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Más que una enorme isla helada

por Guillermo Alvarado
Trump va por Groenlandia.

Recientemente los habitantes de la isla de Groenlandia respondieron a las apetencias de Donald Trump de hacerse dueño de ese territorio, y le dijeron que prefieren seguir bajo el amparo de Dinamarca y contar con la defensa de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, la OTAN.

La respuesta es explicable por varias razones, la primera porque sus padres, abuelos, bisabuelos y quién sabe cuántas generaciones atrás vivieron siempre así, sintiéndose daneses o, por lo menos, aceptando la dominación del reino europeo sobre sus tierras y poblados.

Segundo porque en las actuales circunstancias habría que tener poca cabeza para querer cambiarse a la ciudadanía estadounidense, un país azotado por un gobierno caprichoso, irascible, que actúa como un matón del viejo oeste, donde una joven madre puede ser asesinada por un guardia y no pasa nada.

La administración Trump no ha mejorado la calidad de vida de las personas comunes y corrientes –excepto los grandes consorcios y la industria militar- y ahora aspira a controlar la Reserva Federal para manejar a su antojo el tesoro público, como un emperador romano, pero no al estilo del filósofo Marco Aurelio, sino al de su hijo Cómodo o, peor aún, un vulgar Calígula.

¿Quién, en su sano juicio, quiere ser gobernado por un sujeto así? Por otra parte, hay que advertir que a Trump, de Groenlandia lo que menos le importa es su población. Más aún, si se marcharan todos a Dinamarca él sería feliz.

El inestable jefe de la Casa Blanca ambiciona dos cosas puntuales, las enormes riquezas escondidas debajo de su agreste suelo, y su inmejorable posición geoestratégica. De la primera hablaremos ahora.

Un informe del Servicio Geológico de Dinamarca de 2023 estimaba que, en los 400 mil kilómetros cuadrados no cubiertos de hielo, hay depósitos moderados o elevados de 38 minerales esenciales para la industria moderna.

Además, habría altas concentraciones de cobre, grafito, niobio, titanio y rodio, así como tierras raras como neodimio y praseodimio, fundamentales para fabricar motores de vehículos eléctricos y turbinas de viento, según un artículo de la BBC de Londres.

El geólogo Adam Simon dijo a ese medio que la enorme isla podría contener el 25 por ciento de todos los recursos de tierras raras del mundo y toda esa riqueza le quita el sueño a la mentalidad de pirata de Trump, que no sólo dejaría de depender de China, sino competir con la nación asiática.

Se comprende mejor ahora la ambición por poseer algo que es mucho más que una enorme isla helada, pero aún hay más, quizás lo mejor del platillo, lo cual será tema de próximo trabajo, amigos.

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