explicó que la experiencia cubana dejó una huella persistente.
“Desde que llegué a Brasil, no volví de verdad; creo que me quedé en Cuba”, precisó, y reconoció que evita revisar imágenes de su paso por Guantánamo para no intensificar la nostalgia.
Por otra parte, señaló que su trabajo sobre soberanía agroalimentaria le permitió valorar mejor los esfuerzos de este país por sostener la producción en un contexto de restricciones externas.
Relacionado con la importancia de la solidaridad recibida, Gomes apuntó que nunca se sintió desamparada, incluso al encontrarse por primera vez durante un periodo prolongado fuera de su país natal.
“Siempre había alguien dispuesto a ayudarme, a abrirme su casa, a responder mis preguntas, y eso se queda para toda la vida”, aseguró antes de referirse a Cuba como un ejemplo de resistencia y de resiliencia.
Ese país, aun en medio de las dificultades, no ha dejado de ejercer la solidaridad; y no es solo una política del Estado, es una práctica que viene de la gente y que el Estado potencia, remarcó. (Fuente: Prensa Latina)
